Intentaba vivir con un perfil muy bajo, yendo de ciudad en ciudad, durmiendo en apartamentos turísticos, o con familiares, y no quedándose mucho tiempo en ningún lugar. La discreta huida por España de un hombre de 24 años y origen tunecino acabó el pasado viernes 13 de marzo cuando fue detenido por la Guardia Civil en Benalmádena (Málaga) entre fuertes medidas de seguridad.
El fugitivo, de 24 años, estaba reclamado por el rapto y tortura de una pareja por la que pedían un rescate de diez millones de euros
Intentaba vivir con un perfil muy bajo, yendo de ciudad en ciudad, durmiendo en apartamentos turísticos, o con familiares, y no quedándose mucho tiempo en ningún lugar. La discreta huida por España de un hombre de 24 años y origen tunecino acabó el pasado viernes 13 de marzo cuando fue detenido por la Guardia Civil en Benalmádena (Málaga) entre fuertes medidas de seguridad.
El perfil bajo de este hombre, del que no ha trascendido identidad, contrasta con la espectacularidad de los hechos por los que le reclama la justicia francesa. Era la última pieza que la Gendarmería francesa necesitaba para reunir a la docena de implicados en el mediático secuestro del empresario de criptoactivos David Balland y su esposa, cometido el 21 de enero de 2025 en la ciudad de Vierzon, a 200 kilómetros al sur de París. Los secuestradores reclamaron 10 millones de euros por devolverlos con vida. Durante las 48 horas que los tuvieron retenidos, llegaron a cortar dos dedos al empresario para presionar y que les realizaran el pago.
Los secuestradores jugaron fuerte. Tres encapuchados asaltaron a la pareja con armas de fuego en su casa, justo cuando acababan de dejar a los niños en el colegio. Los sacaron inmediatamente de allí y los separaron. Éric Larchevêque, socio del empresario secuestrado, dio la alerta tras recibir un vídeo con un dedo cortado de David Balland, acompañado de la petición del rescate. La pareja fue liberada tras un espectacular despliegue en el que movilizaron más de 230 agentes. Detuvieron al menos a 11 implicados, según la información de las autoridades francesas.
Un año, un mes y 20 días después del secuestro, el fugitivo arrestado en la Costa del Sol volvió a recordar aquello de lo que estuvo huyendo. Las autoridades francesas le reclaman por delitos de secuestro, blanqueo de capitales, extorsión y receptación.
Los agentes de la Unidad Central Operativa (UC0) de la Guardia Civil llevaban unos tres meses siguiéndole el rastro en un recorrido de unos 1.000 kilómetros que pasó por Valencia, Sevilla, Cádiz y Málaga, donde finalmente pudieron apresarle.
Comenzaron a seguir sus pasos en Valencia. Se movía por la ciudad con su novia, de nacionalidad francesa, y con un amigo, también tunecino. Aquellos días se alojaban en apartamentos vacacionales que alquilaban a través de internet. Los gastos del día a día, los pagaban con una tarjeta bancaria de una tercera persona, según ha informado este viernes la Guardia Civil.
De Valencia, el arrestado viajó a Sevilla, donde el grupo se quedó con unos familiares. Poco después volvieron a viajar hasta la Costa del Sol. Su vida en Benalmádena era bastante discreta, señalan fuentes conocedoras de la investigación. Los agentes consiguieron situarle en una zona de la ciudad, en los alrededores de la avenida Bonanza, y cuando vieron a uno de sus acompañantes, comenzaron una serie de vigilancias que les llevaron hasta él.
Al estar implicado en un secuestro tan violento, los agentes de la Guardia Civil dispusieron un operativo de detención con grandes medidas de seguridad. Los alrededores de los juzgados de la población vecina de Torremolinos se llenaron aquel viernes de vehículos policiales. Los vecinos subieron vídeos a redes sociales de un helicóptero que sobrevolaba por la zona. Desde Málaga, ha sido traslado a la Audiencia Nacional, encargada de tramitar su extradición.
Este suceso tuvo un gran alcance mediático en Francia porque coincidió con una oleada de secuestros de extrema violencia a inversores en criptomonedas y a sus familiares. Las ventajas de estas divisas, con las que se opera de forma rápida y de forma anónima, son un reclamo para el crimen organizado. El Gobierno de Francia se reunió con algunos representantes de este tipo de empresarios y compañías, en creciente expansión y relevancia en el sistema financiero para proponerles algunas medidas que aumenten su seguridad.
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