
Centenares de migrantes que en las últimas horas habían accedido de forma irregular a Ceuta han comenzado este viernes a regresar a Marruecos por el mismo punto por el que entraron, el espigón fronterizo que separa la ciudad autónoma. Los propios migrantes están siendo conducidos por los militares para saber por dónde pueden regresar.
Soldados españoles están ayudando a los jóvenes a volver a su país después de que unas 40.000 personas hayan entrado en la ciudad autónoma en las últimas 24 horas
Soldados españoles están ayudando a los jóvenes a volver a su país después de que unas 40.000 personas hayan entrado en la ciudad autónoma en las últimas 24 horas


Centenares de migrantes que en las últimas horas habían accedido de forma irregular a Ceuta han comenzado este viernes a regresar a Marruecos por el mismo punto por el que entraron, el espigón fronterizo que separa la ciudad autónoma. Los propios migrantes están siendo conducidos por los militares para saber por dónde pueden regresar.
El volumen de jóvenes que están regresando a Marruecos es considerable; crece con las horas. Vuelven al agua o cruzan por tierra porque dicen que hay demasiada gente en la ciudad, que no encuentran donde dormir, que las tiendas y los bares no les atienden a ellos, solo a los ceutíes, no encuentran comida. Algunos relatan maltratos por parte de los vecinos de algunos barrios que les tiran piedras y les amenazan con pistolas.
El espigón que marca la frontera entre España y Marruecos en Ceuta se ha convertido en un paso cruzado entre quienes salen y quienes entran, es decir, entre quienes llegan a España y quienes regresan a Marruecos. Abajo en el agua siguen los que acceden nadando con los flotadores. Militares y guardias civiles se limitan por ahora a controlar o dirigir el paso de las personas.
Una enfermera marroquí, Salma Zoubiri, de 21 años, dice que se vuelve, que todo va mal con la policía, que ha pasado porque tiene familia en Ceuta. Y que no le importa volver al mar con su flotador, que le gusta nadar, afirma en un inglés precario. En la frontera, que está abierta para la gente que cruza legalmente, tanto de entrada como de salida, hay cerca de 30 vehículos militares.
Ceuta ha amanecido este viernes con cientos de jóvenes encogidos en el húmedo césped de los parques, durmiendo apenas sin ropa, niños en las puertas de los aparcamientos públicos, tiritando de frío algunos chavales en los pedestales de las estatuas. La ciudad se ha convertido en un dormitorio improvisado.

Los paseos en paralelo a la playa están llenos de chavales como si fueran las 12 del mediodía. Deambulan sin rumbo con sus bolsas de plástico a cuestas. Vehículos de alta movilidad táctica del Ejército de Tierra pasan lentos por la carretera. La subida al barrio del Príncipe está abarrotada de jóvenes descamisados y basuras esparcidas por toda la calle como los restos de una fiesta de verano. El despliegue del ejército confiere a la ciudad un aspecto bélico.
En las últimas 24 horas han entrado en la ciudad unas 40.000 personas. Miles lo han hecho en la madrugada de este viernes. 19 han muerto, de acuerdo con el balance provisional, intentando bordear a nado el espigón que separa los dos países. Esta cifra supera ampliamente la registrada en la anterior crisis migratoria en la ciudad autónoma, la de mayo de 2021, cuando se calculó que burlaron los controles fronterizos más de 10.000 migrantes. El número de entradas que se maneja ahora —y que algunas fuentes elevan a cerca de 50.000— supone prácticamente incrementar en cerca de un 50% la población del enclave, donde hay censadas 83.600 personas.
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