El sentido de Yakarta, el extraño drama aplaudido por todos: «Somos más felices cuando aceptamos que perder es un estado natural de la vida»

El guionista de comedias como Ocho apellidos vascos, Diego San José, sorprende ahora con una serie dramática áspera que esconde temas muy duros y que se ha convertido en todo un descubrimiento para el espectador Leer El guionista de comedias como Ocho apellidos vascos, Diego San José, sorprende ahora con una serie dramática áspera que esconde temas muy duros y que se ha convertido en todo un descubrimiento para el espectador Leer  

Yakarta, estrenada hace unas semanas en Movistar Plus+, no es una serie común, ni tampoco una fácil de ver. Si ya se han asomado a ella, se habrán dado cuenta. Si no, les instamos a verla y luego volver a este artículo en el que vamos a desgranar, junto a sus responsables, las sorpresas que esconde esta serie, aparentemente sencilla, sobre bádminton.

Quizás la primera sorpresa es encontrarnos con un drama tan duro, firmado por Diego San José, guionista que hasta ahora ha desarrollado su carrera en el campo del humor. «Esto surge de dedicarle un homenaje frontal y definitivo a la derrota», nos cuenta. «Uno puede perseguir sus sueños y no cumplirlos. Todos somos más felices cuando aceptamos que perder es un estado natural de la vida».

Por eso, tiene tanto sentido que Yakarta trate sobre un deporte minoritario, de esos que rara vez acaparan las portadas de los periódicos: «Si tú ganas un torneo en Ponferrada de bádminton, se parece mucho a no haberlo ganado. No te supone ningún cambio, tus vecinos no van a saber que lo has ganado».

«Esa gente que se sacrifica por victorias que no tienen ninguna gloria creo que son perdedores natos. Es un tipo de personaje que me genera mucha empatía porque todos, en el fondo, tenemos miedo a la derrota y nos resulta muy difícil compadrear con la victoria», opina el guionista.

En la serie, Joserra (encarnado por Javier Cámara) busca sin descanso la victoria de su pupila. Se está dejando la vida en ello. «Es una una cosa cultural que a mí me agobia un poco, esta búsqueda del reconocimiento público», dice San José. «Lo normal es no subirte al podium o quedar el décimo segundo de una competición. Se puede ser feliz estando en la mitad de la tabla si nos liberamos de esta cosa de las grandes gestas«.

Él, sin embargo, consiguió un logro colosal en su campo: Ocho apellidos vascos es la película española más taquillera de la historia. «Hubo algo de aquel éxito que fue inicialmente una gran noticia y al mismo tiempo era una especie de jaula en la cual a mí, desde la industria, lo que se me pedía sistemáticamente era repetir aquella gesta«.

«Yo preferí irme a un lugar que me lo pusiera más difícil como guionista, incluso renunciando a ese éxito cuantitativo», reflexiona. «Cuando hablamos de éxito, hablamos siempre de lo numérico. Pero luego hay otro tipo de éxitos que tienen que ver más con uno mismo. En mi caso, es escribir cosas que no haya escrito nunca«.

Y ese proyecto tan distinto es Yakarta, donde ha buscado algunos códigos inusuales junto a la directora Elena Trapé, con la que ya trabajó en Celeste. «Diría que es una serie áspera», afirma ella. «Queríamos que fuese un tono sutil, que generase en el espectador cierta incomodidad e inquietud, sobre todo hasta el tercer capítulo que es cuando ya empiezas a entender. Nunca quisimos buscar el llanto fácil».

Es hacia mitad del camino cuando entendemos qué hay debajo: el protagonista es ludópata, pero eso esconde un trauma infantil, al haber sido abusado por su entrenador de bádminton. Sobre el abuso, Trapé revela: «Hemos intentado transmitir que es una cosa que sucede de manera paulatina en un entorno de máxima confianza por parte del niño, que es estar junto a su entrenador. Es una cosa progresiva, de ir invadiendo espacios y de ir traspasando la línea de lo íntimo».

En cuanto a la ludopatía, Yakarta la aborda con sensibilidad: «Me interesa mucho porque es un problema que nunca ha tenido muchos titulares», valora San José. «Nunca ha estado «como de moda». Ha estado ahí de toda la vida y posiblemente va a peor. Y esconde un verbo muy peligroso: «jugar». Es un verbo lúdico, divertido, que puede despistar de un problema gravísimo«.

 Televisión // elmundo

Noticias Similares