Este domingo se estrena en Atresplayer 33 días, la primera serie de ficción del periodista Carles Porta, con José Manuel Poga y Julián Villagrán como protagonistas e inspirada en la historia real de la fuga de dos presos de la cárcel de Ponent en Lleida Leer Este domingo se estrena en Atresplayer 33 días, la primera serie de ficción del periodista Carles Porta, con José Manuel Poga y Julián Villagrán como protagonistas e inspirada en la historia real de la fuga de dos presos de la cárcel de Ponent en Lleida Leer
El true crime está de moda y Atresplayer eligió a uno de los mejores periodistas de ese género, Carles Porta, para que se pusiera al cargo de 33 días, la nueva serie de Atresplayer que se estrena este domingo y que contará a lo largo de sus seis episodios la historia de dos presos que tendrán en vilo a los Mossos durante una trepidante fuga que durará precisamente los mismos días que el nombre de la ficción.
La serie, inspirada en la historia real de la fuga de dos presos de la cárcel de Ponent en Lleida, es la primera serie de televisión creada por el prestigioso periodista de investigación y en la que José Manuel Poga y Julián Villagrán se ponen en la piel de Prieto y Calatrava, esos dos presos que mantuvieron en vilo a toda Cataluña durante una trepidante fuga en la que ambos intentaron resistir mientras poco a poco se vieron acorralados por la Policía Autonómica Catalana.
Porta reconoce que este género engancha tanto porque «la realidad atrapa y entusiasma», pero que esta historia, en particular, es muy especial para él: «Este caso lo ha querido hacer todo el mundo porque hemos tenido muchas propuestas de diferentes plataformas, de directores, de mucha gente que querían el caso de Brito y Picatoste. Es un caso muy potente. Tiene la fuerza de los personajes, la necesidad de saber qué había detrás de esos dos para hacer lo que hicieron, por qué tenían esa relación… Yo creo que es una historia de autoprohibiciones. Es una historia muy potente y muy redonda», explica el periodista.
Si bien es cierto que en los últimos años hay una especie de boom con el género del true crime, Porta arroja un poco de luz sobre este fenómeno. «Creo que es un boom que no es real porque para mí muchísimo de lo que se está haciendo no es true crime. Son reportajes de sucesos largos, bonitos, bien hechos, pero no son true crime. Para mí el true crime es un género narrativo en sí mismo que implica una vocación narrativa muy clara, con una historia, con lo básico: introducción, nudo y desenlace. Y hay muchas producciones que no son eso. Entonces ahí, ese boom, para mí, se reduce», asegura.
Con 33 días han querido recuperar para los espectadores de Atresplayer aquel episodio de la fuga de ambos presos, pero convirtiéndolo en un thriller áspero. Detrás de esa crudeza están dos actores que han tenido que trabajar zonas incómodas de la condición humana: José Manuel Poga y Julián Villagrán.
Ambos dan vida a esos dos fugitivos que se mueven entre la brutalidad y la necesidad de afecto, entre la supervivencia y la herida emocional. Su trabajo partió de materiales reales (como grabaciones judiciales, informes, testimonios…), pero se adentraron en la ficción para buscar la verdad emocional de dos hombres que, en la vida real, dejaron tras de sí un rastro de terror entre la población de la zona. La serie reconstruye la huida, los días en el monte, la tensión con la policía y la relación entre ellos, pero también se permite explorar lo que los documentos no explican: el porqué.
Para Villagrán, el proceso empezó con una inmersión profunda en la documentación: «Para mí fue un privilegio acceder a ese material real. Tomé muy al dedillo algunos parlamentos del juicio, los memoricé para captar cadencia, timbre y vocabulario«. En la serie, su personaje aparece como un hombre con un mundo interior inesperado: «Tenía tradiciones artísticas, estudiaba en la cárcel, pintaba, escribía… hablaba con cierta elegancia, pero también tenía un deje de toxicómano».
Ese contraste de sensibilidad y deterioro, cultura y adicción le obligó a trabajar la voz, el cuerpo y la fragilidad emocional. «Me ayudó mucho calentar la voz cada día para encontrar esa forma de hablar», explica. Pero lo que más le obsesionó fue la motivación profunda del personaje: «¿Por qué alguien con permisos, enfermo de VIH en una época durísima, lo tira todo por la borda para salvar a su compañero? Encontrar ese ‘porqué’ fue mi reto».
Poga, por su parte, se enfrentó a un personaje que en el imaginario colectivo aparece como «la bestia». El malo sin matices, el hombre que siembra el pánico. Pero el actor necesitaba desmontar ese cliché: «Yo partí de la voz real del juicio. No podía inventarme el personaje desde cero, así que me agarré a esa textura vocal«, explica. Luego, vino el cuerpo: «Siempre me llevo una energía animal al cuerpo, y aquí había algo de simio, de gorila». A partir de ahí construyó la psicología: «En el guion era ‘la bestia’, el malo sin sentimientos. Pero yo necesitaba entender su dolor: creció en un entorno marginal, sin oportunidades, con heridas que nadie acompañó. Ese dolor se quedó ahí y lo convirtió en lo que es».
Ambos conocían el caso antes de rodar, aunque por vías distintas. Poga lo descubrió en Crims, la serie en la que Porta disecciona diferentes casos. «Vi el capítulo y pensé: ‘Esto tiene una serie’. Me aficioné y cuando vi el caso de Brito y Picatoste me fascinó». Villagrán lo conoció cuando entró en el proyecto: «Mi pareja es de Cataluña y allí es muy conocido. Cuando decía ‘voy a hacer el caso de Brito y Picatoste’, todo el mundo reaccionaba igual: ‘¿Cómo?’. Fue muy sonado, la gente estaba acojonada«.
«Las personas reales existen, tienen familia. Cambiar los nombres ayuda porque hay mucha ficción en la serie»
José Manuel Poga, actor
El cambio de nombres en la ficción fue un alivio. «Sí, te coloca en un sitio más sosegado», admite Poga. «Las personas reales existen, tienen familia. Cambiar los nombres ayuda porque hay mucha ficción en la serie». Villagrán coincide: «Es un relato inspirado en hechos reales. La huida y lo que hicieron está plasmado tal cual, pero la motivación es lo que ficcionamos». Sobre el supuesto enamoramiento que Crims insinuaba, él lo tiene claro: «Ahí se apuntaba, pero en los documentos no aparece. Yo construí mi propio ‘porqué’, porque mi personaje tenía mucha presión familiar y quería compensarles. Lo romántico lo dejamos ambiguo«.
Y es que la serie no se queda en la huida, también se adentra en la relación entre ellos, pero sin conclusiones cerradas. La posibilidad de un enamoramiento aparece como una sombra, no como un eje. Poga lo explica: «Lo dejamos apuntado, ambiguo. Además, en una cárcel de hombres, un tipo como él no mostraría algo así abiertamente«.
El rodaje fue tan físico como la historia. Noches interminables, frío, calor, barro, monte y ranas… Poga recuerda especialmente una noche en la que «grabábamos en unas minas donde había miles de ranas». Cuenta que «el sonido era imposible», que «el equipo ponía ruidos de depredadores para que se callaran, pero las ranas aprendieron que era mentira»: «Fue surrealista».
«Me pidieron adelgazar para ser Calatrava, llegué a perder 10 kilos»
Julián Villagrán, actor
A eso se sumó la exigencia física para dar vida a sus personajes: «A mí me pidieron adelgazar, llegué a perder 10 kilos», cuenta Villagrán. Ese desgaste, unido a la carga emocional del personaje, le llevó a un terreno incómodo. «Llegué a sentir pena por mi personaje: un hombre nunca valorado, con autoestima bajísima, que encuentra por primera vez una figura paternal en la cárcel. Pero claro, no puedes normalizar lo que hicieron«.
Poga también vivió esa tensión: «A veces lees el guion y piensas ‘mi personaje no haría esto’, pero el rodaje te obliga a moverte. Todo es maleable: descubres vínculos nuevos con tu compañero, matices que no estaban en el papel. Son decisiones rápidas, sinred». Esa complicidad entre ambos fue clave para construir la relación que se muestra en la serie: un vínculo que evoluciona desde la necesidad hasta algo más complejo, lleno de dependencia, miedo, lealtad y violencia.
El caso real también les atrapó por su dimensión: «El contexto: fugitivos, campo, persecución, policía, supervivencia. Tiene algo salvaje, casi como en la película Acorralado. Eran como ‘rambitos’: machetes, tiendas de campaña, comer como animales… muy ancestral», reconoce Villagrán.
En conjunto, el trabajo de Poga y Villagrán en 33 días es un descenso a la psicología de dos hombres rotos, marcados por la marginalidad y heridas de toda una vida que nunca cerraron. La serie no pretende justificar sus actos, pero sí entenderlos. ¿El resultado? Un retrato incómodo, tenso y profundamente humano, sostenido por dos interpretaciones de dos actores que se meten en la oscuridad de sus personajes sin perder de vista la complejidad del caso que protagonizan y que llegó a dejar una profunda cicatriz en Cataluña.
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