El relevo 4×400 femenino remata con un bronce un sensacional Mundial de España

Paula Sevilla, Ana Prieto, Rocío Arroyo y Blanca Hervás, con una extraordinaria remontada, consiguen la quinta medalla para España tras el tercer puesto de Moha Attaoui en el 800 Leer Paula Sevilla, Ana Prieto, Rocío Arroyo y Blanca Hervás, con una extraordinaria remontada, consiguen la quinta medalla para España tras el tercer puesto de Moha Attaoui en el 800 Leer  

La última prueba del Mundial de pista cubierta de Torun confirmó las sospechas: España es una potencia mundial en un territorio insospechado hace nada, los relevos. Las chicas del 4×400 lograron un sensacional bronce a unir a la ya histórica plata del mixto. A unir, a su vez, al oro de Mariano García en el 1.500 y al bronce de un rato antes de Moha Attaoui en el 800. Con la plata de Quique Llopis en los 60 vallas, cinco medallas para la selección, sexta del mundo en el medallero.

Histórico Torun para España, la segunda mejor actuación de siempre tras las seis de Birmingham 2003, como lo es la sonrisa de Blanca Hervás. Que no lo fue esta vez, porque al cruzar la línea de meta no era consciente de la hazaña: su remontada era de bronce. Y, por cuatro décimas, no fue de plata.

Eligió Toni Puig un cuarteto de garantías para el desenlace. Entraban Paula Sevilla y Hervás por Carmen Avilés y Daniela Fra, que habían cumplido por la mañana en las series clasificatorias, para unirse a Ana Prieto y Rocío Arroyo.

La primera posta la completó Sevilla, algo descolgada de Estados Unidos (oro), Países Bajos (plata) y Polonia. Pero, a su vez, distanciando a Gran Bretaña y Eslovaquia. Prieto inició la remontada, aproximándose a las tres de cabeza. Algo que mantuvo después Arroyo y que remató Hervás, al límite de la plata, en su quinta carrera de 400 en el fin de semana polaco.

Un rato antes, con la euforia todavía sin contener del tremendo oro de Mariano García en el 1.500, Moha Attaoui encaró el 800 con la determinación que le caracteriza. Con esa mezcla de ambición y seguridad en sí mismo, aunque los precedentes de una prueba tan difícil de pronosticar le llamaran a la cautela (quinto en los Juegos y quinto también en el Mundial). Pero el talento del atleta de Torrelavega es incontenible. La medalla mundial, bajo techo, llegó en Torun.

Un bronce que no firmaba, pero que deberá valorar. «Quería más», confirmó después, pero «me faltaron fuerzas al final». Una carrera rapidísima en la que le faltó ese cambio final ante el poderío adolescente de Cooper Lutkenhaus, 17 años, el medallista indoor más joven de la historia. Y del belga Eliott Crestan, plata.

Con su correr de videojuego y su táctica de no tener táctica. «No sé correr bien en cabeza», admite. Y su entrenador en las montañas alpinas de St. Moritz, el gurú alemán Thomas Dreissigacker, le dice, le obliga, a hacerlo en la cola del grupo, a «confiar» en su final. Así lo hizo en la primera ronda y así en las semifinales (donde pulverizó ya el récord de España: 1:44.48). Y así en la final. Con un temple a prueba de corazones frágiles. Para el 1:44.66 que no deja de ser el segundo 800 más rápido de su vida bajo techo.

Attaoui celebra su bronce mundial en Torun.
Attaoui celebra su bronce mundial en Torun.WOJTEK RADWANSKIAFP

Es la confirmación de un atleta superlativo, que ya fue plata continental al aire libre en 2024. «No me puedo autolimitar», desafiaba los días previos, cuando afinaba su puesta a punto en Castellón, lidiando con los inconvenientes de cumplir el Ramadán: se levantaba a las cinco de la mañana para completar su primer entrenamiento del día con el alba. No firmó una gran marca antes de llegar a Polonia, pero dejó exhibiciones que ya auguraban lo que estaba por venir: en febrero, en Gallur, se quedó a tres décimas del récord del mundo de los 1.000 metros.

Que no encontró en Torun a los que serán sus enemigos al aire libre (Wanyonyi, Arop), pero que coleccionó su primera medalla mundial en esta prueba que vive momentos pletóricos.

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