La tripulación ha querido llamar Carroll a un cráter de la Luna, visto por el ojo humano por primera vez, en recuerdo de la esposa fallecida del comandante Reid Wiseman Leer La tripulación ha querido llamar Carroll a un cráter de la Luna, visto por el ojo humano por primera vez, en recuerdo de la esposa fallecida del comandante Reid Wiseman Leer
Los astronautas de Artemis 2 hicieron anoche historia con su aventura lunar y ya han iniciado el viaje de regreso a nuestro planeta.
El lunes fue la jornada crucial de esta misión de la NASA, con el sobrevuelo de la nave Orión alrededor de nuestro satélite. Fue un periodo de observación de siete horas que los cuatro tripulantes -tres estadounidenses y un canadiense- ejecutaron según lo planeado, convirtiéndose en los humanos que más se han alejado de la Tierra y en los primeros que contemplan a simple vista algunas zonas de la cara oculta, la parte más enigmática dado que no podemos verla desde la Tierra. Incluso vieron espectacular eclipse solar.
Eran las 19.56 en España cuando el comandante Reid Wiseman, el piloto Victor Glover y los especialistas de la misión Christina Koch y Jeremy Hansen superaron el récord establecido por la tripulación de la accidentada misión Apolo 13 en 1970. Entonces, James Lovell, Jack Swigert y Fred Haise se situaron a 400.171 kilómetros de distancia de nuestro planeta. Unas horas después, Artemis 2 añadió 6.600 kilómetros a su marca al alcanzar el punto más lejano de nuestro planeta de esta misión, por lo que los libros de historia recogerán que se situó a 406.771 kilómetros de distancia de la Tierra, tal y como precisó el director de la NASA, Jared Isaacman.
«Antes de partir, nuestros astronautas dijeron que esperaban que esta misión fuera olvidada, pero será recordada como el momento en que la gente empezó a creer que EEUU puede una vez más hacer lo casi imposible y cambiar el mundo», declaró Isaacman, que extendió su felicitación a los socios internacionales y comerciales que están haciendo posible volver a nuestro satélite. Pese a la euforia, recordó que «esta misión no habrá terminado hasta que la nave americe en el Pacífico», el próximo viernes por la noche (madrugada del sábado en España).
Para Lori Glaze, una de las máximas responsables de la misión, su dedicación va más allá de batir récords: «Lleva consigo la promesa de regresar a la superficie de la Luna, esta vez para quedarnos mientras establecemos una base lunar».
Desde la cabina de Integrity [Integridad, el nombre elegido por los astronautas para esta nave Orión], Jeremy Hansen, el primer ciudadano no estadounidense que va a la Luna, hizo alusión a los astronautas del pasado y del futuro: «Aquí, mientras superamos la mayor distancia que los humanos han recorrido jamás desde el planeta Tierra, lo hacemos en honor a los extraordinarios esfuerzos y logros de nuestros predecesores en la exploración espacial humana», afirmó solemne. «Elegimos este momento para desafiar a esta generación y a la siguiente a asegurarse de que este récord no perdure por mucho tiempo«, señaló, recordando el verdadero objetivo de esta misión de prueba: allanar el camino para que los humanos vuelvan a caminar por la Luna, construyan una base y se preparen para dar el salto a Marte.
Cinco días después de su espectacular lanzamiento desde Florida, la nave Orión devolvió al ser humano a la órbita de la Luna después de más de medio siglo, para observarla desde las alturas, a una distancia su superficie que en su máximo acercamiento fue de 6.550 kilómetros,
Artemis 2 no llegó a alunizar, pues el objetivo es probar la nave y los sistemas para un futuro aterrizaje que no será antes de 2028. Si se hubiera cumplido el plan trazado por Donald Trump en su primer mandato, ya habríamos vuelto a ver a astronautas caminando por la Luna en 2024.
Pese al retraso -2028 sigue siendo para muchos expertos una fecha demasiado optimista- la NASA se ha esforzado y ha conseguido entusiasmar al mundo con este vuelo de prueba, subrayando los hitos y récords que se están logrando. Durante el sobrevuelo alrededor de la Luna, estos cuatro astronautas -entre los que figuran la primera mujer y el primer astronauta negro que van a la Luna– se han convertido también en los primeros que contemplan a simple vista algunas zonas de la enigmática cara oculta.
China sigue siendo, no obstante, el único país que ha conseguido enviar un robot a la cara de la Luna que no vemos desde la Tierra, e incluso logró en 2024 traer muestras a la Tierra con la nave robótica Chang’e-6, todo un hito de la exploración espacial. Ahora, tanto EEUU como China compiten por pisar antes la Luna y por construir un asentamiento permanente, en el caso del gigante asiático, en colaboración con los rusos.
La fase de la misión de la NASA que se hizo anoche, al igual que lo está siendo todo este viaje, estuvo repleta de simbolismo y momentos emotivos. Y esto es algo en lo que los estadounidenses siguen ganando a los chinos por goleada. Uno de los más conmovedores fue el anuncio de que van a proponer que se bautice un cráter lunar con el nombre de Carroll Taylor Wiseman, en honor a la esposa del comandante Reid Wiseman, fallecida en 2020 a causa de un cáncer. «Hay un relieve en un lugar hermoso de la Luna, en la frontera entre la cara visible y la cara oculta… Nos gustaría llamarlo Carroll», dijo Jeremy Hansen. Wiseman, de 50 años y padre de dos niñas que cuida solo desde que quedó viudo, rompió a llorar.
También han propuesto que otro cráter se llame como la nave, Integrity.
Por su parte, Victor Glover aprovechó para hacer una declaración de amor a su mujer cuando, al leer un informe al Centro de Control, vio que estaba siguiendo la misión desde Houston: «Hola cariño, te quiero desde la Luna. Me alegra que puedas estar allí», afirmó el piloto de Artemis 2.
Casualmente, Jim Lovell, el legendario astronauta de las misiones Apolo 8 y 13, que falleció en 2025 a los 97 años, también nombró un cráter en honor a su esposa, Marilyn, en 1968.
La misión Apolo 8 está muy presente en Artemis 2 pues según ha reconocid Christina Koch, es muy importante para ellos. Incluso la mascota, Rise, el peluche que ejerce como indicador de gravedad cero, se basa en un diseño inspirado en la icónica imagen Earthrise tomada por los tripulantes de ese vuelo.
Antes del sobrevuelo, los tripulantes recibieron un mensaje especial que Lovell grabó para la misión hace tiempo: «¡Hola, Artemis 2! Soy Jim Lovell, astronauta del programa Apolo. ¡Bienvenidos a mi antiguo vecindario! Cuando Frank Borman, Bill Anders y yo orbitamos la Luna en el Apolo 8, la humanidad tuvo la primera visión cercana de la Luna y una perspectiva de nuestro planeta que inspiró y unió a personas de todo el mundo. Me enorgullece pasarles el testigo, mientras orbitan la Luna y sientan las bases para las misiones a Marte para el beneficio de todos. Es un día histórico y sé lo ocupados que estarán. Pero no olviden disfrutar de la vista. Así que, Reid, Victor, Christina y Jeremy, y todos los grandes equipos que los apoyan, ¡mucha suerte y que Dios los acompañe! De parte de todos nosotros aquí en la Tierra».
Fue un buen consejo porque decir que las vistas de las que disfrutaron desde las ventanillas de Orión eran envidiables es quedarse corto. Por turnos, pudieron observar tanto el lado cercano como el lado lejano de la Luna, y quizás -lo sabremos en los próximos días- descubrieron algunas zonas del satélite. Y es que, según explicó la NASA, «los ojos y el cerebro humanos son muy sensibles a los cambios sutiles de color, textura y otras características de la superficie», por lo que «la observación directa, junto con todos los avances científicos logrados en las últimas décadas, podría revelar nuevos descubrimientos y una apreciación más profunda de las características de la superficie lunar».
Cuando la nave se adentró por la cara oculta, y tal y como estaba previsto, el Centro de Control de Houston perdió temporalmente la comunicación con la tripulación cuando faltaban 10 minutos para la 1 de la madrugada. Una interrupción que duró unos 45 minutos. «Es fantástico oíros de nuevo desde la Tierra», exclamó Christina Koch cuando se reanudaron las comunicaciones.
El periodo de observación concluyó poco antes de las 4 horas de la madrugada del martes. La guinda fue un espectacular eclipse solar que pudieron observar tras restablecer las comunicaciones. Fue como un eclipse solar gigantesco con una diferencia fundamental: la silueta que tapa el Sol no fue la LUna sino la Tierra, rodeada por un tenue halo rojizo. Un anillo que contiene, literalmente, la luz de todos los amaneceres y atardeceres del planeta proyectados al mismo tiempo.
Ningún astronauta del programa Apolo presenció un eclipse completo de este tipo desde la órbita lunar, simplemente porque las trayectorias y calendarios de aquellas misiones, simplemente, no coincidieron con el fenómeno.
Se espera asimismo que, durante el regreso a la Tierra, manden ya algunas imágenes en alta resolución que han tomado, aunque parte del material será descargado cuando regresen.
Los científicos están impacientes por verlas, pues la cara oculta de la Luna presenta un paisaje muy distinto al que vemos desde la Tierra. Mientras el lado visible está salpicado de grandes mares lunares -las extensas llanuras oscuras formadas por antiguas erupciones volcánicas-, el lado oculto está dominado por altiplanos cubiertos de cráteres. La razón principal parece ser geológica: la corteza lunar es allí más gruesa, lo que impidió que el magma del interior ascendiera con la misma facilidad que en el lado que mira a la Tierra. Como resultado, la superficie conserva una densidad de impactos mucho mayor, una especie de archivo natural que registra miles de millones de años de colisiones con asteroides y cometas, cuando el Sistema Solar era un lugar mucho más violento.
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