Iker Jiménez contra todos: la brutal guerra desatada por el «Hasta luego, Maricarmen»

El presentador de Cuatro abrió su programa desmontando las acusaciones de haberse burlado de la mujer fallecida, denunció la difusión de un vídeo recortado y dio voz a Carmen Porter y Beatriz Talegón, señaladas en una polémica que ha convertido una tragedia en munición política Leer El presentador de Cuatro abrió su programa desmontando las acusaciones de haberse burlado de la mujer fallecida, denunció la difusión de un vídeo recortado y dio voz a Carmen Porter y Beatriz Talegón, señaladas en una polémica que ha convertido una tragedia en munición política Leer  

Iker Jiménez no suele responder. O, al menos, eso es lo que asegura. No suele entrar al trapo -al menos en el programa-, no suele dar explicaciones, no suele detenerse en las campañas que se organizan contra él y contra Horizonte. Sin embargo, lo que ha sucedido en las últimas horas con Maricarmen, la mujer de 87 años que falleció después de convertirse en símbolo de la lucha contra los desahucios, ha cruzado todas las líneas para el programa y para el periodista. Y anoche, nada más arrancar Horizonte, Iker Jiménez decidió que había llegado el momento de responder. De responder a todos. De mostrar lo que se había emitido realmente en su programa y lo que algunos habían querido que fuera. Y, sobre todo, de denunciar hasta dónde puede llegar «la manipulación» cuando el objetivo es acabar con el adversario.

Porque lo que se ha vivido desde que se conoció la muerte de Maricarmen no ha sido una polémica televisiva más. Ha sido una de esas tormentas perfectas en las que las redes sociales, la política, los medios de comunicación y las trincheras ideológicas se mezclan hasta hacer prácticamente imposible distinguir entre lo que ocurrió, lo que se dijo y lo que interesa que se crea. En medio de todo, una mujer que acababa de fallecer. Y alrededor de ella, una guerra en la que parece que todo vale.

El detonante fue un vídeo de apenas unos segundos que se vio el pasado 28 de septiembre en Horizonte. Carmen Porter pronunciaba un «Hasta luego, Maricarmen» entre risas de algunos de los presentes en el plató de Horizonte. Las imágenes ya trajeron cola el día de la emisión, pero tras la muerte de Maricarmen comenzaron a circular por las redes sociales. El mensaje que las acompañaba era demoledor: los colaboradores del programa de Iker Jiménez se habían burlado de Maricarmen. El fragmento se viralizó, llegaron las acusaciones, los insultos y los señalamientos. Incluso el ministro Óscar Puente se hizo eco de las imágenes. La indignación y la polémica estaban servida.

Sólo había un problema. Uno bastante importante: el vídeo no se había emitido la noche de la muerte de Maricarmen, sino el pasado 28 de septiembre, y el contexto de aquella conversación, según las explicaciones de anoche de Iker Jiménez, era otro.

En aquella emisión, Horizonte abordaba el acuerdo alcanzado para que Maricarmen pudiera regresar a su vivienda. Beatriz Talegón planteó entonces si, una vez resuelto el conflicto, se seguiría utilizando el nombre de la mujer para identificar los decretos sobre vivienda. Y fue en ese contexto, «en relación con la denominación de aquellos decretos», cuando Carmen Porter pronunció el ya célebre «Hasta luego, Maricarmen». No era, por tanto, insistieron anoche, una despedida a una mujer fallecida. Maricarmen seguía viva. Y, según explicaron sus protagonistas, tampoco pretendía ser una burla hacia ella.

La diferencia no es pequeña. Es abismal. Una cosa es discutir si el comentario fue desafortunado, si las risas resultaron inapropiadas o si un programa de televisión debería medir mejor el tono cuando habla de una persona en una situación tan vulnerable. Y otra, muy distinta, es presentar esas imágenes como si los colaboradores se estuvieran riendo de su muerte. Lo primero admite una crítica legítima. Lo segundo altera el significado de lo ocurrido.

Y esa fue precisamente la batalla que decidió librar Iker Jiménez anoche.

«Habitualmente no contesto y no respondo, pero lo que ha ocurrido en las últimas horas requiere un poco de atención porque no es sólo por Horizonte, es por lo que ocurre en general», comenzó el presentador. Y ahí estaba la clave de su intervención. Iker no quería limitarse a defender a su programa. Quería denunciar un mecanismo que se ha convertido en una de las armas más peligrosas de la batalla política y mediática: coger un fragmento, eliminar lo que molesta, conservar lo que interesa y dejar que las redes sociales hagan el resto.

«Se ha difundido en la noche de la muerte de Maricarmen para intentar demostrar que somos malísimos», explicó. Y después llegó la aclaración: «Es un vídeo que es un fragmento que no es completo y no estábamos hablando de la señora Maricarmen». El presentador reconstruyó lo ocurrido el 28 de septiembre, explicó el acuerdo sobre la vivienda y situó la conversación en el contexto del denominado decreto Maricarmen. Su conclusión fue que aquellas imágenes no tenían nada que ver con un grupo de periodistas riéndose de la desgracia de una mujer.

Pero el problema de lo ocurrido va mucho más allá de un vídeo recortado. Porque Horizonte también tiene que asumir lo que sucede dentro de su plató. Durante los días anteriores, algunos de sus colaboradores habían puesto en duda el relato sobre Maricarmen, cuestionado aspectos de su situación y deslizado sospechas sobre la utilización política de su historia. El programa concede a sus tertulianos una libertad prácticamente absoluta, algo que Iker Jiménez ha defendido siempre como una de sus señas de identidad. Y esa libertad, que puede ser una virtud cuando permite escuchar opiniones incómodas, también implica una responsabilidad. La de no convertir una sospecha en una certeza ni permitir que la legítima crítica política termine por desdibujar la humanidad de quien está en el centro de la noticia.

Conviene separar ambas cosas. Que el vídeo del «Hasta luego, Maricarmen» se haya difundido sin su contexto no borra las intervenciones anteriores de algunos colaboradores. Del mismo modo, que esas intervenciones puedan ser criticables no convierte en legítimo atribuirles una burla. Y esa es precisamente la frontera que parece haberse perdido en una polémica en la que cada bando ha decidido quedarse únicamente con la parte que mejor encaja en su relato.

Anoche, Iker Jiménez quiso recuperar esa frontera. Dio la palabra a dos de las protagonistas del vendaval, Beatriz Talegón y Carmen Porter, que habían recibido buena parte de las críticas. Talegón denunció una «avalancha de mensajes atroces» y señaló directamente la responsabilidad de quienes, desde posiciones de poder, habían contribuido a amplificar las acusaciones. «Todo porque alguien de máxima responsabilidad en este país tuvo a bien ponernos en la diana para desinformar y generar odio», afirmó.

Carmen Porter también quiso dejar clara su posición: «No estábamos hablando de Maricarmen en ningún momento». Y añadió una advertencia que trasladaba la polémica al terreno electoral: «La guerra que va a haber en estos 52 días va a ser tremenda y ya han empezado con ello». Porter aseguró que tanto ella como sus compañeros habían mantenido siempre «el máximo respeto hacia Maricarmen y su familia.»

Y ahí apareció otra de las grandes cuestiones que dejó el arranque de Horizonte. ¿Hasta qué punto una tragedia humana puede convertirse en un arma electoral? ¿En qué momento la denuncia de una supuesta falta de sensibilidad deja de buscar responsabilidades y empieza a perseguir la destrucción pública de quienes piensan de manera diferente? ¿Y qué ocurre cuando quienes deberían contribuir a rebajar la tensión utilizan su capacidad de influencia para multiplicarla?

El señalamiento público no es una exclusiva de una ideología ni de un programa. Lo han sufrido periodistas de Horizonte, pero también reporteros de laSexta y de RTVE cuando han intentado trabajar en escenarios de enorme polarización. Y normalizarlo, justificarlo o celebrarlo en función de quién sea la víctima es uno de los errores más peligrosos que puede cometer una sociedad. La libertad de expresión no puede defenderse únicamente cuando quien habla es de los nuestros.

Iker Jiménez hizo anoche algo que, probablemente, debía hacer: defender a su equipo. Pero la defensa de Horizonte no debería impedir tampoco una reflexión sobre los límites de la televisión. Sobre la diferencia entre cuestionar una versión de los hechos y desacreditar a una persona. Sobre la facilidad con la que una tertulia puede convertir una historia dolorosa en un combate ideológico. Y sobre la obligación de los presentadores de intervenir cuando esa libertad que conceden a sus colaboradores amenaza con desbordarse.

El arranque de anoche de Horizonte fue una defensa contundente de su equipo, una denuncia y una advertencia sobre lo que puede venir en las próximas semanas. Pero también fue el retrato de una televisión que vive instalada en un enfrentamiento permanente, donde cada declaración se convierte en un proyectil y cada error, real o supuesto, en una oportunidad para ajustar cuentas.

Y mientras unos y otros discuten sobre quién dijo qué, quién manipuló a quién y quién tiene más derecho a indignarse, hay algo que resulta especialmente desolador: Maricarmen, la mujer que debería estar en el centro de esta historia, ha terminado siendo casi lo de menos.

Una mujer de 87 años. Una historia de vulnerabilidad. Una muerte. Y una batalla televisiva y política que amenaza con devorarlo todo.

Quizá ése sea el verdadero horror del «Hasta luego, Maricarmen». Que después de tantas acusaciones, tantos insultos, tantas explicaciones y tanta indignación, lo único que debería importar se haya quedado enterrado bajo el ruido.

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