Pasear por la calle, sin miedo a devolver el saludo de la gente. Algo tan simple, casi tan demagógico en otros tiempos, es hoy un arma política de calibre grueso. Y el alcalde de Mánchester, Andy Burnham (Merseyside, 56 años), dispone de munición abundante.
El alcalde de Mánchester, popular entre votantes y afiliados del Partido Laborista, debe primero lograr un escaño de diputado para disputar el liderazgo
Pasear por la calle, sin miedo a devolver el saludo de la gente. Algo tan simple, casi tan demagógico en otros tiempos, es hoy un arma política de calibre grueso. Y el alcalde de Mánchester, Andy Burnham (Merseyside, 56 años), dispone de munición abundante.
El favorito de los votantes y afiliados laboristas para suceder al primer ministro británico, Keir Starmer, necesita obligatoriamente volver a ser diputado para poder participar en las primarias, así que su primer objetivo es lograr el escaño de Makerfield, en el noroeste de Inglaterra, en una elección parcial que se celebrará a mediados de junio. El compañero de partido propietario de esa plaza, Josh Simons, renunció el 14 de mayo a su puesto para dar a Burnham la posibilidad de entrar en la competición tras abrirse la crisis por el liderazgo laborista ante la debacle en las elecciones municipales una semana antes.
Su primer vídeo de campaña es una joya de la comunicación política, y explota a conciencia la imagen y el discurso del candidato. “Fue al crecer en barrios así como pude ver lo que [Margaret] Thatcher hizo. La desindustrialización y el drenaje del poder económico y social de estas zonas”, explica a cámara el alcalde mientras camina por un barrio desolado de Makerfield, ataviado con su uniforme habitual: pantalones vaqueros negros, camiseta negra y chaqueta deportiva negra. De fondo, la melodía melancólica de One Day Like This, del grupo Elbow, una de las bandas que revitalizó el escenario musical de Mánchester en la época de los noventa.
Enseguida llegará en el vídeo el cambio esperanzador. Aparecen los rascacielos de la gran urbe que Burnham ha gobernado durante una década, y que ha experimentado un impactante crecimiento económico con una mejoría en sus infraestructuras y una reducción de los niveles de pobreza. Jóvenes, mayores, blancos, negros, hombres, mujeres… todos paran al alcalde, chocan las manos, se hacen selfis con él, le piden que siga adelante. Y suena Some Might Say, el primer número uno en las listas oficiales del Reino Unido de Oasis, la banda que puso a Mánchester en el mapa universal.
“Mánchester es el fin del neoliberalismo y de sus políticas económicas, que han dejado atrás a lugares como Makerfield”, dice Burnham, en un inconfundible acento del norte de Inglaterra con el que se identifican muchos de los que en los últimos años han expresado su descontento votando a la ultraderecha de Nigel Farage. Por Nosotros (For Us), es el lema de una campaña diseñada para llegar a la fibra sensible de una comunidad, la del Partido Laborista, hoy desmoralizada.
Es el norte de Inglaterra, de fuerte tradición izquierdista, pero que se pasó al Partido Conservador y al Brexit de Boris Johnson en las elecciones generales de 2019. El llamado “muro rojo”, cuyos ladrillos se desmoronaron. La región que, en las municipales del pasado 7 de mayo, votó en desbandada a Reform UK, el partido de Farage. La ciudad de Mánchester, junto a su vecina y rival Liverpool, simboliza el resurgir de un orgullo norteño.
Algo tan simple como recuperar la propiedad pública de los transportes de la ciudad, y mejorar su eficacia, ha convertido a Burnham en el héroe de un país cuyos servicios públicos están en franco declive.
Hijo de un técnico de líneas telefónicas y de una recepcionista, fue la Batalla de Orgreave, aquel brutal enfrentamiento entre mineros y policías de 1984, durante las huelgas contra el Gobierno de Thatcher ―que el historiador Tristram Hunt describió como “casi medieval en su coreografía”―, lo que impulsó al joven Andy, de 14 años, a afiliarse al Partido Laborista. Sus padres, simpatizantes de la izquierda, habían trabajado duro para lograr que su hijo llegara a estudiar Literatura Inglesa en la Universidad de Cambridge.
Burnham fue diputado durante 16 años, y ministro en los gobiernos de Tony Blair y Gordon Brown. El tiempo suficiente como para entender que la política nacional británica, centrada hasta el paroxismo en Londres y esa burbuja de diputados y asesores a la que se conoce coloquialmente como Westminster, provoca el adormecimiento de la conciencia. “Cuanto más tiempo pasas allí, más pareces un fraude para los ciudadanos. Porque votas a favor de cosas en las que solo crees a medias. Acabas perdiendo en parte el sentido de tu propia personalidad”, explicaba hace dos años a EL PAÍS en una entrevista.

Para entender el salto definitivo de Burnham a la política municipal, a la que se lanzó con éxito en 2017, hay que introducir en la narración otra tragedia: la del estadio de Hillsborough (Sheffield) en 1989. Semifinales de la FA Cup (el torneo similar a la Copa del Rey en España). Liverpool FC frente al Nottingham Forest; 97 muertos y casi 800 heridos cuando se derrumbaron las gradas de pie. Y la conclusión general, alimentada durante casi dos décadas por la clase política británica, de que lo ocurrido había sido la consecuencia del salvajismo de los hooligans, de los bárbaros del norte. “Después de las conclusiones de la segunda investigación pública del incidente, lo dije en la Cámara de los Comunes [su discurso, de 11 minutos, ocupa un lugar de honor en el canal de YouTube del Liverpool FC], ¿cómo es posible que toda una ciudad inglesa reclamara justicia entre lágrimas durante 20 años y el Parlamento no la escuchara?”, recuerda Burnham.
El alcalde adquirió relevancia nacional durante la pandemia, y se ganó el apelativo de “rey del norte” cuando se enfrentó al Gobierno de Boris Johnson. Luchó —sin éxito, pero con respaldo popular— contra unas medidas draconianas de confinamiento en la región, distintas a las de Londres y sin el respaldo financiero necesario para resistirlas.

Nada resulta más liberador que la política municipal. Burnham se reía durante la entrevista y no dudaba en enseñar el tatuaje en el bíceps de su brazo derecho: una pequeña abeja, el símbolo de una ciudad industrial y laboriosa como Mánchester. Cientos de mancunianos, como se conoce a sus habitantes, la grabaron en su cuerpo como emblema del orgullo, solidaridad y resurrección que compartieron todos cuando la cantante estadounidense Ariana Grande regresó en 2019, para actuar de nuevo, dos años después de aquel trágico atentado terrorista en el estadio Manchester Arena que acabó con la vida de 22 personas, muchas de ellas menores de edad.
Burnham ha competido ya en dos ocasiones por el liderazgo del Partido Laborista. En 2010 perdió frente a Ed Milliband. En 2015, frente a Jeremy Corbyn. Resulta paradójico que después de ser derrotado en aquellas ocasiones por dos candidatos que han representado el ala más a la izquierda de la formación, el alcalde sea ahora el candidato favorito de un amplio grupo de afiliados y votantes que quieren abandonar las políticas centradas (tibias, según ellos) de Starmer para volver a girar a la izquierda. Y que ven en el alcalde de Mánchester al candidato perfecto para lograr ese objetivo.
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