Europa estrena una defensa común para blindar a Chipre de la guerra contra Irán

Los cimientos de una verdadera defensa común europea se intuyen en Chipre. Varios países europeos han enviado a la pequeña isla mediterránea cazas militares, fragatas, sistemas antimisiles y antidrones y helicópteros tras el ataque de un dron iraní contra una de las bases británicas que acoge la isla. Chipre, miembro de la Unión Europea pero no de la OTAN, no ha activado aún el artículo de asistencia mutua de los Veintisiete. Sin embargo, Francia, Grecia, Italia o España se han aprestado a apoyar al pequeño país que, además, preside este semestre el Consejo de la UE.

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 Francia, Grecia, Italia y España salen en apoyo de la isla mediterránea, miembro de la UE pero no de la OTAN, tras el ataque de un dron  

Los cimientos de una verdadera defensa común europea se intuyen en Chipre. Varios países europeos han enviado a la pequeña isla mediterránea cazas militares, fragatas, sistemas antimisiles y antidrones y helicópteros tras el ataque de un dron iraní contra una de las bases británicas que acoge la isla. Chipre, miembro de la Unión Europea pero no de la OTAN, no ha activado aún el artículo de asistencia mutua de los Veintisiete. Sin embargo, Francia, Grecia, Italia o España se han aprestado a apoyar al pequeño país que, además, preside este semestre el Consejo de la UE.

Esta es la primera vez que los socios europeos lanzan un despliegue similar en apoyo a otro Estado miembro en un contexto de guerra, el de la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán. Y puede ser, señalan varias fuentes de las instituciones de la UE, un cambio de paradigma en una Europa que se rearma en medio del desorden global de un tablero geopolítico en llamas.

Nicosia, que siente la amenaza de los drones Shahed de fabricación iraní, quiere que los europeos ayuden a la isla. El presidente chipriota, Nikos Christodoulides, ha optado por solicitar la cooperación y el apoyo bilateral de su socios, en vez de accionar la palanca de la UE. Algún país como Alemania, a quien solicitó apoyo naval, ha rechazado por el momento su petición. Sin embargo, otros se han hecho eco de su necesidad de apoyo.

España ha anunciado este jueves que enviará la fragata Cristóbal Colón al Mediterráneo oriental. Formará parte del despliegue europeo para dar protección a Chipre, junto al portaviones francés Charles de Gaulle y buques de la Armada griega. Además, tanto Francia como Grecia (que tiene acuerdos especiales de defensa unificada con Chipre) han enviado cazas militares a la isla para blindar a Chipre tanto de los ataques de Irán como de su aliado Hezbolá. La isla está a unos 300 kilómetros de Líbano, donde Israel ha intensificado su ofensiva en paralelo a los ataques al régimen iraní. También el Reino Unido, que no forma parte de la UE pero que tiene dos bases de sus fuerzas aéreas en ese país, ha enviado apoyo militar. Italia ha informado este jueves de que enviará naves militares.

Arancha González Laya, exministra socialista de Exteriores y ahora decana de Sciences Po (París), cree que aunque no se haya invocado el artículo 42.7 de la UE —que marca que “si un Estado miembro es objeto de una agresión armada en su territorio, los demás Estados miembros le deberán ayuda y asistencia con todos los medios a su alcance”—, se está utilizando el mecanismo previsto en él. No todos los Estados miembros de la UE son aliados de la OTAN (23 de los 27 lo son) y eso no significa que no tengan las mismas ambiciones de protección, señala. “No es la letra, es el espíritu lo que se está aplicando”, explica la exministra española.

Domènec Ruiz Devesa, exeurodiputado y ahora analista en el centro de investigación en relaciones internacionales CIDOB, cree, sin embargo, que Chipre debería haber activado el artículo 42.7 de la UE, que contempla la asistencia mutua entre los Estados miembros en vez de optar por la colaboración bilateral. Ese artículo solo se ha activado una vez, por Francia, tras los atentados yihadistas en la sala parisina de Bataclan en 2015,

“Se ha desaprovechado la oportunidad de lanzar un esquema europeo”, dice el experto. Devesa, que fue asesor en el Departamento de Acción Exterior del entonces alto representante para Política Exterior y Seguridad de la UE Josep Borrell, señala además que el funcionamiento normal de las instituciones europeas se ha visto alterado por el ataque al pequeño país mediterráneo, que ha tenido que suspender ya varias reuniones de ministros y de altos funcionarios de la UE que se iban a celebrar allí.

Más allá de la teoría, el envío de fuerzas europeas a Chipre es muy importante, remarca González Laya. Y también, por su dimensión mediterránea, es “clave” que esté España, señala. La decana de Sciences Po ve el despliegue europeo en Chipre como el germen de la defensa europea común. Como un pequeño ensayo de cómo se debería hacer si llegase el momento. Un ensayo en el que Francia está teniendo un papel de liderazgo (como EEUU en la OTAN) y un grupo de Estados miembros le acompañan. “El despliegue ofrece varias señales, también la de disuasión: es un mensaje claro hacia los enemigos de Europa en el sentido más amplio, porque esto lo está viendo también Rusia”, dice González Laya.

“Cuando se redactó el artículo de asistencia mutua probablemente nunca se imaginó un caso como este, pero nos encontramos en una doble situación: primero una OTAN debilitada por la actitud de esta Administración estadounidense pero con una enorme necesidad de las capacidades de la Alianza Atlántica; y segundo con un Estado miembro de la UE, que no es aliado de la OTAN, en una situación de peligro. Es decir, estamos ante la debilidad de la OTAN como mecanismo de defensa y con la necesidad de la Unión Europea, de Europa, de construir capacidades, aunque EEUU no lo quiera o sin Estados Unidos”, abunda la exministra.

Con el regreso de Trump a la Casa Blanca, su política exterior agresiva, sus ataques a Europa y las dudas de si defenderá a sus aliados ante un hipotético ataque, la Unión Europea piso el acelerador hacia un rearme y un cambio de mentalidad que ya empezó mucho antes, con la guerra de Rusia contra Ucrania que dinamitó la arquitectura de seguridad del Viejo Continente. La UE presentó hace ya dos años su estrategia europea de defensa. Fue el inicio de un paso de gigante para lanzar un sistema de compras conjuntas, la reposición de arsenales y el desarrollo de las empresas militares europeas. Después, se pusieron en marcha mecanismos para financiar el rearme. Pero todo ha ido despacio.

OTAN en Groenlandia

Las cifras, además, son claras: Europa no tiene capacidades de defensa para sustituir totalmente las que Estados Unidos tiene en Europa. Ni siquiera para reemplazar los 20.000 soldados que Washington envió como refuerzo tras la invasión rusa de Ucrania. Tampoco para suplir su sofisticado armamento —sobre todo, de precisión, en defensa aérea y de misiles integrada—, logística y sistemas de vigilancia y reconocimiento, según apunta un informe del Centro Belfer, de la Harvard Kennedy School.

El despunte de la defensa y asistencia europea ya sobrevoló hace unos meses, tras las amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, sobre Groenlandia, un territorio autónomo parte del Reino de Dinamarca que el magnate republicano codicia y ha llegado a amenazar con tomar por la fuerza. Entonces, un grupo de países europeos se unieron para hacer maniobras militares conjuntas en la inmensa isla ártica en una señal inequívoca a la Administración estadounidense. En ese momento, el esquema adecuado fue el europeo, señala una alta fuente de Bruselas, que recuerda que tanto Dinamarca como EEUU son aliados de la OTAN. “Y la amenaza sobre Groenlandia no ha terminado. Dudo que Trump se haya olvidado del todo de su idea de tomar la isla”, considera. “El camino, el futuro para una autonomía estratégica europea de verdad pasa por avanzar hacia una defensa europea común”, añade.

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