¿Cómo salvar al Everest? Nepal estrena normas para evitar colas con su lobby turístico en contra: «Serían magníficas si se aplicaran»

El país montañoso endurece los requisitos para escalar la montaña más alta del mundo, pero los expertos dudan de que la reforma baste para acabar con los atascos, los muertos y el descrédito que arrastra el techo del planeta Leer El país montañoso endurece los requisitos para escalar la montaña más alta del mundo, pero los expertos dudan de que la reforma baste para acabar con los atascos, los muertos y el descrédito que arrastra el techo del planeta Leer  

El lama recita unos cánticos, lanza harina de cebada al viento como ofrenda a los dioses de la montaña y coloca banderines de colores orientados a los puntos cardinales. Ya está. Se acabó la ceremonia de la Puja. Como cada primavera, el Everest abre sus puertas por la cara del Nepal y se prepara estos días para recibir a cientos de aficionados al alpinismo -o de turistas de alturas, según como se mire-. En las últimas semanas, ocho sherpas de élite de la zona llamados Doctores de la Cascada colocaron las escaleras de aluminio sobre las grietas del glaciar del Khumbu, por lo que la ruta ya es una autopista de hielo hacia la cima. Otra temporada empieza. Una nueva temporada. Aunque esta quiere ser diferente. El Everest quiere limpiar su nombre y está por ver si lo consigue. Hay muchas dudas.

Nepal lleva años mirando hacia otro lado mientras el techo del mundo se convierte en un parque de atracciones. En 2019, la fotografía viral de Nirmal Purja internacionalizó la situación: una fila de montañeros, abrigo con abrigo, esperando turno para alcanzar los 8.848 metros como si estuvieran en el supermercado. Muchos se pusieron las manos en la cabeza y la pandemia calmó la masificación, pero las colas volvieron pronto. En 2024 murieron doce personas en una temporada que reunió a 861 escaladores en la montaña. El año pasado no fue tan trágico, pero igualmente hubo hasta 722 visitantes.

Esta primavera, con el lado tibetano cerrado por razones que el Gobierno de China no ha explicado -ni explicará-, hay expertos que creen que se reducirán los atascos, pero otros apuntan que se podría llegar al millar de ascensos desde el sur, una cifra récord. ¿Quién tiene razón? Nepal no ha publicado el número de permisos concedidos, así que habrá que esperar para saberlo.

Quienes creen que el número de alpinistas bajará se basan en el cambio de legislación aplicado. Nepal ha cambiado de Gobierno -ha escogido al rapero Balendra Shah como primer ministro y entre los nuevos diputados está incluso el conocido Mingma David Sherpa- y se han endurecido los requerimientos para alcanzar el techo del mundo. La licencia ahora es más cara: ha pasado de 11.000 a 15.000 dólares. Se han prohibido las expediciones en solitario y se necesita un guía por cada dos escaladores. Y quienes quieran subir tienen que haber coronado antes un pico de más de 7.000 metros en Nepal. Sin experiencia previa, no hay Everest. Se acabaron los novatos.

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El problema es que esta nueva medida todavía no está en vigor. El proyecto de ley ha superado la Cámara Alta del Parlamento nepalí, pero aún necesita el visto bueno de la Cámara Baja y no llegará a tiempo para esta temporada. De hecho, nadie sabe si realmente llegará. En otras ocasiones Nepal anunció restricciones parecidas y el lobby del sector turístico del país acabó por suavizarlas o incluso eliminarlas. El montañismo representa más del 4% de la economía del país y porcentaje altísimo en varias regiones. Solo en permisos para el Everest, la temporada de 2024 generó cuatro millones de dólares.

«El alpinismo es importante para Nepal, pero un país de 30 millones de habitantes se tiene que poder permitir una regulación adecuada, extensa, avanzada. La norma de los 7.000 metros sería estupenda si realmente se aplica porque evitaría que hubiera montañeros sin experiencia, pero no sé si llegará a pasar. He estado más de 50 veces en el país y hay que coger con pinzas este tipo de medidas», señala el alpinista español Alex Txikon en conversación con EL MUNDO. «En 1904, Pedro Pidal, el Marqués de Villaviciosa, escaló el Urriellu y trajo a España el modelo de Parques Nacionales de Estados Unidos. Eso es lo que necesitan en Nepal. Una política nacional de conservación de sus montañas. No una regla puntual que pueda esquivarse», añade Txikon, consciente de que la solución puede agravar el problema.

Con la amenaza del requisito de los 7.000 metros en el horizonte, muchos escaladores con aspiraciones pero sin currículo suficiente tienen motivos para intentarlo ahora, antes de que la ley entre realmente en vigor. De ahí el cálculo de algunos expertos como el estadounidense Alan Arnette: 2026 podría batir todos los récords de afluencia, especialmente de inexpertos.

Sea como sea, el Everest recibirá a cientos de visitantes como siempre. Con normas nuevas en el papel. Pero con las mismas dudas sobre si alguien las hará cumplir.

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