
A Rosa Maria Soberana, la segunda diputada de Aliança Catalana en el Parlament de Cataluña, aún se la veía afectada el miércoles por la mañana. No hacía ni 24 horas que su partido había admitido como un “error” haber apoyado en la Junta de Portavoces de la Cámara catalana que no se sancionara al partido de Santiago Abascal e Ignacio Garriga por llamar en 2025 “asesino” a Lluís Companys. Cuando un diputado de Vox se le acercó, la propia Soberana dio a entender que el partido le había urgido a recular. “Fue un error”, defienden desde el partido para admitir la rectificación.
La extrema derecha niega un trabajo común en el Parlament, pero muestra sintonía política en sus votaciones en el hemiciclo 
A Rosa Maria Soberana, la segunda diputada de Aliança Catalana en el Parlament de Cataluña, aún se la veía afectada el miércoles por la mañana. No hacía ni 24 horas que su partido había admitido como un “error” haber apoyado en la Junta de Portavoces de la Cámara catalana que no se sancionara al partido de Santiago Abascal e Ignacio Garriga por llamar en 2025 “asesino” a Lluís Companys. Cuando un diputado de Vox se le acercó, la propia Soberana dio a entender que el partido le había urgido a recular. “Fue un error”, defienden desde el partido para admitir la rectificación.
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