El francés vio la roja por retener el balón tras una falta a Kane. «Es inexplicable expulsar a un jugador por eso», criticó Arbeloa. El vestuario, muy dolido Leer El francés vio la roja por retener el balón tras una falta a Kane. «Es inexplicable expulsar a un jugador por eso», criticó Arbeloa. El vestuario, muy dolido Leer
24 minutos duró en el campo Eduardo Camavinga y ocho tardó en ver las dos amarillas que sentenciaron la noche y la temporada del Real Madrid. El futbolista francés vio una amarilla por un agarrón sobre Musiala y la segunda por retener el balón más de la cuenta tras una falta a Harry Kane. Protestó todo el banquillo del conjunto blanco, consciente de que ahí se terminaba el curso, pero no sirvió de nada. Tres minutos después, Luis Diaz anotó el empate a tres y clasificó al Bayern para las semifinales.
«Nadie entiende que puedas expulsar a un jugador por algo así. La eliminatoria se ha acabado en ese momento. Es inexplicable e injusto. Felicito al Bayern por la gran eliminatoria, pero nos hubiese gustado que nos ganaran de manera diferente. Es una expulsión inexplicable, una injusticia», criticó Arbeloa en la sala de prensa. En la misma, el técnico admitió que el vestuario cree que Vincic no sabía que Camavinga ya tenía tarjeta.
«Sí. Creo que le ha sacado la segunda porque han ido los del Bayern a decirlo. A veces parece que los árbitros o no han jugado al futbol o no entienden», insistió el entrenador. En el momento, Vincic le sacó la tarjeta a Camavinga y al instante se fue hacia atrás para reanudar el juego, hasta que por las protestas de los futbolistas del Bayern se dio cuenta de que era la segunda.
El técnico salmantino apeló a la épica durante toda la semana, al escudo, a la historia… A todos menos al fútbol porque sabía bien que a veces el balón es lo menos importante en este deporte. A los 34 segundos, Múnich encontró la respuesta. Un error de Neuer en salida y un golazo de Güler, el segundo más rápido en la historia del club en la Copa de Europa tras uno de Rial al Amberes en 1957 (31 segundos). Puro Real Madrid.
El Madrid dio el primer puñetazo de una primera parte imparable, sin tiempos muertos. La entrada de Bellingham y Brahim en lugar de Camavinga y Pitarch dejó un centro del campo inédito en el cuadro blanco. Fede Valverde como mediocentro, tres mediaspuntas a su alrededor y Vinicius y Mbappé para meter peligro a la defensa del Bayern.
Atrás, Mendy, que jugó 45 minutos en la ida contra el Manchester City desapareció un mes hasta ser visto de nuevo en el tramo final del duelo contra el Girona. El francés, en una actuación extraordinaria a la par que inexplicable por su supuesta falta de ritmo competitivo, fue el antídoto de Olise, que había pasado por encima de Carreras en la ida. Al lado del francés, Militao, que no salía de inicio en Europa desde la cita de Anfield, allá por noviembre.
Todas esas circunstancias dieron igual porque no hubo ni tiempo para reflexionar sobre ellas. Güler marcó a los 34 segundos, Pavlovic en el minuto seis, Güler de nuevo en el 29 con una falta sensacional, Kane en el 38 y Mbappé en el 42. Cinco goles y tres del Madrid en un rato impredecible. Los blancos, que ya habían metido tres en el Allianz en la primera parte de las semifinales de 2014, repitieron hazaña en tierra hostil. Es el único club que lo ha hecho jamás.
Pero el esfuerzo del Madrid se encontró con la inmadurez de Camavinga y con la rigurosidad del esloveno Slavko Vincic, que no dudó en expulsarle antes de los goles de Diaz y Olise. Los blancos se comieron al árbitro y Güler terminó expulsado por protestar, pero todo lo tenían ya perdido.
El enfado en la expedición madridista es sideral, con Bellingham repitiendo en zona mixta: «Es imposible que sea roja«.
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