El experto explica los riesgos geológicos que sufre Grazalema, ‘epicentro’ de este episodio de lluvias, y pide aprovechar que tenemos agua asegurada al menos para un año para proyectar su gestión a nivel nacional Leer El experto explica los riesgos geológicos que sufre Grazalema, ‘epicentro’ de este episodio de lluvias, y pide aprovechar que tenemos agua asegurada al menos para un año para proyectar su gestión a nivel nacional Leer
La extraordinaria cantidad de lluvia que está cayendo en las últimas semanas por la encadenación de borrascas ha puesto al límite la capacidad de absorción de los suelos y la capacidad de algunos embalses. Una situación que mantiene muy alertas a científicos como Jorge Olcina Cantos (Alicante, 1966) catedrático de Análisis Geográfico Regional en la Universidad de Alicante y experto en agua y ordenación del territorio. El también director del Laboratorio de Climatología de esta universidad ha sido revisor del 5º Informe del IPCC, el grupo de expertos de cambio climático vinculados a la ONU.
Hay muchas zonas afectadas por todo el país pero una de las peores paradas es la localidad gaditana de Grazalema, que fue completamente evacuada el jueves ante la peligrosa situación que se está viviendo estos días. Decir que llueve sobre mojado es quedarse muy cortos, pues en lo que va de año se han acumulado 2.000 litros por metro cuadrado.
- El pueblo de Grazalema ha sido desalojado por la preocupante situación del acuífero que hay en el pueblo y por los crujidos y movimientos que están sintiendo los vecinos. ¿Qué riesgos hay?
- Estamos en el entorno de las cordilleras Béticas, en concreto, en la zona Subbética que es una zona muy caliza. La piedra caliza es muy permeable, es decir, filtra el agua y forma lo que llamamos acuíferos, que son depósitos de agua subterráneos, que están dentro de la montaña o debajo del suelo. En este caso, todo ese sector de Grazalema es un enorme acuífero dentro de la montaña, pero claro, ha llegado a un nivel de saturación desde el pasado diciembre que está escurriendo. El acuífero ha llegado, por así decirlo, a su límite máximo, y por eso está saliendo agua de las casas. El suelo está completamente colmatado, y entonces ya no absorbe más agua. Escurre y escurre hacia los cauces próximos, hacia barrancos y a los ríos que pueda haber cerca, que van aumentando su caudal y terminan también por desbordar e inundar sus riberas, que es lo que también se está viendo.
- Se están produciendo también crujidos en el suelo y se ha hablado de microsismos o hidrosismos. ¿Cómo se forman? ¿Son terremotos?
- Cuando se acumula tanta lluvia en un acuífero, lo que hay son fuertes presiones del agua sobre la roca, y en estos casos se generan esos pequeños movimientos y deslizamientos de roca, que son internos, ocurren dentro de la montaña, pero se registran como pequeño movimiento sísmico. Tiene un doble efecto: dentro de la montaña esas presiones van produciendo fracturas, y eso es lo que genera esos pequeños movimientos sísmicos. Fuera de la montaña, el suelo, la roca ya no puede soportar más agua y se producen deslizamientos de tierra y derrumbes.
- ¿Esos temblores no son entonces terremotos provocados por las placas tectónicas?
- No, los provoca el choque de placas pero hay que recordar también que toda la zona del sureste, desde el Estrecho Gibraltar hasta Alicante, es la zona sísmica más importante de España. Ahí chocan las dos placas, la europea y la africana. Pero en este caso no son terremotos provocados por el choque de placas, sino por la presión del agua. El hidrosismo da lugar a pequeños movimientos. Los del jueves fueron de un magnitud de en torno a 2 o 2 y pico, según los datos de la Red Sísmica Nacional. Puede haber derrumbes en carreteras, en taludes, algún bloque que pueda caer encima de alguna casa, etc. Va a seguir escurriendo agua durante algunos días, hasta que descienda un poco del nivel y permita que las casas vuelvan a ser habitables. Por eso, cuando deje de llover va a haber que estar muy atentos y seguir vigilantes, ese es el consejo que doy a la población.
- A finales de enero hubo un gran derrumbe en una colina de la localidad siciliana de Niscemi, quedando el pueblo al borde del precipicio por el deslizamiento de tierras.
- Sí, fue por el paso de la borrasca Harry que también nos afectó a nosotros y que se fue hacia el Mediterráneo. Este derrumbe se debió a la acumulación del agua, al viento y al material, que es muy erosionable. Son arcillas que se hinchan de agua y cuando deja de llover se rompen y caen.
- ¿Son zonas en las que no habría que haber edificado?
- Sí. Es algo que nos pasa también aquí en España, que sobre todo en los años 60, 70 y 80, cuando no se hablaba de estas cosas, hemos construido en zonas en las que no se debería haber construido y ahora nos echamos las manos a la cabeza. La nueva construcción, a partir de este siglo, ya se hace con las normativas adecuadas y obliga a tener mapas de riesgo y a no ocupar esas zonas de alto riesgo.
- ¿Son lluvias atípicas para España?
- Sí, sí. Lo que estamos teniendo ocurre más o menos una o dos veces cada 20 años. Y este año nos ha tocado. Otra reflexión que he hecho estos días es que es un gran momento para planificar el agua en España. Tenemos agua abundante en muchas cuencas hidrográficas para al menos un año, así que es el momento de sentarnos todos: los técnicos, los científicos, los políticos, y diseñar el esquema de agua para las próximas décadas, para adaptarnos a lo que estamos viendo con el cambio climático. Porque sólo hablamos de esto cuando falta el agua, que es el peor momento porque surgen disputas y conflictos.
- La dana de Valencia puso de manifiesto la gran cantidad de gente que vive en zonas inundables y los riesgos. Ha pasado más de año, ¿ve avances para solucionar este problema?
- Lo que ha mejorado mucho es lo que llamamos la gestión de la emergencia, es decir, los sistemas de alerta a poblaciones, y las actuaciones de Protección Civil y de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. En este caso, la actuación en Andalucía ha sido impecable. En la dana nos dimos cuenta de que informar con tiempo a la población es lo más importante porque es lo que salva vidas. Pero en lo que respecta a la actuación en lo que llamamos ordenación del territorio, de momento se ha hecho muy poco, sólo se ha reconstruido lo que se destruyó: puentes, etc pero no hay de momento una planificación sostenible de ese espacio. Hay que revisar los mapas de riesgo porque lo que vemos es que en cada uno de estos episodios se rebasan los umbrales y hay que adaptar esto a las medidas de planificación urbanística. En algunos casos habrá que evitar la ocupación futura de esos espacios de riesgo, en otros habrá que trasladar a la gente, generar polígonos de viviendas en zonas de bajo riesgo de inundación porque nos hemos dado cuenta que hay áreas de muy alto riesgo que están muy ocupadas y merecen un tratamiento especial. Siempre, desde el diálogo y el acuerdo, hablando con los propietarios planificándolo con tiempo. El problema de nuestro país es que vamos a salto de mata. Antes de la dana de Valencia ya había habido inundaciones dramáticas, y no supimos o no quisimos actuar. Además, el cambio climático provoca que esos fenómenos adquieran cada vez más energía e intensidad. La gran tarea de nuestro país en los próximos años es adaptarnos, porque vamos a seguir perdiendo dinero y sobre todo, vidas humanas. Y eso es lo que hay que evitar.
- ¿Considera que España no está preparada para hacer frente a los efectos del cambio climático?
- No, no está preparada para asumir el nuevo escenario climático, que es mucho más extremo y, por tanto, obliga a tener mucha más precaución, a ampliar las zonas que no se pueden ocupar. Tenemos herramientas y conocimiento tenemos para poder hacerlo, pero planificándolo con tiempo, no yendo a salto de mata, pues a golpe de desastre no se arreglan las cosas. La política se fija en lo urgente, reconstruyo un puente. Y está bien, pero el problema es más complejo. Otra reflexión que hago es que, igual que se dedica un porcentaje del PIB a la Defensa, creo que un país como España debería dedicar como mínimo un 1% del PIB anual a la adaptación al cambio climático, incluyendo la revisión de presas, construcción de obras de defensa, alcantarillado urbano con capacidad suficiente para evacuar esas lluvias intensas, parques inundables… Así la economía va a sufrir menos y sobre todo, el número de víctimas será muy inferior.
- ¿Cuánta gente vive en zonas inundables en España?
- El dato oficial es 2.730.000 habitantes, según el Sistema Nacional de cartografía de zonas inundables pero yo creo que serán más porque este sistema, que depende del Ministerio de Transición Ecológica (MITECO), solo tiene analizadas las zonas con riesgo de inundación significativo, según la directiva europea, pero no está cartografiado todo el territorio. Si 2.730.000 personas son el 6% de la población, yo estimo que el 10%, entre 4,5 y 5 millones de personas, viven en zonas de riesgo de inundación de diferente grado. No se trata de dar un mensaje catastrofista ni de asustar a la gente, pero sí hay que trasladar el mensaje de que hay que prepararse y actuar, adaptando el territorio y que la gente lo sepa, porque hay mucha gente que desconoce que vive en zona de riesgo.
- Desde la Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos llevan tiempo denunciando el deficiente estado de conservación de algunas presas. ¿Comparte su preocupación? ¿Hay que revisarlas?
- En conjunto el nivel de seguridad de las presas en España es elevado pero habría que hacer un análisis y una revisión de la situación de cada una de ellas para poder actuar en las que sea necesario. Algunas son de los años 40, 50 y 60, han acumulado muchos sedimentos en la parte inferior y ya no tienen la capacidad de almacenamiento que tenían cuando se inauguraron. Cuando llega lluvia como la de estos días, muy continuada o muy abundante tipo dana, llegan al límite de su función. ¿Qué soluciones puede haber? No son fáciles ni baratas, pero en las que hay una acumulación importante de sedimento se pueden hacer drenajes, que son costosos porque hay que pasarlos por un tratamiento de descontaminación porque han podido recibir aguas residuales. En otros casos, donde se pueda y no haya un gran impacto ambiental, se puede levantar la pared de la presa algunos metros más para aumentar su capacidad, pero eso siempre tiene que ir precedido de cálculos precisos de presión y fuerza del agua para garantizar que puede soportarlo. Hay que invertir lo que sea necesario porque nos jugamos vidas humanas.
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