Decir que a Más de Uno y a Carlos Alsina les fascina lo de contar historias es una obviedad. Lo lleva haciendo con su radio ficción diaria desde hace años. Sin embargo, al equipo del programa de Onda Cero solo le quedaba una cosa por hacer: su propia Guerra de los Mundos. Había que celebrar el Día Mundial de la Radio haciendo historia de la radio Leer Decir que a Más de Uno y a Carlos Alsina les fascina lo de contar historias es una obviedad. Lo lleva haciendo con su radio ficción diaria desde hace años. Sin embargo, al equipo del programa de Onda Cero solo le quedaba una cosa por hacer: su propia Guerra de los Mundos. Había que celebrar el Día Mundial de la Radio haciendo historia de la radio Leer
Fue el 30 de octubre de 1938 cuando un joven Orson Welles simuló una invasión extraterrestre real en New Jersey haciéndolo pasar por una última hora. Aunque se anunció como ficción, muchos oyentes creyeron la noticia, generando un pánico masivo, lo que la convirtió en un hito de la radio. Años después, la radio sigue entre nosotros, pero sería muy difícil repetir aquella emisión radiofónica que inspiró después a grandes leyendas de la radio como Luis del Olmo cuando protagonizó la famosa «fantasía radiofónica» en su programa Protagonistas (COPE) coincidiendo con el caótico concierto de Frank Sinatra en el Santiago Bernabéu en 1986. Lo repetiría años después con una entrevista a un falso Felipe González y, después, lo harían otros, pero sin jugársela demasiado. Nadie ha logrado repetir la gesta de Welles, hasta que… hasta que el equipo de Más de Uno con Carlos Alsina al frente pensó: «¿y si lo hacemos nosotros?».
A estas alturas, decir lo que para el programa de Onda Cero y para el locutor significa salir a la calle, contar historias y apostar por lo que dio alma a la radio, la radioficción, sería una obviedad. A Carlos Alsina lo de coger su micro, su antena portátil y dar voz a quien tiene una historia le fascina. Le fascina tanto que un buen día decidió que Más de Uno tenía que tener su propia radioficción, su propio teatro, el Luis del Olmo, y sus propias novelas. Dentro de esta radioficción y durante los 10 años que Alsina lleva conduciendo Más de Uno, el equipo del programa ha hecho de todo: el año pasado realizó un programa especial recorriendo el centro de Madrid en un autobús de dos pisos para celebrar el Día Mundial de la Radio; fue el primer locutor en llegar a las zonas arrasadas por la dana, ha hecho ficciones de todo tipo, hablando con personajes de la categoría de Sherlock Holmes… Pero a Más de Uno le quedaba una única cosa por hacer: su propia Guerra de los Mundos. Y qué mejor ocasión que el Día Mundial de la Radio para hacerlo.
Durante más de dos horas, Alsina y todo el equipo han retransmitido desde la localidad manchega de Manzaneque una emisión radiofónica que, sin acercarse ni de lejos a la invasión marciana de Welles, ha simulado una historia sin que ningún oyente supiera que esta era falsa: la historia de un pueblo (inventado) que llevaba 65 años sin escuchar la radio después de que los vecinos de entonces aprobasen en un referéndum tumbar la torre radiofónica. ¿De qué cabeza salió tal fantasía? De la del equipo de guionistas de Más de Uno, los que siempre están dándole a la neurona para que el programa ofrezca lo insólito y lo sorprendente.
10.00 horas. Carlos Alsina arranca el bloque del programa con una noticia de última hora. El equipo de Más de Uno se encuentra en la localidad de Torreburleque. «(…) Estamos en el único lugar de España en el que no hay radio», comienza Alsina. «Para mi sorpresa nadie lo había contado. Estamos en Torreburleque, en Toledo. El termómetro marca 4 grados; no hace buen día; está abriendo en este momento el bar Ramos. Es un municipio con una historia particular, el único municipio desconectado de la radio desde 1959 y por decisión de sus vecinos. Eso va a cambiar, porque hoy a las 12 se instalará la torre radiofónica». A partir de este instante todo lo que los oyentes escucharon durante las dos horas y media siguientes fue una historia completamente inventada, interpretada por la Asociación Cultural y Teatral Atenea, compuesta por algunos de los 407 habitantes de Manzaneque. Ellos han sido los actores durante toda la mañana que han dado vida al alcalde de una localidad inexistente, al cura, a una historiadora, al sobrino del alcalde que impulsó el falso referéndum o al agente de la Guardia Civil, que tenía que proteger a Carlos Alsina del motín que había preparado el pueblo en contra de la puesta en marcha de la antena que iba a devolver la radio a Torreburleque.
«El guion ha sido fácil, lo difícil ha sido el acting», nos revela Diego Fortea, uno de los culpables de esta «locura». «Solo hay un actor radiofónico real, Rafael Alonso Naranjo, el resto es gente del pueblo que se ha volcado con esto», confiesa.
La Plaza de la Constitución, donde se sitúa el Consistorio de Manzaneque, está a rebosar. Los protagonistas se resguardan de la lluvia y el viento bajo unas carpas improvisadas que poco hacen para proteger del temporal. De repente, sale Alsina, le sigue Emiliano García-Page, el real, el presidente de Castilla-La Mancha que no ha dudado en participar en el sainete. Tiene su guion, sus frases, su interpretación. Da comienzo el show. Se descubre que la verdadera razón del referéndum que dejó al pueblo sin radio fue un concurso de radio musical que no ganó El jilguero de Perales, el pequeño Luis Duque, en 1959. Era la gran estrella del pueblo, su pequeño ruiseñor. La historiadora de Torreburleque relata cómo se presentó y, aunque no quiere desvelar demasiado, destapa que la derrota de Luisito frente a Marcel Vivanco, ahora Raphael (y esto es la pura verdad), provocó un trauma en el pueblo, pues en las bases del concurso los que tuvieran 16 años para arriba no podían participar. Raphael, el día de la final, acababa de cumplir los 16. El cabreo del pueblo, aupado por un alcalde un tanto oscuro, provocó la destrucción de la antena y la desconexión radiofónica de sus vecinos.
Como si del «corten» de una película se tratase, toca cambio de escenario: la casa de Manuela, amiga íntima de Luisito. Carlos Alsina quiere saber la verdad de aquel referéndum, quiere preguntar, está haciendo lo que hace cada día: contar la información, aunque todavía nadie sabe que la noticia no es verdad. El equipo de Alsina mira las redes sociales, «hay gente que se lo está creyendo». Objetivo conseguido, de momento.
«En menudos jaleos nos metemos», nos dice Carlos Alsina con una sonrisa picarona y disfrutona mientras camina a casa de Manuela abanderado por todo el pueblo, como si Carlos Alsina se hubiese convertido en el protagonista de Bienvenido, Mister Marshall.
Manuela le recibe, lo da todo en la actuación, una interpretación que bien podría valer un Óscar, si la radio tuviera Óscar. La alegría del equipo se contagia. Todo está saliendo a pedir de boca. Lo que más miedo les daba, el acting de los elegidos para esta radioficción, está siendo perfecto.
Hay que cortar guion, pues se van de tiempo. En cuestión de segundos, María Jesús Moreno, productora de Más de Uno, junto a Carlos Zúmer, uno de los guionistas, cambian, quitan, adelantan y movilizan al pueblo camino de la Casa de Cultura. «Lo del bar no va a poder ser porque no llegamos y hay que contar el momento en el que la antena se pone», dice en otra de las pausas que les dan los boletines informativos.
En la Casa de la Cultura, convertida por unas horas en la escuela de Torreburleque, Alsina se encuentra con un piquete del pueblo, de los que no quieren que vuelva la radio. Gritan: «Fuera la radio»; «Fuera Alsina«. El viento hace de nuevo acto de presencia, justo en el momento en el que hay que volver a la plaza para cerrar esta particular Guerra de los Mundos. Los más mayores, como Chon, una de las vecinas que más diálogo tiene, se desplazan en el coche de otra vecina. «¡Vamos, vamos, que están muy justos de tiempo y tenemos que estar en la plaza preparados para cuando llegue Alsina!», advierte la coordinadora de la Asociación Cultural y Teatral Atenea.
«Es lo único que nos quedaba por hacer en Más de Uno«, nos dice Diego Fortea, el cerebro de toda esta locura, junto a sus compañeros guionistas. Hace no tantas semanas comenzaron a pensar qué podían hacer para celebrar el Día de la Radio y él, que «es como un archivo radiofónico», dice Moreno, recordó la «fantasía radiofónica» de Luis del Olmo con Frank Sinatra. Enseguida todos se sumaron a la propuesta. Una «nueva locura» del equipo de Más de Uno, «a las que siempre se presta Carlos Alsina«.
«Hemos celebrado el Día de la Radio saliendo a las calles, pero nunca habíamos hecho algo así», nos cuenta Fortea. «He estado bicheando en Twitter y hay gente que ha tardado más de una hora en saber que era una ficción», dice con orgullo.
Pillamos por banda a uno de esos actores no actores, a un vecino de Manzaneque que está con su mujer disfrutando de algo que «nunca» pensó que podría ocurrir en su pueblo. «Esto es lo más grande. Nunca nos imaginamos esto. Cuando nos lo dijo Olga (coordinadora del grupo de teatro) dije: ‘¿Cómo va a venir aquí la radio nacional, a un pueblo tan pequeño?’. Lo estamos haciendo fenomenal», dice orgulloso de todos los vecinos. Y tiene razón.
Llega el apoteósico final. El final en el que se destapa que el pueblo no ha tenido radio porque el alcalde de entonces engañó a todo el pueblo en sus tejemanejes para que llegase la televisión y el negocio se lo quedaran las antenas televisivas. El pueblo se indigna y se emociona. Quieren ya su antena, quieren ya su radio.
A las 12.13 horas llega el momento histórico. «Los técnicos han terminado de colocar la antena. Significa que en pocos segundos se va a poder escuchar la radio después de 65 años en los que la radio ha estado proscrita», informa Alsina micrófono en mano. «Cuatro, tres, dos, uno… ¡Virgen de la Asunción y Santísimo Cristo de la Fe! Torreburleque ya tiene radio», gritan los vecinos.
Y habla Alsina a sus oyentes: «No existe nada de lo que han escuchado en estas dos horas y media. En realidad, estamos en Manzaneque«. Su Guerra de los Mundos ha llegado a su fin.
No, un momento.
«¡Que viva Alsina! ¡Que viva Más de Uno! ¡Alsina, Alsina, Alsina!». El pueblo de Manzaneque se ha vuelto loco. «Es que no te imaginas lo que esto significa para un pueblo tan pequeño como este».
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