
La gran Barcelona, la agrupación de la capital catalana y los 35 municipios que la rodean bajo el paraguas institucional del Área Metropolitana (AMB), es cada vez más diversa y próspera, mejora en movilidad y sostenibilidad, y en la renta y empleo de sus 3,5 millones de habitantes, cuando se miran los indicadores medios. Pero los datos del anuario que elabora el Institut Metròpoli muestran también que el AMB pierde peso en el total de la población de Cataluña, y que persisten las brechas territoriales (de renta o pobreza), de edad (la pobreza infantil alcanza el 31%) o de origen (las condiciones de vida de la población extranjera son mucho peores que las de los nacionales). El anuario El AMB en cifras 2026. La Metrópoli en 100 indicadores permite observar indicadores a 10, 15 o 20 años vista.
Los indicadores del Área Metropolitana apuntan a mejoras en movilidad, renta o empleo, pero persisten las brechas territoriales o de origen
La gran Barcelona, la agrupación de la capital catalana y los 35 municipios que la rodean bajo el paraguas institucional del Área Metropolitana (AMB), es cada vez más diversa y próspera, mejora en movilidad y sostenibilidad, y en la renta y empleo de sus 3,5 millones de habitantes, cuando se miran los indicadores medios. Pero los datos del anuario que elabora el Institut Metròpoli muestran también que el AMB pierde peso en el total de la población de Cataluña, y que persisten las brechas territoriales (de renta o pobreza), de edad (la pobreza infantil alcanza el 31%) o de origen (las condiciones de vida de la población extranjera son mucho peores que las de los nacionales). El anuario El AMB en cifras 2026. La Metrópoli en 100 indicadores permite observar indicadores a 10, 15 o 20 años vista.
El director del organismo, Ricard Gomà, explica que estos enquistamientos de desigualdades se deben a que “cuando se producen mejoras generales (salario mínimo, reducción del paro, reformas laborales, fondos europeos), estas impactan en todos los barrios, pero es muy difícil que reduzcan las desigualdades de partida: habría que invertir más y mejor en las zonas más vulnerables”. El único lugar donde las mejoras son redistributivas es en Barcelona ciudad, apunta. “En la capital, si existe voluntad política, los planes de mejora de barrios pueden ser redistributivos, porque hay zonas de rentas muy altas y por tanto una base fiscal que permite reequilibrar. Pero en otras muchas ciudades metropolitanas, aunque exista voluntad de hacerlo, es muy complicado reequilibrar en clave estrictamente municipal, se debería impulsar desde el ámbito metropolitano o catalán”, observa. Y añade que “reducir las desigualdades persistentes entre Barcelona y la primera corona requiere políticas metropolitanas correctoras que inviertan en esa primera franja, mientras la capital tiene barrios acomodados que aportan muchos recursos y capacidad inversora municipal”.
Más población, más diversa y con menos peso en Cataluña
En demografía, el estudio muestra que la metrópoli sigue creciendo en población (tanto Barcelona, como el AMB y la más vasta región metropolitana), pero pierde peso demográfico respecto al conjunto de Cataluña y es más diversa. Si en la Cataluña de los siete millones de habitantes, hace 20 años, el AMB sumaba el 47% de la población de la comunidad, ahora el número de vecinos de la metrópoli ha caído al 42% de la Cataluña de los 8,2 millones de personas.


Los datos también apuntan al envejecimiento de la población, con cifras tan gráficas como que si hace 20 años había 131 mayores de 65 años por cada 100 jóvenes (menores de 15 años); ahora la proporción es de 160 por cada 100. Lo bueno de estos números es que la esperanza de vida aumenta (hay 20.000 mayores de 85 años más). Por contra, lo dramático es la reducción de la población infantil (36.000 menores de 15 años menos).
Sobre la población migrante, el salto es enorme: en 25 años la población nacida en el extranjero ha pasado de representar el 3,5% de los residentes, al 21,3% en 2025. En un goteo constante en los últimos tres años, la entrada de población extranjera ha sido de 150.000 personas al año.

Una renta media que sube, pero con diferencias entre ciudades
La renta anual media por unidad de consumo no ha parado de aumentar: de 19.987 euros en 2016 a 26.864 en 2024, según la encuesta de condiciones de vida. Pero las diferencias territoriales son enormes.

Barcelona está algo por encima de la media: 28.493 euros anuales. Sant Cugat del Vallès y Sant Just Desvern rozan los 40.000 euros, mientras que Santa Coloma de Gramenet y Badia del Vallès no llegan a 19.000 euros. El índice de vulnerabilidad urbana muestra también gráficamente las brechas territoriales: el eje del río Besòs concentra los peores índices de vulnerabilidad, los de “vulnerabilidad extrema”. De los 36 municipios metropolitanos, solo nueve tienen barrios con alta vulnerabilidad. Y de estos, seis están en el Besòs, señala Gomà: Badalona, Barcelona, Montcada i Reixac, Ripollet, Sant Adrià del Besòs y Santa Coloma de Gramenet.

Sobre la desigualdad, por primera vez desde la crisis financiera que comenzó en 2008, el índice que mide la brecha vuelve al mismo nivel: en una escala de 0 (máxima igualdad) a 100 (máxima desigualdad), se sitúa en el 29,5%. El detalle, con todo, revela datos negativos. Si el riesgo de pobreza medio está en un 19,4%, la pobreza infantil no para de subir (es del 31% cuando una década atrás era del 26%) y la pobreza entre la población migrante alcanza el 40%. Y la pobreza severa roza el 10% de la población; una privación que afecta a las rentas más bajas, que son, además, las más afectadas por la inflación en el precio de alimentos, suministros básicos o vivienda, que empeora su vulnerabilidad.
Más alquiler y la vivienda como factor de desigualdad
Los datos muestran que durante los últimos 20 años se ha transformado el modelo de tenencia de vivienda, expandiéndose el alquiler como vía de acceso. El caso más evidente es el de Barcelona: en 2017 los vecinos eran propietarios en un 57,6% e inquilinos en un 38,2%; en 2024 los porcentajes se habían reducido a un 51,1% de propietarios y un 43,6% de inquilinos. Pero este aumento de alquiler “ha venido de la mano de una crisis de asequibildiad”, señala Gomà, que destaca que “la evolución de los precios del alquiler se ha producido muy por encima del incremento de los ingresos de los hogares, por lo que el 29,1% la población inquilina destina más del 40% de sus ingresos a pagar el alquiler”. “La vivienda se ha colocado en el centro de las desigualdades, más que el mercado de trabajo, y ha devenido factor de empobrecimiento para los hogares más humildes: la transferencia de rentas de estas familias a propietarios ricos es cada vez mayor”.

El director del Institut Metròpoli destaca también que la movilidad residencial ha crecido y que cada vez más pesan razones económicas como motivo de las mudanzas: “La movilidad forzada ha crecido del 6% al 24% en 20 años”. Mientras, los registros de solicitantes de vivienda pública no paran de crecer. En 2025 en Barcelona están inscritos 48.549 personas (un 17% más que el año anterior) y en el AMB, 31.825, un 24% más.
Menos contaminación y movilidad más sostenible
En los últimos 10 años la contaminación por dióxido de nitrógeno (asociado al tráfico) ha caído un 37% y la que producen las partículas en suspensión PM10, un 13%, sobre todo por la actualización del parque automovilístico. Recientemente se ha rebajado el límite que fija la legislación española (40 microgramos por metro cúbico), pero las cifras todavía están lejos del objetivo que tiene previsto imponer la Unión Europea en 2030 (20 microgramos) y de la reducción óptima según la Organización Mundial de la Salud (OMS, 10 microgramos).
También ha caído la generación de residuos por habitante, un 18% en 20 años; y ha subido la basura que se recicla, pasando del 20% al 40%, aunque Barcelona y su área están por debajo de la media catalana (56%). También ha disminuido el consumo de agua, un 25%.
Sobre movilidad, el 75% de los desplazamientos cotidianos en la gran Barcelona se hacen en modos activos (andando o en bicicleta, 51,3%) o en transporte público (24,7%), mientras que el coche supone un 24,1% de los desplazamientos. Son cifras que apenas se han movido desde 2011. Destaca, con todo, que las matriculaciones de vehículos híbridos o eléctricos no paran de aumentar: en 2015 eran apenas el 1,5% y en 2025 fueron mayoría: un 51,7%.
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