800 balas es una disparatada película de Álex de la Iglesia en la que, como suele ser habitual, se desperdicia presupuesto y munición para contar una historia absurda que no enseña absolutamente nada. Tanto el título como su duración —más de dos horas— son tan dispendiosas como el empeño de agarrarse a una trama ridícula. Pero esa es su finalidad: demostrar que en el absurdo también hay arte y se descubren las vilezas humanas, como enseñó el teatro de Alfred Jarry en el siglo XIX.
La sentencia dice que las contrataciones obedecieron a una estratagema para favorecer al hermano del futuro presidente, incluso cuando este había sido defenestrado de su partido
800 balas es una disparatada película de Álex de la Iglesia en la que, como suele ser habitual, se desperdicia presupuesto y munición para contar una historia absurda que no enseña absolutamente nada. Tanto el título como su duración —más de dos horas— son tan dispendiosas como el empeño de agarrarse a una trama ridícula. Pero esa es su finalidad: demostrar que en el absurdo también hay arte y se descubren las vilezas humanas, como enseñó el teatro de Alfred Jarry en el siglo XIX.
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