Artemis 2: Por qué arriesgar la vida de los humanos si podemos mandar robots al espacio

La decisión de enviar a astronautas a explorar el cosmos, dice la autora, probablemente no esté regida por una componente totalmente racional. Si fuese así, gran parte de la actividad humana no existiría. Leer La decisión de enviar a astronautas a explorar el cosmos, dice la autora, probablemente no esté regida por una componente totalmente racional. Si fuese así, gran parte de la actividad humana no existiría. Leer  

La Luna ha regresado a la agenda política con la misión Artemis 2 y, con ello, a los planes de futuro de las agencias espaciales. La aparición en escena, además, del sector privado, ha renovado el interés por poner de nuevo el pie en la superficie de nuestro satélite. La realidad es que no hemos dejado de visitar a nuestra vecina más próxima con misiones científicas desde hace más de 50 años. Lo que ha cambiado es que la componente de exploración se ha vuelto más ambiciosa, ya no es solo «volver a la Luna» sino hacerlo «con misiones tripuladas y para establecer bases permanentes».

Ante esto cabe preguntarse: ¿Por qué? Dicen que la razón está en que ponemos la mirada más allá, en Marte, y la Luna, de repente, se ha convertido en un lugar estratégico para la exploración del espacio profundo con humanos. Pero la Luna está aquí al lado y Marte, siendo realistas, no es posible todavía, está muy lejos. Además, es muy caro mantener vivos a los humanos en el espacio, las misiones robóticas pueden ser más baratas.

Entonces, ¿qué nos mueve a querer salir de este planeta, que es para el que estamos perfectamente adaptados? ¿La biología? ¿La emoción? La decisión probablemente no esté regida por una componente totalmente racional. Si fuese así, gran parte de la actividad humana no existiría. Desde luego, si lo pensamos, no tiene mucho sentido arriesgar la vida para amarrarnos a inmensos tanques de combustible para ir a la estación espacial o a darle la vuelta a la Luna.

¿Por qué poner la vida en riesgo para ir a reparar un telescopio en el espacio o a hacer experimentos con microorganismos en ausencia de gravedad? ¿Qué necesidad hay? Puedo dar muchos ejemplos de cómo la calidad de nuestras vidas ha mejorado gracias a la exploración espacial, pero me gustaría fijarme en uno: la inspiración.

Muchas de las grandes científicas que conozco decidieron su profesión creciendo con las misiones Apolo de la NASA y ahora están intentando entender cómo funcionan la vida o el universo. Nadie que no se dedique a esto ha oído hablar jamás de las misiones SMART-1, LRO o de las sondas Zond, ni de toda la información científica que proporcionaron y, sin embargo, seguro han escuchado quienes son Christina Koch o Victor Glover, dos de los astronautas de Artemis 2. Así que, aunque solo sea porque las misiones tripuladas inspirarán a hacer una carrera científica a quienes en el futuro serán capaces de curar el cáncer, repararnos los ojos, ayudarnos con el efecto invernadero, explicarnos que es la materia oscura o como se formó la luna, habrá merecido la pena.

*Eva Villaver es subdirectora del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y asesora científica de la Agencia Espacial Europea (ESA)

 Ciencia y salud // elmundo

Noticias Similares