Cuatro días después de que, en apenas diez minutos, Israel descargara más de 160 bombas sobre Líbano, las grúas todavía remueven los escombros en el corazón de Beirut. Sin que hayan cesado los bombardeos israelíes en la guerra abierta contra la milicia libanesa Hezbolá, muchas familias siguen buscando a sus desaparecidos desde el miércoles, cuando Benjamín Netanyahu lanzó la mayor campaña aérea que ha sufrido la capital libanesa en décadas. Las autoridades desconocen el balance final de aquella jornada —cifrado de forma preliminar en 357 muertos y 1.223 heridos en todo el país—, pero admiten que la ofensiva ha puesto su sistema sanitario de rodillas, mermando su capacidad de respuesta ante nuevos ataques.
La ofensiva sobre Beirut, acometida tras el alto el fuego, deja más de 350 muertos y colapsa los servicios sanitarios
Cuatro días después de que, en apenas diez minutos, Israel descargara más de 160 bombas sobre Líbano, las grúas todavía remueven los escombros en el corazón de Beirut. Sin que hayan cesado los bombardeos israelíes en la guerra abierta contra la milicia libanesa Hezbolá, muchas familias siguen buscando a sus desaparecidos desde el miércoles, cuando Benjamín Netanyahu lanzó la mayor campaña aérea que ha sufrido la capital libanesa en décadas. Las autoridades desconocen el balance final de aquella jornada —cifrado de forma preliminar en 357 muertos y 1.223 heridos en todo el país—, pero admiten que la ofensiva ha puesto su sistema sanitario de rodillas, mermando su capacidad de respuesta ante nuevos ataques.
El viernes, dos periodistas libaneses se abrazaban a los pies de una montaña de escombros en Beirut, arropándose ante lo que estos días les toca narrar. Un soldado desplegado en el lugar les acababa de comunicar el hallazgo de una mano entre los restos de esa torre residencial, venida abajo el miércoles por un misil israelí a las puertas del paseo marítimo de la Corniche. Este sábado aún había grúas buscando cadáveres en la ciudad, mientras muchas familias denuncian la desaparición de sus seres queridos.
El Ministerio de Sanidad libanés ha abierto una oficina en el Hospital Universitario Rafik Hariri, el mayor centro de salud público del área metropolitana de la capital, para confirmar la identidad de cuerpos irreconocibles. “Estamos cogiendo partes de cuerpos que nos llegan para hacer pruebas de ADN”, explica a EL PAÍS Mohamed Chaito, jefe del equipo de emergencias del hospital, que asegura que también tuvieron dificultades para identificar a pacientes con vida. “A algunos, los familiares los identificaron por la ropa o los zapatos”.

“Hubo centenares de muertos y miles de heridos en un momento”, certifica el doctor Ghassan Abu Sitta, jefe de medicina de conflictos en el hospital de la Universidad Americana de Beirut (AUB, por sus siglas en inglés), con experiencia en distintas ofensivas israelíes en Gaza. Abu Sitta se refiere a la oleada de bombas que lanzó Israel el miércoles. “Todo ello desbordó el sistema sanitario, tal y como estaba previsto que sucediera”, denuncia por teléfono.
Sitta explica que la mayoría de pacientes llegaron a la AUB sin identificación: “Especialmente los niños: en muchos casos no sabíamos si sus padres habían desaparecido o muerto”. Los muertos o heridos ese día, añade, quedaron sepultados bajo las ruinas. “La primera oleada fue fácil de rescatar; la segunda son los que aún siguen buscando”.
El representante de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Líbano, Adinasir Abubakar, ha señalado en declaraciones a la cadena de televisión catarí Al Jazeera que la respuesta ante las “bajas masivas” que se produjeron ese día agotó los recursos previstos para las siguientes semanas, comprometiendo la cobertura sanitaria de repetirse otro incidente similar.
Discrepancias en las negociaciones
Israel, que asegura sin aportar pruebas que esa ofensiva eliminó a 180 miembros de Hezbolá, ha matado a 2.020 personas en Líbano ―incluidos 165 niños y 85 sanitarios― y ha herido a más de 6.400 personas desde principios de marzo, según el Ministerio de Sanidad libanés. Israel prosigue sus ataques mientras Estados Unidos inicia en la capital pakistaní, Islamabad, unas negociaciones para convertir en permanente la tregua con Irán. La inclusión de Líbano en el alto el fuego ha tensado las conversaciones conforme Teherán insiste en que no habrá paz si Israel mantiene los ataques sobre el país levantino. Al mismo tiempo, la Administración de Donald Trump ha forzado a la de Benjamín Netanyahu a aceptar el inicio de conversaciones que le pedía Beirut.
Líbano ha asegurado que no habrá diálogo sin un cese de hostilidades previo, aunque su embajador y el de Israel en EE UU mantuvieron el viernes un primer contacto telefónico con vistas a reunirse el próximo martes. Ambos comparten el deseo de desarmar a Hezbolá, pero cada ejecutivo presenta el diálogo de modo distinto: el israelí, como el inicio del proceso para establecer la paz entre ambos países ―tal y como Emiratos Árabes Unidos, Baréin, Sudán y Marruecos hicieron en 2020― y no para cerrar una tregua con la milicia; el libanés, donde el 80% de la población rechaza ―según el Barómetro árabe de 2025― el establecimiento de relaciones con Israel, afirma que solo persigue el alto el fuego.
Mientras centenares de personas protestan en Beirut contra lo que perciben como un acercamiento a Israel, el secretario general de Hezbolá, Naim Qasem, concedió el viernes algo de espacio al Ejecutivo libanés y evitó denunciar una vía diplomática ya iniciada. En un comunicado, Qasem describió la brutalidad israelí del miércoles como un intento de “ocultar la impotencia” ante la resistencia de la milicia en el sur. También anticipó que la organización chií “no aceptará” el regreso a una tregua como la que se firmó en 2024 y que Israel incumplió con ataques casi diarios que dejaron 400 víctimas mortales hasta el pasado 2 de marzo de 2026, que Hezbolá empuñó las armas de nuevo.
La ausencia de una tregua allana el recrudecimiento de la ya grave crisis humanitaria. Más de 1,2 millones de personas han sido desplazadas de sus hogares en unos territorios menguantes, ante la extensión de las órdenes de desalojo israelíes. “Está emergiendo una crisis de acceso a la alimentación”, alerta Allison Oman, del Programa Mundial de Alimentos de la ONU, en un comunicado. “Hay una combinación preocupante para las familias: los precios escalan, los ingresos desaparecen y la demanda crece”.
Mientras, el fuego cruzado continúa. Hezbolá reivindicó el sábado ataques sobre las poblaciones israelíes Avivim y Nahariya y golpeó el día anterior un colegio en la aldea de Deir al Asad. La milicia-partido chií ha matado a una docena de soldados israelíes en Líbano. Por su parte, el ejército israelí causó 10 muertes en bombardeos sobre las sureñas localidades libanesas de Nabatieh y Sidón, mientras que la víspera un ataque contra un edificio administrativo en Nabatieh mató a 19 personas, incluidos 13 miembros de los cuerpos de seguridad estatales. “Trabajo para el Gobierno, nadie me hará nada”, le había dicho una de las víctimas a su esposa cuando ella le pidió que se quedara en Beirut, según explicó la mujer a la prensa el sábado durante el funeral.
Hospitales colapsados
Tras los ataques del miércoles en Beirut, muchos de los heridos llegados a los hospitales mantienen lesiones severas. Como Habib, de 65 años, que estaba en la tienda de flores que regentaba en el barrio de Corniche el Mazraa cuando el bombardeo sobre el edificio de enfrente provocó una detonación que se lo llevó por delante. Lo explica a este diario su hija Nour, que lo visita junto con su madre en el Hospital Rafik Hariri de Beirut. “El primer día no hubo sitio para él en la sala de emergencias”, recuerda. Habib ha empeorado y ahora está en la UCI: “Inconsciente, con hemorragia cerebral, problemas respiratorios y costillas rotas”.
Nour también visitó a Habib el jueves, pese a que el ejército israelí emitió una orden de desalojo sobre el barrio de Jnah y zona donde se encuentra el hospital, cercano a Dahiyeh, los suburbios beirutíes que Israel quiere desalojar desde marzo. El viernes, la OMS aseguró que había recibido garantías de que ese y otro centro de salud en la zona no serían bombardeados, aunque Israel considera los alrededores como zona de guerra e insiste en que seguirá atacando a las ambulancias, que acusa a Hezbolá de usar militarmente.
Chaito reconoce que la amenaza sobre algunas vías que llevan hacia el Hospital Rafik Hariri complicó la labor de las ambulancias el miércoles, y añade que la orden de desalojo israelí sobre Jnah hace que pacientes no críticos se abstengan de acudir al centro. El hospital, explica, tiene un plan de evacuación previsto en caso de bombardeo o de desastre natural, y advierte que casi la mitad de los 180 hospitalizados no podría salir por su propio pie.
De algún modo, Rana sería nuevamente desplazada si Israel exigiera el desalojo del hospital. Esta mujer, de unos 40 años de edad y residente de la zona, pasa los días en los aledaños del centro médico Rafik Hariri, donde se siente más segura, y las noches en el interior de su vehículo. De su casa medio derruida en Dahiyeh solo quedan el baño y la cocina. Asegura haber sobrevivido a tres ataques distintos desde octubre de 2023, cuando Hezbolá inició la guerra abriendo un frente contra Israel en apoyo de Hamás en Gaza.
En uno de ellos, rescató a dos niños que tenía a su cargo, pero otros cuatro fallecieron junto con su amiga Laila, cuyo rostro lleva en un pin en la solapa. “No hay que lamentarse”, dice rechazando el pésame, mientras las familias entran y salen en busca de respuestas. La vida, dice, se regenera: “En cualquier momento llega mi hora y me reencuentro con ella”.
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