Blackview presenta una consola que evoluciona la idea de videojuegos: el mando eres tu

Hay una escena que se repite desde hace décadas. Una persona se sienta delante de una pantalla, toma un mando con las dos manos y empieza a jugar. El cuerpo permanece prácticamente inmóvil mientras los dedos hacen todo el trabajo. La evolución de los videojuegos ha conseguido gráficos más realistas, mundos más grandes y experiencias cada vez más complejas, pero existe algo que apenas ha cambiado: para jugar, normalmente hay que quedarse quieto. Blackview, reconocido fabricante de móviles rugerizados y estaciones de carga, ha decidido darle la vuelta a esa idea.

Su PlayPop 8, presentado en IFA 2026, no es una consola portátil ni pretende competir con las grandes máquinas tradicionales. Es una pequeña caja cúbica que se conecta al televisor mediante HDMI y utiliza inteligencia artificial y una cámara para convertir los movimientos del cuerpo en órdenes dentro del juego. No hay que sostener un mando: hay que ponerse delante de la pantalla y moverse.

La propuesta recuerda a algo que los videojuegos ya intentaron hace años, pero con una diferencia importante. En lugar de utilizar accesorios específicos para detectar los movimientos, PlayPop 8 emplea un sistema de seguimiento corporal basado en 17 puntos que identifica las posiciones del cuerpo en tiempo real. Saltar, agacharse, mover los brazos o bailar pueden convertirse en acciones dentro del juego.

Es, en cierto modo, una inversión de la relación tradicional entre jugador y máquina. Durante décadas hemos diseñado controladores para que el cuerpo pueda comunicarse con el videojuego utilizando cada vez menos movimiento: botones, joysticks, gatillos, superficies táctiles. Blackview propone eliminar ese intermediario. El cuerpo es el mando. Y eso cambia también el lugar donde ocurre la partida.

PlayPop 8 está pensado para colocarse junto al televisor o incluso conectarse a un monitor o un proyector. La compañía recomienda situarlo entre 40 y 140 centímetros sobre el suelo para que la cámara pueda realizar correctamente el seguimiento. Para jugar una persona, la distancia ideal ronda los 1,5 metros; si participan varias, aumenta hasta entre 2 y 3 metros.

La habitación deja así de ser un simple lugar donde está la pantalla y se convierte en parte del juego. Es una diferencia pequeña sobre el papel, pero importante desde el punto de vista del diseño. Un videojuego tradicional construye un mundo virtual al que entramos mirando una pantalla. PlayPop 8 intenta hacer algo diferente: traer parte de la interacción virtual al espacio físico en el que estamos.

La compañía lo ha planteado además como una experiencia familiar. El sistema permite hasta cuatro jugadores y agrupa los contenidos en seis categorías, entre ellas juegos familiares y de fiesta, deportes, fitness, aventuras, juegos casuales y propuestas de lógica y puzles. Blackview asegura que añadirá nuevos contenidos cada trimestre. El dispositivo incluye cinco juegos iniciales gratuitos, mientras que el catálogo completo se articula mediante una suscripción GamePass.

Aquí aparece otro aspecto interesante. En un momento en el que existe una preocupación creciente por el tiempo que niños y adultos pasan sentados delante de las pantallas, Blackview intenta convertir precisamente esa pantalla en un incentivo para levantarse. La empresa plantea el dispositivo para mayores de cinco años y lo relaciona con coordinación, equilibrio, habilidades motoras, atención y juego cooperativo.

No significa que una consola pueda sustituir al ejercicio físico ni que jugar vaya a resolver los problemas asociados al sedentarismo. Pero la idea resulta interesante: quizá la solución al exceso de pantalla no siempre tenga que ser quitar la pantalla. A veces podría consistir en cambiar la relación física que mantenemos con ella.

El PlayPop 8 tiene unas dimensiones de apenas 76 × 76 × 76 milímetros y un peso de unos 343 gramos. En su interior funciona un procesador Rockchip RK3576 de ocho núcleos acompañado de 8 GB de RAM y 128 GB de almacenamiento. Dispone de Wi-Fi 6, Bluetooth 5.0 y salida HDMI, y la caja incluye también un mando a distancia, aunque este no es necesario para jugar: se utiliza principalmente para las funciones de control del dispositivo.

La cámara es, sin embargo, el componente que convierte a esta pequeña caja en algo diferente. Y ahí aparece una cuestión especialmente relevante cuando se introduce una cámara en el salón de una casa: la privacidad. Blackview ha optado por una solución tan sencilla como física. PlayPop 8 incorpora un obturador que cubre físicamente la cámara cuando no se utiliza. Además, la compañía afirma que los datos necesarios para el seguimiento corporal mediante IA se procesan localmente y que no se envían a la nube ni se almacenan datos faciales.

Es una decisión significativa porque el producto necesita vernos para funcionar. Cuanto más capaz sea una cámara de interpretar nuestro cuerpo, más importante resulta saber qué ocurre con aquello que está captando. En este caso, Blackview ha elegido que una parte de la respuesta no dependa únicamente de una configuración de software: si la cámara está tapada físicamente, no puede ver.

Hay también una pequeña ironía en que este producto proceda de Blackview. La compañía se hizo conocida precisamente por sus teléfonos y tabletas resistentes, dispositivos pensados para llevar la tecnología a lugares donde las condiciones son más difíciles. Ahora lleva una tecnología diferente al salón de casa con una misión casi opuesta: conseguir que el usuario abandone durante un rato el refugio del sofá. PlayPop 8 pertenece, por tanto, a una categoría curiosa. No es exactamente una consola convencional, tampoco una plataforma de fitness y mucho menos una simple cámara para videojuegos. Es un intento de utilizar inteligencia artificial para hacer que la frontera entre jugador y juego sea más física.

Y quizá ahí esté lo verdaderamente interesante de este pequeño cubo amarillo. La próxima evolución de las interfaces no tiene por qué consistir en inventar otra pantalla, otro mando o incluso otra forma de tocar una superficie. Puede consistir en algo mucho más antiguo: movernos. Después de décadas intentando que las máquinas entiendan nuestros dedos, Blackview quiere enseñarles a entender nuestro cuerpo. Sin ningún periférico, solo la consola, PlayPop 8 emplea un sistema de seguimiento corporal basado en 17 puntos que identifica las posiciones del cuerpo en tiempo real.  

Hay una escena que se repite desde hace décadas. Una persona se sienta delante de una pantalla, toma un mando con las dos manos y empieza a jugar. El cuerpo permanece prácticamente inmóvil mientras los dedos hacen todo el trabajo. La evolución de los videojuegos ha conseguido gráficos más realistas, mundos más grandes y experiencias cada vez más complejas, pero existe algo que apenas ha cambiado: para jugar, normalmente hay que quedarse quieto. Blackview, reconocido fabricante de móviles rugerizados y estaciones de carga, ha decidido darle la vuelta a esa idea.

Su PlayPop 8, presentado en IFA 2026, no es una consola portátil ni pretende competir con las grandes máquinas tradicionales. Es una pequeña caja cúbica que se conecta al televisor mediante HDMI y utiliza inteligencia artificial y una cámara para convertir los movimientos del cuerpo en órdenes dentro del juego. No hay que sostener un mando: hay que ponerse delante de la pantalla y moverse.

La propuesta recuerda a algo que los videojuegos ya intentaron hace años, pero con una diferencia importante. En lugar de utilizar accesorios específicos para detectar los movimientos, PlayPop 8 emplea un sistema de seguimiento corporal basado en 17 puntos que identifica las posiciones del cuerpo en tiempo real. Saltar, agacharse, mover los brazos o bailar pueden convertirse en acciones dentro del juego.

Es, en cierto modo, una inversión de la relación tradicional entre jugador y máquina. Durante décadas hemos diseñado controladores para que el cuerpo pueda comunicarse con el videojuego utilizando cada vez menos movimiento: botones, joysticks, gatillos, superficies táctiles. Blackview propone eliminar ese intermediario. El cuerpo es el mando. Y eso cambia también el lugar donde ocurre la partida.

PlayPop 8 está pensado para colocarse junto al televisor o incluso conectarse a un monitor o un proyector. La compañía recomienda situarlo entre 40 y 140 centímetros sobre el suelo para que la cámara pueda realizar correctamente el seguimiento. Para jugar una persona, la distancia ideal ronda los 1,5 metros; si participan varias, aumenta hasta entre 2 y 3 metros.

La habitación deja así de ser un simple lugar donde está la pantalla y se convierte en parte del juego. Es una diferencia pequeña sobre el papel, pero importante desde el punto de vista del diseño. Un videojuego tradicional construye un mundo virtual al que entramos mirando una pantalla. PlayPop 8 intenta hacer algo diferente: traer parte de la interacción virtual al espacio físico en el que estamos.

La compañía lo ha planteado además como una experiencia familiar. El sistema permite hasta cuatro jugadores y agrupa los contenidos en seis categorías, entre ellas juegos familiares y de fiesta, deportes, fitness, aventuras, juegos casuales y propuestas de lógica y puzles. Blackview asegura que añadirá nuevos contenidos cada trimestre. El dispositivo incluye cinco juegos iniciales gratuitos, mientras que el catálogo completo se articula mediante una suscripción GamePass.

Aquí aparece otro aspecto interesante. En un momento en el que existe una preocupación creciente por el tiempo que niños y adultos pasan sentados delante de las pantallas, Blackview intenta convertir precisamente esa pantalla en un incentivo para levantarse. La empresa plantea el dispositivo para mayores de cinco años y lo relaciona con coordinación, equilibrio, habilidades motoras, atención y juego cooperativo.

No significa que una consola pueda sustituir al ejercicio físico ni que jugar vaya a resolver los problemas asociados al sedentarismo. Pero la idea resulta interesante: quizá la solución al exceso de pantalla no siempre tenga que ser quitar la pantalla. A veces podría consistir en cambiar la relación física que mantenemos con ella.

El PlayPop 8 tiene unas dimensiones de apenas 76 × 76 × 76 milímetros y un peso de unos 343 gramos. En su interior funciona un procesador Rockchip RK3576 de ocho núcleos acompañado de 8 GB de RAM y 128 GB de almacenamiento. Dispone de Wi-Fi 6, Bluetooth 5.0 y salida HDMI, y la caja incluye también un mando a distancia, aunque este no es necesario para jugar: se utiliza principalmente para las funciones de control del dispositivo.

La cámara es, sin embargo, el componente que convierte a esta pequeña caja en algo diferente. Y ahí aparece una cuestión especialmente relevante cuando se introduce una cámara en el salón de una casa: la privacidad. Blackview ha optado por una solución tan sencilla como física. PlayPop 8 incorpora un obturador que cubre físicamente la cámara cuando no se utiliza. Además, la compañía afirma que los datos necesarios para el seguimiento corporal mediante IA se procesan localmente y que no se envían a la nube ni se almacenan datos faciales.

Es una decisión significativa porque el producto necesita vernos para funcionar. Cuanto más capaz sea una cámara de interpretar nuestro cuerpo, más importante resulta saber qué ocurre con aquello que está captando. En este caso, Blackview ha elegido que una parte de la respuesta no dependa únicamente de una configuración de software: si la cámara está tapada físicamente, no puede ver.

Hay también una pequeña ironía en que este producto proceda de Blackview. La compañía se hizo conocida precisamente por sus teléfonos y tabletas resistentes, dispositivos pensados para llevar la tecnología a lugares donde las condiciones son más difíciles. Ahora lleva una tecnología diferente al salón de casa con una misión casi opuesta: conseguir que el usuario abandone durante un rato el refugio del sofá. PlayPop 8 pertenece, por tanto, a una categoría curiosa. No es exactamente una consola convencional, tampoco una plataforma de fitness y mucho menos una simple cámara para videojuegos. Es un intento de utilizar inteligencia artificial para hacer que la frontera entre jugador y juego sea más física.

Y quizá ahí esté lo verdaderamente interesante de este pequeño cubo amarillo. La próxima evolución de las interfaces no tiene por qué consistir en inventar otra pantalla, otro mando o incluso otra forma de tocar una superficie. Puede consistir en algo mucho más antiguo: movernos.Después de décadas intentando que las máquinas entiendan nuestros dedos, Blackview quiere enseñarles a entender nuestro cuerpo. Noticias de Tecnología y Videojuegos en La Razón

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