La extinción de mamuts, tigres de sable o canguros gigantes moldeó la vida animal de muchos ecosistemas

Una nueva investigación apunta que las diferencias en las redes tróficas en los distintos continentes están relacionadas con las desapariciones de grandes mamíferos ocurridas hace miles de años Leer Una nueva investigación apunta que las diferencias en las redes tróficas en los distintos continentes están relacionadas con las desapariciones de grandes mamíferos ocurridas hace miles de años Leer  

En un pasado remoto, enormes mamíferos habitaban gran parte del planeta. Inmensos mamuts lanudos, tigres de dientes de sable con colmillos de 18 centímetros, perezosos del tamaño de un elefante o canguros gigantes de hasta 200 kilos. Pero la mayoría de estas especies desaparecieron hace entre 50.000 y 10.000 años, en el llamado evento de extinción del cuaternario (llamado así por el periodo de la escala temporal geológica en el que se produjo).

Un nuevo estudio, publicado este lunes en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), ha analizado las consecuencias de esta extinción masiva que, según explican los autores, transformó radicalmente las redes tróficas del planeta, con consecuencias que todavía hoy se pueden observar en los ecosistemas.

El trabajo también ha estudiado por qué los cambios fueron más pronunciados en ciertas regiones, especialmente en América. Y sus resultados subrayan la importancia de preservar el equilibrio en la naturaleza; la desaparición de una especie tiene complejas consecuencias para todos los otros seres que interaccionan con ella, y toda una red de relaciones se modifica de manera compleja. «Cuando los depredadores desaparecen, sus presas pueden multiplicarse sin control, lo que provoca una serie de reacciones en cadena», señala Lydia Beaudrot, profesora de biología integrativa en la Universidad Estatal de Míchigan (EEUU) y autora principal de la investigación en PNAS.

Partiendo de información publicada en trabajos anteriores, Beaudrot y su equipo desarrollaron la hipótesis de que los efectos de una gran extinción, como la ocurrida con los grandes mamíferos, tendrían que dejar una impronta visible en las redes tróficas. «Aunque no había muchos datos al respecto», matiza la autora. Así que, para identificar dichas consecuencias, las autoras desarrollaron una serie de métodos para sintetizar la mayor cantidad posible de datos en amplias escalas temporales y espaciales.

El equipo dirigido por Beaudrot y la estudiante e investigadora Chia Hsieh analizaron información disponible sobre las relaciones depredador-presa en 389 zonas de regiones tropicales y subtropicales de América, África y Asia. Incluyeron más de 440 especies de mamíferos en el análisis, entre ellas osos, lobos, elefantes y grandes felinos.

Las autoras señalan que si bien las redes tróficas de todo el mundo comparten los mismos elementos básicos -ciertos animales se alimentan de otros que, a su vez, pueden ser presa de superdepredadores- el número de niveles y los tipos de especies implicadas varían considerablemente de una zona a otra.

Así, constataron que las redes actuales cuentan con menos presas en América y que éstas son de menor tamaño. Por otro lado, al analizar las características de las presas (como la masa corporal y los patrones de actividad) observaron que los depredadores del continente americano se alimentaban de presas con una gama más limitada de rasgos, y con un menor solapamiento entre presas en distintos cazadores.

Las divergencias entre regiones no se explican únicamente con factores actuales como el clima o las estaciones, señalan, sino también con diferencias en la gravedad de las extinciones pasadas. Si bien cada región sufrió su cuota de pérdidas, América fue la más afectada: en los últimos 50.000 años este continente ha perdido más de tres cuartas partes de todos los mamíferos de más de 45 kg. Las autoras ilustran esos cambios con un ejemplo: Sudamérica albergó en su día varias especies de ciervos gigantes; su extinción dejó menos presas para depredadores como los tigres de dientes de sable y los lobos gigantes, lo que esencialmente redujo la diversidad trófica. «Se perdió entonces gran parte de la base», apunta Chia Hsieh.

El motivo exacto por el que desaparecieron los mamíferos más grandes sigue siendo objeto de debate. Las dos principales pistas que exploran los científicos son los factores climáticos y ambientales, y la expansión de los seres humanos desde África hacia el resto de continentes. En cualquier caso, si la investigación que se publica este lunes no ofrece respuesta respecto a las causas, sus autores reivindican que aporta claves para comprender los posibles efectos a largo plazo de las especies que hoy se enfrentan a la extinción.

Hoy en día en todo el planeta casi la mitad de todos los mamíferos que pesan más de nueve kilos están considerados vulnerables, en peligro o en peligro crítico de extinción, según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Por eso, Chia Hsieh incide en la importancia de comprender hasta qué punto las extinciones históricas han hecho que ciertas comunidades sean más vulnerables. «Al estudiar el pasado, también podemos intentar comprender qué nos depara el futuro», afirma.

 Ciencia y salud // elmundo

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