El camino para encontrar un nuevo liderazgo de la ONU parece complicarse. La quinta votación informal del Consejo de Seguridad refleja un panorama difícil de leer, solo apto para los apasionados de analizar los entresijos de Naciones Unidas. La votación arroja un dato incontrovertible: la costarricense Rebeca Grynspan continúa en cabeza. Y además se aleja de sus inmediatos seguidores. Pero eso no quiere decir que el camino para sustituir a António Guterres ya esté expedito, ya que la experimentada política de Costa Rica acumula también un importante volumen de rechazos.
El argentino Grossi adelanta a la guyanesa Rodrigues-Birkett en la quinta votación informal para elegir al sustituto de Guterres
El argentino Grossi adelanta a la guyanesa Rodrigues-Birkett en la quinta votación informal para elegir al sustituto de Guterres
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El camino para encontrar un nuevo liderazgo de la ONU parece complicarse. La quinta votación informal del Consejo de Seguridad refleja un panorama difícil de leer, solo apto para los apasionados de analizar los entresijos de Naciones Unidas. La votación arroja un dato incontrovertible: la costarricense Rebeca Grynspan continúa en cabeza. Y además se aleja de sus inmediatos seguidores. Pero eso no quiere decir que el camino para sustituir a António Guterres ya esté expedito, ya que la experimentada política de Costa Rica acumula también un importante volumen de rechazos.
Grynspan, de 70 años, ha ganado cuatro de las cinco votaciones realizadas en los dos últimos meses. Además, la mujer que le había pisado los talones en este proceso, la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, cae al tercer lugar, por debajo del argentino Rafael Grossi. Hasta aquí las buenas noticias para su candidatura. Porque también hay malas. La secretaria general de la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo), cargo del que se ha tomado un permiso no remunerado para centrarse en la campaña, ha perdido apoyos en esta última votación: ahora la han respaldado nueve de los 15 miembros del Consejo de Seguridad, frente a los diez apoyos de la última votación. Un dato aún más preocupante: aumenta también el número de rechazos, que pasan de tres a seis.
Próxima votación
El problema de estos datos es que no se sabe cuántos de estos rechazos proceden de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad (Estados Unidos, China, Reino Unido, Francia y Rusia), los que tienen derecho a veto, que son los que en el fondo acaban decidiendo quién gana esta partida de ajedrez en la que se combina la geopolítica con las apuestas personales. Todo apunta a que ese problema se empezará a despejar en la próxima votación, prevista para el 16 de octubre, en la que se prevé que los miembros permanentes ya empiecen a anunciar cuáles son sus rechazos. Será en ese momento cuando la batalla entre ya en la fase más seria, porque empezarán a caer los candidatos vetados.
El panorama todavía no está claro. Entre los siete candidatos que quedan en la carrera es evidente que la favorita sigue siendo Grynspan. Pero eso no evita que se abran otras posibilidades. La primera es que surja un nuevo nombre para tratar de romper el actual bloqueo. Es una opción difícil, porque no está claro quién podría aunar los apoyos de los cinco grandes. Y porque la irrupción de ese tapado (o tapada) llegaría después de meses de discusiones de los nombres actuales. Quizás podría ser ya demasiado tarde para esa opción.
La otra posibilidad es que este bloqueo se alargue de forma indefinida. Las normas de la elección del nuevo secretario general de la ONU solo establecen que el próximo 31 de diciembre termina el mandato de Guterres y que el 1 de enero debería haber un nuevo secretario o secretaria general. Pero fuentes diplomáticas no descartan la opción de que se produzca la situación inédita de que ese plazo llegue y los países no se hayan puesto de acuerdo. El nuevo desorden global tendría así una nueva víctima: la gobernanza de la ONU.
Se ha hablado mucho de que en esta ocasión la secretaria general debería ser una mujer, la primera al frente del organismo en sus más de 80 años de historia, lo que supondría un indudable avance en la causa de la igualdad. También parece que es el turno de América Latina, después de que los secretarios generales de las tres últimas décadas hayan venido de Europa (Guterres), Asia (Ban Ki-moon) y África (Kofi Annan y Butros Butros-Gali). Pero no está escrito que al final la persona elegida tenga que cumplir uno o los dos requisitos.
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