El presidente de RTVE, José Pablo López, ha aprovechado su intervención en la Comisión de Control a la Corporación en el Congreso para anunciar el regreso de la colaboradora tras la crisis que sufrió en Malas Lenguas Leer El presidente de RTVE, José Pablo López, ha aprovechado su intervención en la Comisión de Control a la Corporación en el Congreso para anunciar el regreso de la colaboradora tras la crisis que sufrió en Malas Lenguas Leer
La tensión política y televisiva que ha rodeado a RTVE en los últimos meses ha vivido un capítulo crucial en la Comisión de Control a la Corportación en el Congreso. El presidente de RTVE ha comparecido para rendir cuentas sobre la gestión de la televisión pública, pero el foco terminó desviándose de forma inevitable hacia uno de los conflictos internos y mediáticos más incómodos vividos en las últimas horas: la agria polémica surgida en Malas Lenguas Noche entre el presentador Jesús Cintora y la periodista y colaboradora Marta Gómez Montero.
Consciente de la expectación y del uso de este incidente como arma arrojadiza por parte de unos y de otros, el máximo responsable de RTVE ha optado por una estrategia de dos velocidades: una disculpa tajante y emotiva hacia la periodista afectada -que ya hizo en X a los pocas horas de lo sucedido-, combinada con un blindaje cerrado hacia el modelo de televisión que defiende la corporación frente a las críticas de la oposición.
El momento más relevante ha llegado cuando el presidente de RTVE ha abordado de manera directa el trato recibido por Marta Gómez Montero. Lejos de utilizar un tono burocrático o de perfil bajo, el directivo quiso asentar un principio ético irrenunciable dentro de los medios de comunicación públicos: «La dignidad de las personas está por encima de cualquier consideración. Lamento profundamente el momento que vivió nuestra compañera Marta Gómez Montero«, ha afirmado de forma tajante al inicio de su intervención sobre este asunto.
El conflicto, que se originó a raíz de un tenso desencuentro en directo se produjo el sábado pasadas las once de la noche en el programa que se emite en La 2. Al frente, el conductor del programa, Jesús Cintora. Todo parecía normal en el programa, pero algo estaba ocurriendo que se escapaba al ojo del espectador. Marta Gómez Montero, periodista y colaboradora, parecía quebrarse. Intentaba explicarse y defender al líder del PP, argumentando el añadido de Feijóo pocas horas antes -la palabra «fraudulento»-. Marta Gómez Montero lo intentaba, pero, como suele ocurrir en estos tiempos en los que las mesas de debate son el mejor show de la televisión, era imposible.
Jesús Cintora le daba paso, pero a la vez le advertía de que, mientras añadía la palabra «fraudulento», Feijóo hablaba de «país subsidiado». Insistía el presentador. El programa continuaba, hasta que… hasta que Marta Gómez Montero se quebró por completo cuando Cintora le pidió su opinión sobre el uso de la palabra cáncer que Feijóo había hecho para referirse al absentismo laboral. Gómez Montero no pudo más.
«No voy a contestar, Jesús, no me vas a volver a humillar. Me siento absolutamente humillada», acertó a decir, con la voz quebrada por, tal vez, silencios impuestos por la necesidad. «He aguantado por pagar las facturas, he aguantado por mis hijos, pero yo ya no aguanto más».
Y entonces llegó la literatura como último refugio de la dignidad. Invocó a Gabriel García Márquez y ese final imperecedero de El coronel no tiene quien le escriba. Cuando la miseria aprieta y la mujer pregunta qué queda para llevarse a la boca, el coronel responde con la única certeza que le queda: «Mierda». Gómez Montero recogió la metáfora, miró fijamente al presentador y sentenció: «Pues yo, Cintora, prefiero comer mierda». Se levantó y abandonó el plató, dejando tras de sí un vacío físico y un silencio atronador. «Ella sabrá», fue la frase que rompió ese silencio, fue la frase de Cintora.
El presidente de la corporación no ha eludido la gravedad de los hechos, pero sí ha querido matizar que la maquinaria de reparación interna ya se había puesto en marcha antes de su comparecencia formal. En este sentido, recordó que tanto él mismo, en su condición de máximo representante de RTVE, como el propio presentador del espacio, Jesús Cintora, ya habían pedido perdón «en privado y en público» a la periodista por los cauces oportunos.
Tras el reconocimiento del error, el discurso del máximo responsable de la Corporación se tornó en un homenaje explícito a la actitud mantenida por Gómez Montero en estas últimas horas. Lejos de alimentar la confrontación en otros foros, la periodista optó por la prudencia institucional y el rigor. El presidente ha anunciado su reincorporación inmediata a las pantallas de la televisión pública.
«Quiero destacar la inmensa generosidad y la inmensa humanidad de Marta Gómez Montero y su talla como profesional, que permitirán que hoy vuelva a estar presente en RTVE con toda normalidad», ha anunciado el presidente ante los diputados. Este regreso no solo busca normalizar las relaciones laborales, sino también mandar un mensaje de tranquilidad a la audiencia y al propio sector informativo, demostrando que las discrepancias ideológicas o los choques en el plató no deben suponer el ostracismo profesional de los trabajadores.
La parte más humana de la comparecencia se ha reflejado cuando el presidente ha roto por un instante el tono protocolario para dirigirse de manera directa y personal a la afectada, utilizando una fórmula de agradecimiento y compromiso que llamó la atención de los presentes en la comisión: «Querida Marta, desde aquí te digo muchas gracias por demostrar con hechos lo que significa el respeto al oficio y tu humanidad. Donde yo esté, allí siempre contaré contigo», ha remachado, escenificando un respaldo absoluto a la periodista.
Sin embargo, la intervención del presidente de RTVE no se ha limitado a una declaración de paz interna. Tras resolver la situación laboral de Gómez Montero, el directivo ha pasado a la ofensiva para analizar el tratamiento que este conflicto ha recibido fuera de los muros de Prado del Rey y Torrespaña. A su juicio, lo que inicialmente fue un problema de convivencia profesional o de gestión de un formato televisivo ha sido sobredimensionado y transformado en una campaña de desgaste contra la actual dirección de la radiotelevisión pública.
El máximo responsable de RTVE ha aprovechado una vez más la ocasión parlamentaria para denunciar que, desde su perspectiva, la controversia había sido instrumentalizada de forma interesada con fines que trascienden lo estrictamente periodístico. Según su tesis, el incidente se ha convertido en la coartada perfecta para aquellos sectores que ven con recelo el rumbo actual y, sobre todo, el éxito de audiencia de los formatos informativos y de entretenimiento de La 1.
«La derecha política y mediática ha querido también usar este incidente porque le duele profundamente que La 1 lidere el crecimiento en los principales mercados de Europa», ha argumentado el presidente ante las preguntas de la oposición. Con estas palabras, el directivo ha vinculado las duras críticas recibidas no a una genuina preocupación por los derechos de los profesionales de la casa, sino a una estrategia de desgaste político orientada a socavar la credibilidad de una televisión pública que, según los datos aportados en la propia comisión, vive un momento de indudable dinamismo y competitividad en el tablero audiovisual continental. López no ha hecho mención, sin embargo, a todos los ataques que Gómez Montero también ha recibido del otro lado.
El choque en torno a figuras como Jesús Cintora y Marta Gómez Montero no es un hecho aislado, sino el reflejo de la extrema polarización que vive el debate político en España y que encuentra en los medios de comunicación su principal caja de resonancia. Mientras que los sectores de la oposición exigen una neutralidad que a menudo interpretan como la ausencia de voces marcadamente críticas o de perfiles con un fuerte sello personal, la dirección de la Corporación Pública defiende la pluralidad y la capacidad de atraer a audiencias masivas mediante formatos modernos y punteros en el ámbito europeo.
La sesión de hoy en el Congreso de los Diputados deja claro que el «caso Cintora» ha dejado heridas en la corporación, pero la readmisión y el desagravio público a Marta Gómez Montero pretenden actuar como un punto de inflexión. Con la vuelta a la «normalidad» de la periodista, RTVE intenta cerrar una crisis de reputación interna mientras se prepara para resistir el embate de una batalla mediática y partidista que, a tenor de lo visto hoy en el Parlamento, está lejos de terminar.
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