El F-47 tiene fecha de estreno y el Tempest prepara su primer vuelo: comienza la era de los cazas de sexta generación

Todo comenzó a finales de la II Guerra Mundial. En 1945 nacieron los cazas de primera generación, los primeros que volaron a reacción. A ellos les siguieron los que eran capaces de romper la barrera del sonido (2.ª generación) y luego los polivalentes y, más tarde, los que inauguraron la era digital, con mayor maniobrabilidad. Finalmente, llegó la 5.ª generación, la actual, en la que el sigilo y el uso de datos se convierten en una constante. Pero, al igual que sucedió con las anteriores, esta también está llegando a su fin y se prepara el terreno para la sexta generación de cazas.

Por primera vez, los dos grandes programas occidentales de sexta generación han dejado de hablar únicamente de conceptos para empezar a poner fechas a uno de los momentos más importantes en la vida de cualquier aeronave: su primer vuelo. Mientras Estados Unidos asegura que el F-47 despegará durante la actual administración, el programa GCAP (Global Combat Air Programme), desarrollado por BAE Systems, prepara el estreno del demostrador tecnológico del futuro Tempest hacia 2027.

El F-47 forma parte del programa estadounidense Next Generation Air Dominance (NGAD) y está llamado a sustituir al F-22 Raptor, el caza que durante dos décadas ha representado la supremacía aérea de Estados Unidos. Su desarrollo está liderado por la Fuerza Aérea estadounidense y responde, sobre todo, a la necesidad de mantener la superioridad frente a competidores como China, con su J-36.

El Tempest, por su parte, nace dentro del Global Combat Air Programme (GCAP), una alianza entre Reino Unido, Italia y Japón que pretende crear al sustituto del Eurofighter Typhoon y del Mitsubishi F-2 japonés. Más que un único avión, el GCAP representa un enorme proyecto industrial y tecnológico que une a tres países en el diseño de la próxima generación de aviación de combate.

Existe una idea muy extendida de que el primer vuelo sirve para confirmar que un nuevo avión funciona, pero en realidad ocurre justo lo contrario. Cuando un demostrador despega por primera vez, los ingenieros no esperan comprobar que todo ha salido perfecto. Lo que buscan es descubrir aquello que todavía no funciona exactamente como esperaban. Cada vibración inesperada, cada pequeña desviación aerodinámica o cada comportamiento imprevisto proporciona información imposible de obtener mediante simulaciones informáticas o ensayos en tierra.

¿Qué es exactamente un demostrador tecnológico? Los Tempest y F-47 que están en pista de despegue no serán todavía los cazas que terminarán entrando en servicio. Y esa diferencia es importante. Un demostrador tecnológico no pretende representar el modelo definitivo. Su misión consiste en validar tecnologías concretas: comprobar que la aerodinámica responde como se esperaba, verificar la estabilidad del avión, poner a prueba los sistemas de control de vuelo o estudiar cómo interactúan entre sí los sensores y el software. Es, en cierto modo, un gigantesco laboratorio con alas.

La urgencia que rodea estos programas quedó reflejada recientemente en las declaraciones del teniente general Dale White, responsable de algunos de los principales programas aeronáuticos de la Fuerza Aérea estadounidense. “Caracterizado por una colaboración extrema con socios de la industria, el programa F-47 ha entrado en su fase de desarrollo de ingeniería y fabricación con una madurez sin precedentes —afirmó White en una rueda de prensa—. El F-47 volará durante esta administración”.

 “El programa F-47 ha entrado en su fase de desarrollo de ingeniería y fabricación con una madurez sin precedentes. Volará en esta administración”, señalan desde la Fuerza Aérea de Estados Unidos.  

Todo comenzó a finales de la II Guerra Mundial. En 1945 nacieron los cazas de primera generación, los primeros que volaron a reacción. A ellos les siguieron los que eran capaces de romper la barrera del sonido (2.ª generación) y luego los polivalentes y, más tarde, los que inauguraron la era digital, con mayor maniobrabilidad. Finalmente, llegó la 5.ª generación, la actual, en la que el sigilo y el uso de datos se convierten en una constante. Pero, al igual que sucedió con las anteriores, esta también está llegando a su fin y se prepara el terreno para la sexta generación de cazas.

Por primera vez, los dos grandes programas occidentales de sexta generación han dejado de hablar únicamente de conceptos para empezar a poner fechas a uno de los momentos más importantes en la vida de cualquier aeronave: su primer vuelo. Mientras Estados Unidos asegura que el F-47 despegará durante la actual administración, el programa GCAP (Global Combat Air Programme), desarrollado por BAE Systems, prepara el estreno del demostrador tecnológico del futuro Tempest hacia 2027.

El F-47 forma parte del programa estadounidense Next Generation Air Dominance (NGAD) y está llamado a sustituir al F-22 Raptor, el caza que durante dos décadas ha representado la supremacía aérea de Estados Unidos. Su desarrollo está liderado por la Fuerza Aérea estadounidense y responde, sobre todo, a la necesidad de mantener la superioridad frente a competidores como China, con su J-36.

El Tempest, por su parte, nace dentro del Global Combat Air Programme (GCAP), una alianza entre Reino Unido, Italia y Japón que pretende crear al sustituto del Eurofighter Typhoon y del Mitsubishi F-2 japonés. Más que un único avión, el GCAP representa un enorme proyecto industrial y tecnológico que une a tres países en el diseño de la próxima generación de aviación de combate.

Existe una idea muy extendida de que el primer vuelo sirve para confirmar que un nuevo avión funciona, pero en realidad ocurre justo lo contrario. Cuando un demostrador despega por primera vez, los ingenieros no esperan comprobar que todo ha salido perfecto. Lo que buscan es descubrir aquello que todavía no funciona exactamente como esperaban. Cada vibración inesperada, cada pequeña desviación aerodinámica o cada comportamiento imprevisto proporciona información imposible de obtener mediante simulaciones informáticas o ensayos en tierra.

¿Qué es exactamente un demostrador tecnológico? Los Tempest y F-47 que están en pista de despegue no serán todavía los cazas que terminarán entrando en servicio. Y esa diferencia es importante. Un demostrador tecnológico no pretende representar el modelo definitivo. Su misión consiste en validar tecnologías concretas: comprobar que la aerodinámica responde como se esperaba, verificar la estabilidad del avión, poner a prueba los sistemas de control de vuelo o estudiar cómo interactúan entre sí los sensores y el software. Es, en cierto modo, un gigantesco laboratorio con alas.

La urgencia que rodea estos programas quedó reflejada recientemente en las declaraciones del teniente general Dale White, responsable de algunos de los principales programas aeronáuticos de la Fuerza Aérea estadounidense. “Caracterizado por una colaboración extrema con socios de la industria, el programa F-47 ha entrado en su fase de desarrollo de ingeniería y fabricación con una madurez sin precedentes —afirmó White en una rueda de prensa—. El F-47 volará durante esta administración”.

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