Jared Kushner, el enviado y yerno de Donald Trump, ha mantenido en las últimas 48 horas en Oriente Próximo varias reuniones para impulsar el alto el fuego en Gaza (que forjó el presidente de EE UU) después de que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, rechazase este mes un acuerdo específico entre Hamás y la Junta de Paz, el organismo que supervisa la aplicación de la tregua, sobre el desarme del movimiento islamista.
Tras una entrevista de tres horas, el enviado de la Casa Blanca da luz verde a Netanyahu para seguir bombardeando la Franja, según el diario ‘Haaretz’
Jared Kushner, el enviado y yerno de Donald Trump, ha mantenido en las últimas 48 horas en Oriente Próximo varias reuniones para impulsar el alto el fuego en Gaza (que forjó el presidente de EE UU) después de que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, rechazase este mes un acuerdo específico entre Hamás y la Junta de Paz, el organismo que supervisa la aplicación de la tregua, sobre el desarme del movimiento islamista.
Uno de los encuentros del domingo destaca por extraordinario y como muestra de la voluntad de la Administración Trump de romper los moldes de Gobiernos anteriores. Kushner; Nickolay Mladenov, el máximo responsable de la Junta; y Tony Blair, el ex primer británico involucrado en el proceso, se reunieron en Egipto directamente con Jalil al Haya, el nuevo líder de Hamás, pese a que EE UU lo considera un movimiento terrorista.
Este lunes ha sido el turno de Netanyahu, que actúa en Gaza con la mirada puesta en las elecciones del próximo octubre, en las que los sondeos le auguran un panorama complicado. Los comunicados tras la entrevista, de tres horas, exudan optimismo, pese a ser Hamás quien acepta formalmente el pacto de desarme de la Junta e Israel, quien lo rechaza.
El primer ministro israelí ha dado cuenta de “conversaciones profundas y constructivas” en las que coincidieron en que la reconstrucción de la devastada Gaza —que lleva diez meses paralizada por Israel— solo comenzará tras el “desarme y desmilitarización” de Hamás y el resto de facciones armadas. La Junta, por su parte, ha asegurado que las “muy productivas” conversaciones parieron un acuerdo sobre “un camino a seguir” al que Israel “va a dar una oportunidad”. “Ahora le corresponde a Hamás demostrar si realmente tiene la intención de cumplir”, ha añadido.

El tema clave es cuánto van a seguir permitiendo a Israel EE UU y la Junta (que preside Trump) el incumplimiento de las obligaciones que adquirió cuando firmó en octubre el acuerdo por el que recuperó los últimos rehenes —vivos y muertos— que Hamás había tomado en su ataque de octubre de 2023. Israel no ha dejado desde entonces de bombardear a diario, impedir la reconstrucción y poner trabas a la entrada de ayuda humanitaria a una Gaza que sigue sin agua y electricidad, y con cientos de miles de personas viviendo en tiendas de campaña.
Pese al no de Netanyahu al plan de desarme, Israel ha aflojado los ataques en las últimas dos semanas, sin detenerlos por completo. Por un lado, están los que considera de autodefensa: los muertos por acercarse o sobrepasar la Línea Amarilla, que separa la parte (un 53%) de Gaza ocupada por las tropas israelíes y la restante, en manos del Gobierno de Hamás. El ejército los suele describir como milicianos contra los que abrió fuego al acercarse sospechosamente a las tropas, pero a menudo han resultado ser civiles que trataban de regresar a sus localidades de origen o buscaban sustento.
Luego están los denominados “asesinatos selectivos”. Israel viene aplicando en los últimos días una distinción según la cual solo bombardea contra aquellos palestinos que presenta como “bombas de relojería”, porque estarían supuestamente planeando atacar a las tropas. Es el caso de los dos muertos de este domingo, que se suman a otros más de 1.260 en los diez meses de alto el fuego. La pasada semana, el ultraderechista ministro israelí de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, abogó por matar “cada noche” en Gaza a unas 30 o 40 personas.
Los asesinatos selectivos estaban en el foco, porque ya los prohibía el acuerdo de alto el fuego y volvía a hacerlo, en julio, el pacto para que Hamás entregue las armas. Según el diario Haaretz, la reunión entre Kushner y Netanyahu ha concluido con un acuerdo que le permitirá continuarlos. Las filtraciones de la entrevista apuntan además a que las armas quedarán bajo custodia del Gobierno tecnocrático (al que Israel aún impide la entrada), pero las pondrán antes en manos del general estadounidense Jasper Jeffers para su destrucción o inutilización, una píldora difícil de tragar para Hamás. También tendrán que entregar las armas ligeras, que inicialmente iba a mantener, por considerarse defensivas, no ofensivas.

En la víspera, tras la insólita reunión con su líder, Hamás emitió un comunicado que apenas aportaba detalles. El movimiento islamista insistió en que la Junta de Paz y los mediadores deben “cumplir sus responsabilidades y obligar a la ocupación [Israel] a respetar todas sus obligaciones de la primera fase [del alto el fuego], deteniendo todas las vulneraciones, los asesinatos y las incursiones”. Al Hayya insistió en que Hamás solo podrá cumplir su parte del acuerdo si Israel cesa los ataques y en que Netanyahu debe aceptar públicamente el pacto de desarme. Kushner, al revés: solo si dan pasos tangibles de desarme, EE UU hará lo posible para que Israel dé los suyos, según el medio Axios.
La oficina de Netanyahu ha informado de otro resultado de la reunión: la creación de dos grupos de trabajo cuya composición o calendario no detalla. Uno estará consagrado a la desmilitarización de Gaza y el otro, a asuntos de “saneamiento, agua potable y otros problemas de salud pública para la población de Gaza”.
El cerco israelí ha convertido la Franja en un estercolero insalubre donde se propagan las enfermedades cutáneas y las plagas de insectos, mosquitos y roedores. Consciente de que cualquier mejora en las condiciones de vida de los gazatíes molesta a buena parte de su base, Netanyahu justifica la medida en que los problemas de salud pública de Gaza “impactan también en la población de Israel”, por la cercanía geográfica
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