La familia Sánchez Saborido ha vuelto a aceptar el reto de viajar durante casi un mes seguido por el mundo, esta vez por Japón. «Era todo un reto», reconoce el director de El Capitán en Japón, Javier Ruiz, pues había que conseguir que la familia de Joaquín no perdiera la chispa de la primera temporada Leer La familia Sánchez Saborido ha vuelto a aceptar el reto de viajar durante casi un mes seguido por el mundo, esta vez por Japón. «Era todo un reto», reconoce el director de El Capitán en Japón, Javier Ruiz, pues había que conseguir que la familia de Joaquín no perdiera la chispa de la primera temporada Leer
Escuchar a Joaquín y a su familia —Susana Saborido, su mujer, Salma y Daniela, sus hijas— no tiene nada de diferente a lo que sería escuchar a nuestras propias familias. Discuten, se tiran pullas, una detrás de otra, se quejan, protestan, pero, sobre todo y por encima de todo, se ríen y transmiten el amor que los unos sienten por los otros, «pese a que discutimos muchísimo».
La presentación de la nueva temporada de El Capitán, que llega este miércoles por la noche a Antena 3, fue precisamente eso: la familia Sánchez Saborido recordando los momentos de este viaje «espiritual» y «emocional» en el que, una vez más, se han descubierto los unos a los otros. Después del éxito de El Capitán en América, líder con una media del 13,6% de cuota de pantalla, Antena 3 volvió a confiar en Proagmana, la productora del programa, en Javier Ruiz, su director, y en el talismán que es Joaquín para la cadena, para que pusieran rumbo a Japón. Nuevo país, nuevos sueños por cumplir y un reto, «conseguir que en un país tan diferente, la familia no perdiera su esencia», asegura Ruiz, el cual confiesa estar «completamente enamorado» de esta familia: «Tienen muchos defectos, pero estoy enamorado hasta de sus defectos».
Y es precisamente en esos defectos donde reside el éxito de Joaquín y su familia en televisión. Siendo unas celebrities es muy complicado que se muestren tal cual como son; siendo unas celebrities intentar que se comporten con la mayor naturalidad del mundo, mientras tienes a tu alrededor a 25 personas que te están grabando, es casi un hito. Pero Joaquín y su familia, tal vez, no sean expertos en televisión, pero sí lo son en olvidarse de todo eso y centrarse simplemente en disfrutar, conscientes del «regalazo» que supone llevar a cabo este viaje y que sea tu trabajo.
«No os podéis imaginar lo afortunados que somos de hacer este tipo de programas», asegura Joaquín. «Siempre vamos con la intención de disfrutar», insiste. Eso sí, tiene claro cómo son: «Somos una familia que discutimos mucho, pero cada día por la noche nos vamos a la cama llenos de amor». Y ahí está la clave, «desde casa esa familia que nos ve, la trasladamos a donde estamos nosotros». No miente Joaquín con esta afirmación, pues lo que se ve en pantalla, más allá del humor espontáneo y triunfador del que fuera capitán del Betis, es a una familia en un viaje a lo desconocido con los problemas que cualquier familia tendría: uno quiere hacer unas cosas, el otro, otras; a uno no le gusta una cosa y al otro le gusta demasiado; uno es inagotable, el otro no puede ni con su alma.
Durante casi un mes, exactamente 25 días, la familia Sánchez Saborido recorre un viaje que es mucho más que conocer un nuevo país, es conocerse a ellos mismos. En la mochila de este divertido y particular viaje metieron un claro objetivo, que contó hasta con la ayuda externa de una coach experta en terapia familiar: discutir menos y aprender a convivir.
El punto de partida de la familia de Joaquín es Sevilla, desde donde vuelan a la capital japonesa para recorrer el país con parada en el propio Tokio, donde vivirán una alerta de tsunami que pondrá los pelos de punta a la pequeña de los Sánchez Saborido, para después continuar el camino hacia el monte Fuji, Takayama, Nara, Kioto, Osaka y Okinawa, entre otros parajes, entre los que se incluye el aislamiento de la familia completa en un templo de monjes budistas donde tuvieron que estar tres días sin hablar y solo alimentándose de comida vegana.
«Mi mujer estaba loca por irse a un templo budista», interrumpe Joaquín, mientras Salma y Daniela resoplan, visibilizando lo que fueron aquellos tres días. «Salimos corriendo de allí», apostilla Susana entre risas. Y como esta, decenas de momentos que ni siquiera los miembros del equipo —las 25 personas que viajan con ellos para realizar el programa— pudieron contener. «Recuerdo el momento en el que Susana le propone a Joaquín en el templo budista que se rape el pelo. Obviamente, Joaquín, que ahora mismo está feliz con su trasplante de pelo, no aceptó, pero a cambio dejó que se le diera un masaje algo especial. Contratamos a un barbero y… y solo puedo decir que hemos sido incapaces de quitar las risas del equipo en el montaje», revela Ruiz.
O el momento en el que Joaquín se viste de sumo y se enfrenta a un luchador. «Yo solo podía decir que parecía enfermito», afirma Susana Saborido, mientras Joaquín es incapaz de contener la carcajada. O el día en que Susana, Salma y Daniela decidieron vestirse de geishas. «Intentábamos que Susana se viniera arriba, aunque estaba horrorosa», cuenta el director de El Capitán en Japón. «Fue verlas y lo primero que pensé fue que esa no era mi familia», añade el ex futbolista.
Es decir, las risas, una temporada más, están más que aseguradas con esta familia que se enfrenta al gran reto de convivir más de tres semanas en un país desconocido, con una cultura totalmente distinta y en un idioma que ninguno de los cuatro entiende, «aunque Susana se piensa que todo el mundo la entiende». Spoiler: la mujer de Joaquín decidió que la guía que les acompañaba, en lugar de llamarse Yunko, se llamaba Junko. Junko en japonés es caca. Durante todo el viaje la llamó así.
El estreno de esta noche comienza en España, donde la familia ultimará los preparativos de su viaje. Joaquín, Susana, Salma y Daniela inician la aventura ya desde casa. Pero no lo harán solos: Cristina Muñoz, psicóloga, sexóloga y coach, les dará unas pautas para reducir los posibles niveles de conflicto que surjan entre los miembros de la familia.
Su llegada a Tokio arranca con fuerza: una noche en un hotel cápsula, una experiencia que marcará el ritmo del choque cultural que están a punto de vivir. Pasearán por Akihabara, entre neones, cultura pop y mucho anime. Participarán en una yincana por parejas en el metro: cada equipo competirá por llegar primero… y con esta familia nunca se sabe lo que puede pasar y, después, cruzarán el icónico paso de Shibuya y descubrirán unos baños públicos con paredes de cristal que se volverán opacas al cerrarse.
«Este viaje nos ha unido más porque vivimos tantas experiencias que aprendemos más a escucharnos entre nosotros», confiesa Joaquín. «Yo solo puedo decir que con este viaje no he descubierto nada nuevo de mi familia, pero no lo he descubierto porque pensaba que tenía una familia maravillosa y el viaje me ha servido para reiterarme. No la cambiaría por nada», añade Susana Saborido.
El viaje, para sorpresa de Joaquín, culminará en Barcelona. ¿Por qué en Barcelona? «Porque viví el sueño de mi vida». Joaquín pudo conocer en persona a Jennifer López: «Imagina que por la puerta entra Tor con el pecho al descubierto, esa espalda y ese aura… Hasta Susana me dijo que era una diosa. Confieso que visualmente no me acuerdo de cómo fue ese momento en el que la tuve delante. Sí, viví el sueño de mi vida, pero me hubiera gustado que estuviera mi familia delante». «Yo me quedé fuera apoyada en un cenicero», sentencia Susana Saborido. Y vuelta a discutir, y vuelta a reír…
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