Dreame presenta el primer robot aspirador capaz de subir escaleras

Antes de convertirse en una marca omnipresente en el mercado
de la limpieza inteligente, Dreame era, en cierto modo, una sombra eficiente.
Durante años operó como proveedor tecnológico dentro del ecosistema de Xiaomi,
desarrollando motores y soluciones que otros comercializaban bajo distintas
marcas
. Era una de esas compañías invisibles que sostienen la innovación sin
firmarla. Hasta que decidió hacerlo.

El salto no fue inmediato, pero sí coherente. Dreame empezó a
construir su propio catálogo, primero con aspiradores verticales, luego con
robots, y poco a poco fue afinando una identidad muy clara: potencia,
automatización y, sobre todo, una obsesión por eliminar fricciones en la
limpieza doméstica.
Hoy compite en la primera línea de la domótica, en un
mercado donde ya no basta con aspirar bien: hay que entender la casa.

En ese contexto llegan sus nuevos modelos de la
serie X60
, que representan una evolución considerable: integran sistemas de
navegación capaces de mapear el hogar con mayor resolución y anticipar
obstáculos con una lógica casi predictiva. La combinación de sensores (incluyendo
tecnologías como el mapeo tridimensional) permite que el robot no solo evite
objetos
, sino que adapte su recorrido en tiempo real. A eso se suma una de las
tendencias más claras del sector: la limpieza híbrida.

La mopa extensible, uno de los elementos más llamativos de la
serie, responde a una limitación histórica. Los robots aspiradores siempre han
tenido problemas para limpiar bordes, esquinas o zonas pegadas a rodapiés.
Extender físicamente el sistema de fregado hacia esos márgenes no es solo una
mejora mecánica, es una forma de acercarse a la limpieza humana sin necesidad
de intervención humana.
Pero todo esto (la potencia, la navegación, la precisión)
sigue ocurriendo dentro de un marco relativamente conocido: una casa en un solo
nivel.
Y ahí es donde Dreame ha decidido romper el tablero.

El Cyber X no es, estrictamente, un robot aspirador más
avanzado. Es otra categoría. Porque su propuesta no consiste en limpiar mejor
una planta, sino en eliminar una de las últimas barreras físicas de la
automatización doméstica: las escaleras. Era algo que sabíamos que iba a
llegar, lo que desconocíamos era quién sería el primero en conseguirlo.

Durante años, las viviendas de varias plantas han sido un
límite infranqueable para este tipo de dispositivos. Cada piso exigía un robot
distinto o, en el mejor de los casos, una intervención manual para
transportarlo. El Cyber X introduce una idea radicalmente distinta: que el
robot se desplace por la casa como lo haría un ser vivo.
No salvando pequeños
escalones de unos 6 centímetros, sino subiendo las escaleras directamente.

Su sistema adaptativo de subida de escaleras está diseñado
para enfrentarse a múltiples geometrías: tramos rectos, escaleras en L, caracol
o incluso peldaños abiertos. Puede ascender pendientes de hasta 42 grados y
superar obstáculos de hasta 35 centímetros.
El primer escalón, que suele ser el
más problemático, puede alcanzar los 30 centímetros. Pero más interesante que
las cifras es el cómo.

El Cyber X utiliza un sistema de cuatro orugas que actúan como
patas, permitiéndole estabilizarse, impulsarse y absorber impactos. No se
limita a trepar: analiza la estructura, calcula apoyos y distribuye el peso.
Sus orugas de caucho industrial, junto con un sistema de triple frenado, buscan
algo esencial en este tipo de movimiento: control.
Porque subir escaleras no es
solo cuestión de potencia, sino de no caer.

La velocidad, 20 centímetros por segundo, puede parecer
modesta, pero en este contexto es una decisión deliberada. Subir un escalón en
27 segundos no es lento: es prudente.
Es el tiempo necesario para que un
dispositivo autónomo evalúe, ejecute y corrija sin poner en riesgo el entorno.

A esto se suma un sistema de visión 3D ToF (es una
tecnología que mide distancias con precisión mediante luz infrarroja)
,
capaz de escanear en vertical toda la estructura de la escalera en una sola
pasada. No se trata solo de detectar escalones, sino de entenderlos: altura,
profundidad, inclinación, posibles obstáculos. Es, en cierto modo, una forma de
percepción espacial más cercana a la biológica que a la robótica tradicional.

La batería de 5.200 mAh completa el conjunto, pensada para
hogares de gran tamaño y múltiples niveles, donde la autonomía deja de medirse
en metros cuadrados y empieza a medirse en plantas.
Lo interesante del Cyber X no es únicamente lo que hace, sino
lo que sugiere. Durante años, la robótica doméstica ha avanzado optimizando
tareas dentro de entornos estáticos. Ahora empieza a adaptarse al entorno mismo
:
ya no se trata de diseñar casas para robots, sino robots para casas reales.
Quizás ese sea el verdadero
salto de Dreame. No tanto haber pasado de proveedor a marca, sino de máquina a
sistema.

 Junto a su nueva serie X60, presenta al Cyber X, el pionero en una categoría muy esperada.    

Antes de convertirse en una marca omnipresente en el mercado de la limpieza inteligente, Dreame era, en cierto modo, una sombra eficiente. Durante años operó como proveedor tecnológico dentro del ecosistema de Xiaomi, desarrollando motores y soluciones que otros comercializaban bajo distintas marcas. Era una de esas compañías invisibles que sostienen la innovación sin firmarla. Hasta que decidió hacerlo.

El salto no fue inmediato, pero sí coherente. Dreame empezó a construir su propio catálogo, primero con aspiradores verticales, luego con robots, y poco a poco fue afinando una identidad muy clara: potencia, automatización y, sobre todo, una obsesión por eliminar fricciones en la limpieza doméstica. Hoy compite en la primera línea de la domótica, en un mercado donde ya no basta con aspirar bien: hay que entender la casa.

En ese contexto llegan sus nuevos modelos de la serie X60, que representan una evolución considerable: integran sistemas de navegación capaces de mapear el hogar con mayor resolución y anticipar obstáculos con una lógica casi predictiva. La combinación de sensores (incluyendo tecnologías como el mapeo tridimensional) permite que el robot no solo evite objetos, sino que adapte su recorrido en tiempo real. A eso se suma una de las tendencias más claras del sector: la limpieza híbrida.

Sistema de mopa extensible de Dreame

La mopa extensible, uno de los elementos más llamativos de la serie, responde a una limitación histórica. Los robots aspiradores siempre han tenido problemas para limpiar bordes, esquinas o zonas pegadas a rodapiés. Extender físicamente el sistema de fregado hacia esos márgenes no es solo una mejora mecánica, es una forma de acercarse a la limpieza humana sin necesidad de intervención humana. Pero todo esto (la potencia, la navegación, la precisión) sigue ocurriendo dentro de un marco relativamente conocido: una casa en un solo nivel. Y ahí es donde Dreame ha decidido romper el tablero.

El Cyber X no es, estrictamente, un robot aspirador más avanzado. Es otra categoría. Porque su propuesta no consiste en limpiar mejor una planta, sino en eliminar una de las últimas barreras físicas de la automatización doméstica: las escaleras. Era algo que sabíamos que iba a llegar, lo que desconocíamos era quién sería el primero en conseguirlo.

Sistema interno de limpieza de la serie X60

Durante años, las viviendas de varias plantas han sido un límite infranqueable para este tipo de dispositivos. Cada piso exigía un robot distinto o, en el mejor de los casos, una intervención manual para transportarlo. El Cyber X introduce una idea radicalmente distinta: que el robot se desplace por la casa como lo haría un ser vivo. No salvando pequeños escalones de unos 6 centímetros, sino subiendo las escaleras directamente.

Su sistema adaptativo de subida de escaleras está diseñado para enfrentarse a múltiples geometrías: tramos rectos, escaleras en L, caracol o incluso peldaños abiertos. Puede ascender pendientes de hasta 42 grados y superar obstáculos de hasta 35 centímetros. El primer escalón, que suele ser el más problemático, puede alcanzar los 30 centímetros. Pero más interesante que las cifras es el cómo.

El Cyber X utiliza un sistema de cuatro orugas que actúan como patas, permitiéndole estabilizarse, impulsarse y absorber impactos. No se limita a trepar: analiza la estructura, calcula apoyos y distribuye el peso. Sus orugas de caucho industrial, junto con un sistema de triple frenado, buscan algo esencial en este tipo de movimiento: control. Porque subir escaleras no es solo cuestión de potencia, sino de no caer.

La velocidad, 20 centímetros por segundo, puede parecer modesta, pero en este contexto es una decisión deliberada. Subir un escalón en 27 segundos no es lento: es prudente. Es el tiempo necesario para que un dispositivo autónomo evalúe, ejecute y corrija sin poner en riesgo el entorno.

A esto se suma un sistema de visión 3D ToF (es una tecnología que mide distancias con precisión mediante luz infrarroja), capaz de escanear en vertical toda la estructura de la escalera en una sola pasada. No se trata solo de detectar escalones, sino de entenderlos: altura, profundidad, inclinación, posibles obstáculos. Es, en cierto modo, una forma de percepción espacial más cercana a la biológica que a la robótica tradicional.

La batería de 5.200 mAh completa el conjunto, pensada para hogares de gran tamaño y múltiples niveles, donde la autonomía deja de medirse en metros cuadrados y empieza a medirse en plantas. Lo interesante del Cyber X no es únicamente lo que hace, sino lo que sugiere. Durante años, la robótica doméstica ha avanzado optimizando tareas dentro de entornos estáticos. Ahora empieza a adaptarse al entorno mismo: ya no se trata de diseñar casas para robots, sino robots para casas reales. Quizás ese sea el verdadero salto de Dreame. No tanto haber pasado de proveedor a marca, sino de máquina a sistema.

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