Nada hacía pensar que la Diada de este año conseguiría sacar del letargo a una parte importante del independentismo que, en el último lustro, se ha visto sumido en una profunda apatía. Hasta esta semana. El partido, en el Camp Nou, entre el Barça y el Athletic acabó convertido ayer en un acto de reivindicación de la estelada, la bandera secesionista catalana, a raíz de la crisis desatada por los abusos policiales contra un aficionado que la lucía en el encuentro contra el Elche, el domingo pasado, en unos hechos que están siendo investigados por el Ministerio del Interior. Las entidades y partidos independentistas ven en este hecho y la indignación que ha provocado en importantes sectores de la sociedad catalana como una oportunidad para volver a encender la llama independentista con vistas a la manifestación que cada año se celebra por la Diada del 11 de septiembre y para el próximo curso político.
El apoyo del Barça ante el caso de abuso policial contra un aficionado azulgrana permite a la ANC ganar visibilidad tras años de bajo perfil
Nada hacía pensar que la Diada de este año conseguiría sacar del letargo a una parte importante del independentismo que, en el último lustro, se ha visto sumido en una profunda apatía. Hasta esta semana. El partido, en el Camp Nou, entre el Barça y el Athletic acabó convertido ayer en un acto de reivindicación de la estelada, la bandera secesionista catalana, a raíz de la crisis desatada por los abusos policiales contra un aficionado que la lucía en el encuentro contra el Elche, el domingo pasado, en unos hechos que están siendo investigados por el Ministerio del Interior. Las entidades y partidos independentistas ven en este hecho y la indignación que ha provocado en importantes sectores de la sociedad catalana como una oportunidad para volver a encender la llama independentista con vistas a la manifestación que cada año se celebra por la Diada del 11 de septiembre y para el próximo curso político.
El independentismo lleva años sumido en horas bajas coincidiendo con el cambio de clima político propiciado, entre otras coas, por los indultos a los líderes del procés y la posterior tramitación de la ley de amnistía. Tanto el Gobierno de Pedro Sánchez como el de Salvador Illa han procurado fijar un marco de no enfrentamiento que ha quitado aire al independentismo más acérrimo. Y esto, sumado a los enfrentamientos constantes de los partidos secesionistas, que perdieron la Generalitat hace poco más de dos años, ha acabado de sumir a todo el movimiento en un profundo desencanto. Según la última encuesta de la Generalitat, el apoyo a la independencia es hoy de un 45% en Cataluña frente aun 51% que la rechaza. Por si era poco, la irrupción de Aliança Catalana, ha hecho añicos la posibilidad de reeditar un frente amplio independentista.
Muchos dentro del independentismo quisieron ver ayer una luz al final del túnel, aunque no será fácil que ésta se mantenga encendida. La imagen de un Camp Nou teñido con banderas estelades, 10.000 de las cuales las repartió la propia ANC, es un acto de afirmación para las entidades independentistas. Primero, han conseguido neutralizar la intención del Fútbol Club Barcelona de homenajear a los jugadores que formaron parte de la selección de España que se alzó con la Copa del Mundo el pasado mes de julio. Para una parte del secesionismo, incapaz de separar el goce futbolístico de lo identitario, esa celebración oficial implicaba un ejercicio de españolización insoportable. Las probabilidades de frenarlo eran mínimas y, de momento, lo han conseguido.
El Barça intentaba navegar en medio de las dos aguas, llegando incluso a postergar hasta finales de agosto el homenaje a jugadores como Pedri, Pau Cubarsí o Lamine Yamal, la mayor aportación, de largo, de un club a la campeona del mundo. La ANC o algunas peñas blaugranas seguían rechazando lo que consideraban una exaltación de la rojigualda y de ahí que inicialmente hubieran invitado a la afición a que lucieran esteladas en la celebración de los jugadores culés.
“El chico de Elche ha sido un revulsivo”, decía un mensaje de ayer del Consell per la República, para explicar cómo se han alineado los partidos independentistas, alinándolos con el Barça. La extralimitación de la Policía Nacional gestionando el incidente de un menor de edad que les provocaba y lucía una estelada logró encender a una opinión pública independentista muy sensible a cualquier hecho que vincule a sus símbolos y también hizo mover a un actor de peso como el Barça que no solo amplifica el mensaje sino que termina conectando con una órbita más allá del secesionismo más movilizado.
El pasado domingo, en el debut de LaLiga, el Barcelona visitaba al Elche en el Estadio Martínez Valero. La Policía Nacional embolsó a la afición de ambos equipos para evitar posibles disturbios y, según la versión de los agentes, unos jóvenes del lado azulgrana empezaron a gritarles “Puta España” y “perros fascistas”. Uno de ellos llevaba una bandera independentista y, según ese mismo lado de la historia, la reacción violenta a la hora de querer identificarle derivó en un intento de inmovilización. En varios vídeos que corrieron por las redes sociales se puede ver cómo, incluso pese a que el joven se defiende con algún puñetazo, un agente le da un codazo cuando ya está inmóvil en el suelo. La actuación policial está tan en duda que solo un sindicato salió a apoyarla y rápidamente el cuerpo abrió una investigación interna para esclarecer lo sucedido.
Junts per Catalunya y también Esquerra Republicana se encargaron de situar en dos planos los hechos. Por un lado, la desproporción de la acción policial contra el menor de edad pero también el papel que jugó en los hechos la presencia de la bandera independentista. La Ley 19/2007 no prohíbe la mera exhibición de una estelada, sino que reserva las restricciones a símbolos que inciten a la violencia o al terrorismo. La manera de actuar de la policía, consideraban, mostraba un claro atentado contra la libertad de expresión y dejaban en evidencia la “catalanofobia” que consideran inherente a muchas fuerzas del Estado. Sin embargo, desde la Policía recuerdan que los agentes pueden retirarlas si consideran que, en determinadas circunstancias, su exhibición puede desembocar altercados con los aficionados del equipo rival.
Incluso Amnistía Internacional ha criticado el operativo policial en Elche. Pero la rapidez con que el Ministerio del Interior, empezando por el propio ministro Fernando Grande-Marlaska, abordó la situación evitó que una parte del independentismo pudiera explotar la línea del supuesto agravio. Sin embargo, el altavoz del Barça y cierta torpeza con la que el propio Laporta gestionó la crisis, por ejemplo hablando primero de un acto de “exaltación a la estelada” para después descartar cualquier manifiesto o discurso sobre el tema, terminó por darle un eco inusitado que las entidades secesionistas se lanzan a aprovechar de cara al 11 de septiembre.
Bajo el lema “Hi soc. Hi som. Independència”, la ANC y Òmnium Cultural se disponían a enfrentarse a otra Diada de resistencia, muy lejos de las movilizaciones masivas de hace una década. Una vez más, la desmovilización se vería camuflada por un modelo descentralizado, con actos en Barcelona, Girona y Amposta.
La crisis de la estelada no solo les permite intentar revitalizar su símbolo sino también brindarles un discurso alternativo ante una de sus grandes disyuntivas internas: qué hacer con la presencia en la marcha de la Diada del partido xenófobo que preside Sílvia Orriols y al que las encuestas le dan cada vez mejores resultados. La anterior dirección de la ANC, en manos de Lluís Llach, no fue capaz de vetarla. Su reemplazo, Josep Vila, evitó durante la presentación de este año dejarla fuera aunque sí dejó claro que sus caminos son distintos. “Representamos el frente social, no el frente político. Como entidades que convocamos no nos dirigimos a los partidos, sino directamente a la gente, y no hemos hecho nunca un listado de partidos invitados o vetados (…). Los límites de las entidades son claros y están absolutamente comprometidos con todos los derechos humanos”, explicó hace un mes.
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