MasterChef 14 ya tiene ganadora. Tras una disputada final, la italiana Camilla Angelucci se proclamó vencedora del talent culinario conquistando a los jueces con sus platos Leer MasterChef 14 ya tiene ganadora. Tras una disputada final, la italiana Camilla Angelucci se proclamó vencedora del talent culinario conquistando a los jueces con sus platos Leer
El trofeo de MasterChef grabó el pasado lunes -la final se había grabado hace semanas- su 14º nombre en la lista de ganadores del talent culinario de Televisión Española y producido por Shine Iberia. Ese nombre fue el de Camilla Angelucci, una italiana afincada en Ibiza de 33 años que se alzó con la victoria tras derrotar en la final a Annie, Carlota y Chambo.
Camilla se llevó el ansiado trofeo del programa, los 100.000 euros del premio, continuará con su formación en el Basque Culinary Center y, el mes que viene, verá publicado su libro de recetas en un último programa que fue líder de audiencia en el prime time, con 774.000 seguidores, una cuota del 12,6% y 3.126.000 espectadores únicos.
El menú con el que conquistó a los jueces constó de un entrante de guisat de peix compuesto de sashimi de mero, patata aliñada, aceite de limón y crujiente de arroz llamado Para el mal, el mar…Y para el bien, también. La segunda propuesta fue un plato italiano: ñoquis rellenos de ricota y parmesano con crema de setas y corteza de queso, bautizado Raíces porque era un homenaje a sus padres y al lugar donde nació. Y para terminar, el postre, llamado Dulce vida, que fue una versión del clásico mel i mató con helado de leche de oveja, praliné de avellanas, aire de yogur, un crujiente y bañado con miel de panal.
Camilla hace balance sobre su paso por MasterChef 14, el papel de ‘villana’ con el que muchos la etiquetaron, cuál ha sido el primer capricho que se ha dado con el dinero ganado en el programa y, por último, sobre su futuro en el mundo de la gastronomía.
- ¿Qué fue lo primero que pensaste cuando ganaste y quién fue la primera persona que se te vino a la cabeza?
- Cuando dijo mi nombre Pepe, lo primero que hice fue decir: «No me lo puedo creer». Todavía sigo en el limbo, esperando despertarme de este sueño. La primera persona que me vino a la cabeza fue mi marido, que ha estado tanto, tanto, tanto tiempo acumulando fuerzas para poder seguir adelante con los niños sin mí y muy lejos. Este premio se lo dedico 100% a mi familia, a ellos que han estado ahí esperándome y confiando en mí.
- ¿Tu familia se ha vuelto más exigente ahora con tus platos?
- No se han vuelto exigentes, siempre lo han sido. Pero mi marido sí que se ha vuelto un poco más cocinillas. Se pone en la cocina, prepara comida y lo hace con una precisión muy peculiar. Exigentes nunca lo han sido conmigo; siempre me han hecho sentir bastante cómoda.
- Echando la vista atrás: ¿cómo resumirías tu paso por MasterChef?
- Lo resumiría como una terapia personal y una experiencia de crecimiento profesional. Entré siendo mucho más inmadura, una chica que se picaba por todo, que no aceptaba críticas, muy insegura. Y salgo con una seguridad altísima, con más confianza en mí y sabiendo mucho más. Ahora me siento completa de verdad.
«No me veo abriendo un restaurante con muchos trabajadores y gastos excesivos»
- ¿Y cómo definirías tu relación con tus compañeros, que a la vez eran rivales?
- Instaurar una relación sabiendo que te puedes enfrentar no es fácil. Al inicio cuesta acercarte, pero al final acabé con todos súper bien. Los cuatro finalistas vivimos la experiencia 100% juntos y nos tenemos un cariño especial. Y con los que se fueron antes, también, porque me habría gustado estar un pelín más con ellos. Los compañeros fueron una segunda familia.
- Te han definido como una de las ‘villanas’ de la edición. ¿Te sentías así?
- Entré como se me ha definido un poco: macarrilla. Siempre he sido polémica y si no pienso como tú, te lo digo de buenas formas y lo debatimos. Me encanta discutir. Pero ahí dentro me di cuenta de que a la gente no siempre le interesa lo que piensas, sobre todo si crea polémica. Hay que saber decir las cosas con educación, respeto y saber escuchar. Antes no lo hacía tanto y lo he aprendido.
- ¿Te motivaba que te dijeran que eras ‘la mala de la peli’?
- Absolutamente no. No soy la mala de la edición, soy cero mala, súper humilde, ese no es un adjetivo que se me pueda poner. Al principio me molestaba que dijeran que era macarra o que iba de mala, pero al final era lo que yo transmitía. El error fue entrar tan a la defensiva. Poco a poco me fui soltando y saqué lo que soy de verdad. Todo lo contrario a una malota.
- ¿Y qué tal con los jueces: Pepe, Jordi y Marta?
- Entré en MasterChef con miedo por ellos y son un espectáculo de personas. Pepe es una estrella, súper simpático, profesional y cercano. Marta es espectacular; entró nueva con miedo y me veo muy reflejada en ella siendo mamá. Ha sido súper profesional y humilde. Y Jordi… estoy enamorada de Jordi desde siempre. Aunque parezca duro, es impresionante. Me ayudó en momentos de estrés y me sorprendió un montón. Me llevo de los tres una experiencia fantástica para toda la vida.
«He colocado el trofeo del programa en la parte más alta del salón de casa»
- Después de ganar, ¿cómo ves tu futuro en la cocina?
- Voy a ir paso a paso. Siempre voy adelantada y empiezo mil cosas sin acabar ninguna. Ahora he decidido formarme en el Basque Culinary Center. Mientras tanto seguiré en redes con contenido culinario muy top. Me gustaría crear un laboratorio privado, eventos, algo a mi medida. No me veo abriendo un restaurante con muchos trabajadores y gastos excesivos. Quiero emprender poco a poco según mis capacidades.
- ¿Te gustaría asociarte con algún compañero para esos proyectos?
- Colaboraciones de vez en cuando, sí. Pero socios… tengo a mi marido y no voy a tener más socios. Los amigos y los negocios no se mezclan.
- ¿Te has permitido algún capricho con los 100.000 euros?
- Solo me he comprado un maletín de cuchillos para llevar al Basque Culinary Center. Intentaré guardar el dinero hasta el año que viene, cuando esté más formada y pueda emplearlo para hacer mi sueño realidad.
- ¿Dónde has colocado el trofeo?
- En la parte más alta del salón, porque como se le caiga encima a mis hijos, les mata. Es súper pesado, impone un montón. Lo he puesto en la parte más alta de una vitrina.
- ¿Cuál fue el plato que más te gustó preparar?
- El que más me gustó, además del risotto de gorgonzola y pera, fue un pan crujiente sin gluten con un guiso de calamar. Fue el único plato que he replicado desde que volví a casa y me hizo viajar al momento en que lo cocinaba. También el huevo de chocolate del chef Rasmus Munk, un origami con praliné de almendra, fue precioso de hacer.
- ¿Y el que más te costó?
- Por absurdo que parezca, la tortilla española. Nunca me atreví a hacerla y el último año hice un montón y me salían espectaculares. Pero en el concurso, con todos los ojos encima, quemé la tortilla, quemé los ajos… Me organicé mal. Fue un cocinado muy estresante y me llevo mal recuerdo.
- ¿Hay algo que no te guste comer? ¿Y cuál es tu comida favorita?
- El caviar no me apasiona. Lo puedo comer, pero no me gusta nada. Mi plato favorito es pasta con tomate. Un clásico para resaca, celebración, lo que sea. Con mucho parmesano.
- ¿Y tu plato estrella?
- Ahora me encanta cocinar pescados, sashimis, ceviches, cosas crudas. Antes no sabía ni limpiar un pescado y ahora me he enamorado de todo eso.
- En la final hiciste un homenaje a Italia e Ibiza, pero… ¿Cuál fue el primer plato típico español que probaste al llegar?
- El gazpacho. La primera vez que lo vi pensé: «Dios mío, no lo probaré nunca». Una sopa que se bebe… Ahora es uno de mis platos favoritos. También los canelones a la catalana y el pescado en salsa verde. Hay muchos platos españoles que me encantan.
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