Un 1,7% de los jóvenes españoles consume el óxido nitroso de forma recreativa con terribles consecuencias (algunos acaban incluso en una silla de ruedas), lo que convierte al uso de esta sustancia en un problema de salud pública Leer Un 1,7% de los jóvenes españoles consume el óxido nitroso de forma recreativa con terribles consecuencias (algunos acaban incluso en una silla de ruedas), lo que convierte al uso de esta sustancia en un problema de salud pública Leer
Un 1’7% de los jóvenes de entre 14 y 18 años de edad en España podría estar consumiendo habitualmente de forma recreativa (encuesta Estudes 2025 de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas) el óxido nitroso, popularmente llamado gas de la risa, por lo que es ya un problema de salud pública.
Este gas se consume inhalado directamente o por medio de globos en los que se inserta previamente desde un cartucho metálico o bomba y, tras llegar al cerebro a través de las vías respiratorias, actúa como depresor del sistema nervioso central y produce un efecto euforizante de manera casi inmediata (dura entre 15 y 45 minutos, dependiendo de la dosis). Es barato; el acceso y el consumo es fácil, y, además, no hay percepción social de riesgo. Se utiliza en la industria, incluida la alimentaria, y hace más de dos siglos se empezó a usar en Medicina por sus propiedades anestésicas y analgésicas, en especial en Odontología.
Pero el peligro de su consumo excesivo y habitual es muy real, tal y como atestiguan los seis pacientes que, entre 2020 y 2025, ha atendido Guttmann Hospital de Neurorrehabilitación de Badalona, en Barcelona. Todos fueron ingresados muy graves y, finalmente, uno se recuperó totalmente y el resto quedaron con déficits, aunque mejoraron del nivel funcional.
Se trata de cinco hombres y una mujer de entre 19 y 25 años que estuvieron ingresados entre uno y tres meses. Todos presentaban en el momento del diagnóstico tetraparesia o paraparesia (debilidad muscular en las cuatro extremidades o en las piernas, respectivamente); cinco de ellos, hipopalestesia (pérdida de la capacidad de percibir vibraciones); y dos, hipoestesia (disminución de la sensación al tacto).
Según información del hospital, que es un referente en rehabilitación de lesionados medulares, se sabe que el óxido nitroso interfiere en el metabolismo de la vitamina B12, que es esencial en procesos celulares y metabólicos. Eso puede derivar en una pérdida de la mielina, una estructura de las neuronas que permite la transmisión de los impulsos entre ellas, especialmente en la médula espinal, pero también en los nervios periféricos y en el cerebro. Para que el efecto del gas sea nocivo, con resultado patológico, requiere un uso continuado, aunque en los mayores de 40 años y personas con niveles bajos de vitamina B12 la afectación puede darse mucho antes.
El centro añade que, al funcionar como anestésico disociativo, también puede causar alucinaciones, vocalización incontrolada, alteraciones de la percepción, desorientación espacial y temporal o reducir la sensibilidad al dolor. Y son habituales las quemaduras en la boca y las vías respiratorias, puesto que el gas sale a temperatura muy baja de los cartuchos. Supone asimismo un aumento del riesgo de accidentes traumáticos (caídas o siniestros de tráfico), dado que el gas altera la percepción.
Margarita Vallès, médica rehabilitadora del centro, describió uno de esos casos en 2021 en la Revista de Neurología, algo extremo: un joven de 22 años con una degeneración medular subaguda secundaria al uso prolongado de esta sustancia. Había empezado dos años antes a consumirlo de forma esporádica y, desde hacía 8 meses, a diario, llegando a inhalar el contenido de hasta 200 globos al día.
El perfil de los pacientes que lo consumen habitualmente es el de «personas sin rutinas ni hábitos, en ocasiones con situaciones familiares complicadas, que lo usan como vía de escape. Como sucede en general con las drogas, se empieza para uso recreativo, pero con el tiempo se descontrola», según Joan Saurí, psicólogo del centro.
Y, además, es común que haya una «comorbilidad con trastorno de ansiedad o consumo de alcohol excesivo, lo cual desencadena una tormenta perfecta en la que la persona deja también de alimentarse adecuadamente, como sucede con el alcoholismo», apunta. Saurí resalta también los posibles riesgos cognitivos, «sobre todo en adolescentes y jóvenes cuyos cerebros aún están en proceso de formación».
Si el paciente, cuando demanda asistencia sanitaria urgente por los síntomas, no informa de que consume el gas de manera habitual, esta causa puede pasar desapercibida; los médicos, al no tener en cuenta esa posibilidad, pueden confundir los síntomas neurológicos con otras patologías.
Cristian A. Figueroa, médico rehabilitador y subdirector médico de Guttmann, indica que se sabe que el consumo de óxido nitroso no es inocuo, pero no está documentado qué nivel de consumo habitual ni qué dosis implican mayor riesgo. Como se consume de forma directa o a través de un globo, es difícil medir la cantidad que se inhala. Y luego está la cuestión de que no hay dos personas iguales: los mismos efectos se pueden ver en una que inhala el contenido de 200 globos al día que en otra que consume menos cantidad. «No sabemos», admite.
Acerca del tratamiento, el panorama no es halagüeño: «No hay, más allá de suministrar vitamina B12″, apunta el subdirector médico del centro. Recuperarse de una afectación grave, además de un largo plazo ingreso, requiere de «rehabilitación intensiva».
Figueroa precisa, acerca de los seis casos antes citados, que uno va en silla de ruedas y tres sufren alteraciones de sensibilidad, fuerza y control de esfínter, por lo que tienen reconocida discapacidad.
Sobre la necesidad de prohibir la venta y consumo de esta droga para tratar de evitar muchos más casos similares, considera que es difícil por tratarse de un gas de uso industrial y sanitario y, por tanto, complejo de legislar. Ve más fácil la opción de divulgar ampliamente los riesgos entre la población general y, en especial, entre los jóvenes.
Según el dosier Óxido nitroso o «gas de la risa» (2023), de la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, no se dispone de estudios que informen de la extensión de su consumo, aunque desde hace años viene constatándose un aumento del mismo en algunos países de nuestro entorno, como Reino Unido o Países Bajos. «De hecho, desde hace tiempo, el consumo de óxido nitroso ha sido detectado en zonas turísticas de nuestro país (Costa Brava, Costa del Sol o Islas Baleares)».
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