Tras el éxito de Artemis 2, el primer alunizaje de este siglo está más cerca. Pero la euforia de Donald Trump contrasta con el nuevo ‘tijeretazo’ que pretende dar al dinero destinado a la NASA en 2027. Aunque el programa de exploración crecería, la agencia espacial perdería un 23% de su financiación precisamente ahora que se ha acelerado la carrera espacial con China Leer Tras el éxito de Artemis 2, el primer alunizaje de este siglo está más cerca. Pero la euforia de Donald Trump contrasta con el nuevo ‘tijeretazo’ que pretende dar al dinero destinado a la NASA en 2027. Aunque el programa de exploración crecería, la agencia espacial perdería un 23% de su financiación precisamente ahora que se ha acelerado la carrera espacial con China Leer
Las grandes cadenas de televisión estadounidenses se las ingeniaron durante los días 10 días que ha duradoArtemis 2 para combinar la cobertura de las fases críticas de la primera misión lunar tripulada desde 1972 con las novedades de la guerra en Irán y las intervenciones de Donald Trump al respecto. El presidente de EEUU también ha estado muy pendiente de la Luna y ha sacado pecho del éxito de la misión, que concluyó exitosamente en la madrugada del sábado con el amerizaje de la nave Orión en aguas del Pacífico.Reid Wiseman, Christina Koch, Jeremy Hansen y Victor Glover fueron rescatados por buzos y trasladados en helicópteros a un buque militar, donde se les sometió a una revisión médica antes de llevarlos al Centro Johnson de Houston.
En una llamada a la tripulación el pasado 6 de abril, cuando los astronautas hicieron el histórico sobrevuelo alrededor de la Luna, Donald Trump les transmitió el orgullo del país, e incluso fue la Casa Blanca la que publicó primero las impresionantes imágenes de la Tierra y la Luna captadas durante esa fase de la misión. Tras el amerizaje, el presidente les felicitó desde sus redes sociales, asegurando que «la siguiente parada será Marte».
El director de la NASA, Jared Isaacman, ha agradecido repetidamente el apoyo de Trump a la agencia. El empresario y fundador de la compañía de pagos en línea Shift4 ha volado dos veces al espacio como astronauta privado en naves de Space X, la empresa de Elon Musk, y se hizo cargo de la agencia espacial en diciembre tras un desconcertante proceso de elección. Trump nominó a Isaacman candidato para dirigir la NASA poco después de llegar a la Casa Blanca pero a finales de mayo, inesperadamente retiró su candidatura tras sus desavenencias con Elon Musk. En noviembre, el presidente cambió de idea y volvió a nominarle para dirigir la agencia espacial. Su puesto se confirmó en diciembre y su mandato en la NASA ha coincidido con la misión más importante en medio siglo.
«Esta ha sido la primera misión a la Luna de muchas más por venir», aseguró Lori Glaze, responsable de Artemis, insistiendo en el mensaje lanzado repetidamente por Isaacman y el director adjunto, Amit Kshatriya: «Esta vez, hemos regresado para quedarnos».
Al escuchar a los responsables de la NASA y a Trump, parece que esta Administración tiene verdadera determinación para apostar por el espacio. Pero esa euforia por el regreso a la Luna contrasta con el tijeretazo que el Gobierno de EEUU pretende dar, otra vez, al presupuesto de la NASA de 2027. Ha sido en plena misión lunar cuando se ha conocido que Trump ha propuesto recortar un 23% el dinero destinado a la agencia espacial en los próximos presupuestos generales del país. Esto supondría 5.300 millones de dólares menos que en el ejercicio anterior.
Un recorte que pretende dar precisamente cuando se ha acelerado la carrera espacial que los norteamericanos libran con China: ambas potencias trabajan para mandar a sus astronautas al polo sur de nuestro satélite antes de que acabe esta década y construir un asentamiento permanente en los próximos años.
Aunque el programa de exploración en el que se enmarcan las misiones Artemis a la Luna aumentaría su presupuesto de los 7.800 a los 8.500 millones, el departamento científico de la NASA pasaría a contar con sólo la mitad de dinero, pues sufriría un recorte del 47%, una sangría que pondría en riesgo o cancelaría misiones cruciales.
En concreto, la Dirección de Misiones Científicas de la agencia espacial pasaría de contar con 7.200 millones de dólares a 3.900 millones, lo que supondría el mayor recorte en un solo año a la financiación científica en la historia de la agencia y amenazaría el Telescopio Espacial Nancy Grace Roman, cuyo lanzamiento se espera para finales de este año. Otras misiones en marcha son Near-Earth Object (NEO) Surveyor, que buscará asteroides peligrosos o Dragonfly, una nave que aterrizará en la superficie de Titán, la luna de Saturno, para investigar la química de la vida.
Se trata del segundo año consecutivo que Trump pretende mermar significativamente el presupuesto de la NASA. Ya en 2025 propuso unos recortes similares que desataron la indignación y fuertes protestas, tanto entre los trabajadores de la agencia como en la comunidad científica global. El Congreso de EEUU, que es quien tiene la última palabra en materia presupuestaria, tumbó la propuesta y aprobó finalmente 24.400 millones en total para toda la agencia en 2026 (de los que 7.250 fueron la para el área de ciencia), cifras parecidas a las del año anterior.
No obstante, ha habido programas científicos muy importantes como Mars Sample Return, la misión que pretendía traer a la Tierra las muestras de Marte recogidas por el vehículo robótico Perseverance, que han quedado suspendidos. Además, e el alivio por que no se cumpliera la amenaza del tijeretazo ha durado bien poco.
La organización independiente The Planetary Society se ha mostrado «decepcionada por la propuesta de presupuesto» y ha pedido al Congreso estadounidense que vuelva a tumbarla. Además, recuerdan que el mes pasado, más de un centenar de miembros de la Cámara de Representantes firmaron una carta bipartidista en la que se pedía un aumento de 1.750 millones de dólares para el área de Ciencia de la NASA. «El Presidente ha declarado su deseo de que la NASA siga siendo la principal agencia espacial del mundo. La oficina presupuestaria de la Casa Blanca no está en sintonía con este amplio consenso bipartidista», denuncia The Planetary Society en un comunicado.
Y es que dentro de una misión tripulada hay también mucha ciencia. En Artemis 2 se han hecho pioneros experimentos para estudiar los efectos de la radiación del espacio profundo y la microgravedad en la salud humana, un conocimiento imprescindible para vivir en la Luna o viajar a Marte como pretende Trump. El más llamativo es AVATAR, un proyecto que ha permitido llevar al espacio órganos en un chip, o chips de órganos. Estos dispositivos minúsculos contienen tejidos humanos, células de los astronautas que se van a comparar con los que hay en la Tierra.
En esos chips hay células humanas vivas que son cultivadas para representar las estructuras y funciones de regiones específicas de los órganos humanos, como el cerebro, los pulmones, el corazón, el páncreas y el hígado. Pueden latir como un corazón, respirar como un pulmón o metabolizar como un hígado, según ha explicado la NASA. Además, los chips de tejido se pueden vincular entre sí para imitar la interacción de los órganos, lo cual es importante para comprender cómo responde todo el cuerpo humano a los factores estresantes o a tratamientos médicos.
Otro hito de Artemis 2 es que por primera vez se han tomado parámetros de salud de una mujer en el espacio profundo, pues aunque son muchas las astronautas que han hecho estancias en la Estación Espacial Internacional (ISS), todos los que viajaron a la Luna fueron hombres blancos. De hecho, Glover es el primer astronauta negro en una misión lunar.
Además, la exploración espacial con robots y la observación terrestre con satélites son dos programas esenciales de la NASA, cuyas misiones realiza a menudo con socios internacionales. Hay muchas misiones ya en marcha en las que se ha invertido mucho dinero que podrían estar en peligro por los recortes que pretende Trump.
Mientras tanto, se ha establecido un calendario muy ambicioso para las siguientes misiones del programa lunar. ¿Qué nos espera ahora tras la euforia de Artemis 2? En primer lugar, para 2027 está prevista Artemis 3, una misión tripulada que tampoco pisará la Luna: ensayará en órbita las técnicas de acoplamiento de la nave Orión con los módulos de alunizaje en los que trabajan SpaceX (la empresa de Elon Musk) y Blue Origin (de Jeff Bezos). Los detalles de esta misión, cuyos objetivos se actualizaron hace pocas semanas, no se han detallado todavía.
Uno de estos dos módulos lunares aterrizará con astronautas a bordo en la superficie lunar en Artemis 4, prevista como pronto para 2028. Hasta hace pocos meses iba a ser el Starship HLS de SpaceX, un módulo de aterrizaje lunar variante de la nave espacial Starship que sigue en desarrollo. Sin embargo, los retrasos que está teniendo SpaceX están acabando con la paciencia de la NASA, por lo que se ha abierto la posibilidad de que pueda usarse para el primer alunizaje el módulo de aterrizaje Blue Moon que la empresa Jeff Bezos está desarrollando, y que en principio se iba a usar en misiones Artemis más lejanas.
Queda, por tanto, mucho por hacer. Además, los trabajadores de la NASA tienen que analizar todos los datos que se han recogido durante los 10 días que ha durado Artemis 2. Por un lado, las imágenes en muy alta resolución tomadas durante el sobrevuelo lunar ayudarán a la agencia a seleccionar mejor los lugares de llegada de las futuras misiones. Por otro lado, tendrán que solucionar los problemas técnicos que se han detectado en la nave Orión.
El objetivo de la misión era probar todos los sistemas del vehículo espacial un primer vuelo con astronautas. Se esperaba que hubiera fallos y los ha habido. Los especificarán en los próximos días pero más allá del WC, ha habido varias interrupciones inesperadas de las comunicaciones y se ha detectado una fuga de helio en el sistema de propulsión del Módulo del Servicio Europeo, la parte de la nave que aporta la Agencia Espacial Europea (ESA), lo que activó una señal de alarma durante el vuelo que tendrán que investigar.
El polémico escudo térmico que protege la nave de las altas temperaturas durante la reentrada en la atmósfera, y que dio problemas durante Artemis 1, funcionó bien, pese al temor de algunos expertos de que pudieran poner en peligro a los astronautas. La estrategia de la NASA de no cambiar su diseño para Artemis 2, sino de modificar la trayectoria de la nave para que se calentara menos, ha resultado acertada. Si se hubiera optado por un cambio de diseño, el programa lunar, que ya acumula muchos retrasos, se habría retrasado aún más y no hay tiempo que perder.
China dice que en 2030 mandará a sus astronautas (a los que llama taikonautas) a la Luna, por lo que EEUU tiene que darse prisa si pretende llegar antes. Los numerosos y sostenidos logros espaciales que ha logrado el gigante asiático en las últimas dos décadas le dan credibilidad: sus exitosas misiones robóticas en la Luna han logrado incluso traer muestras a la Tierra de la cara oculta. Tiene también una moderna estación espacial orbital propia y ha mandado una sonda robótica a Marte.
EEUU, por su parte, cuenta con el respaldo de varios socios internacionales para hacer realidad su programa lunar Artemis, entre los que destacan la ESA, Canadá y Japón. La reciente decisión de no seguir adelante con la construcción de la estación espacial orbital Gateway en la Luna ha supuesto, sin embargo, un jarro de agua fría para los europeos, que tenían una fuerte participación en este proyecto. En lugar de la plataforma orbital en la Luna, EEUU se va a centrar en levantar una base lunar en varias fases, y que permitirían que fuese una realidad a mediados de la próxima década. El ingeniero español Carlos García-Galán dirigirá este ambicioso proyecto mientras se ponen en marcha las siguientes misiones Artemis, más difíciles de llevar a cabo que Artemis 2.
Artemis 4, la misión que por fin alunizará, requerirá maniobras tan complejas como el repostaje de combustible en órbita, algo que todavía no se ha ensayado. Una vez se lance el módulo de aterrizaje sin tripulación, varias naves tendrán que ser enviadas a continuación para llenarlo de combustible en órbita. Posteriormente, despegará una nave Orión con los astronautas, que se acoplará en órbita al módulo de alunizaje (ya cargado de combustible). Al menos dos tripulantes pasarán de la nave Orión al módulo lunar e iniciarán el descenso a nuestro satélite. Tras hacer historia y realizar los experimentos y actividades que se planteen, volverán a despegar desde la superficie lunar a bordo del módulo de aterrizaje, que se acoplará a la nave Orión cerca de la Luna y emprenderán el viaje de regreso a la Tierra. Según la hoja de ruta del programa, la NASA tiene sólo dos años por delante para conseguirlo, por lo que muchos expertos consideran que es un calendario poco realista.
La experiencia adquirida por los cuatro miembros de Artemis 2 será muy útil para emprender una misión tan compleja como Artemisa 4, por lo que no sería nada sorprendente que dentro de unos años veamos a alguno de ellos caminando por la Luna.
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