La oposición venezolana pasa la página de las elecciones de 2024 y se prepara para las próximas

Muchas cosas han cambiado en Venezuela desde que el pasado 3 de enero las tropas de élite estadounidenses descabezaran al chavismo. Durante todo este tiempo, sin embargo, la oposición más dura al régimen mantuvo una misma consigna: “Los venezolanos ya votamos”. Era la reivindicación de una victoria arrolladora de Edmundo González, el candidato respaldado por María Corina Machado, frente a Nicolás Maduro en las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024.

Seguir leyendo

 La oposición reactiva sus estructuras, Machado anuncia su regreso y, aunque sin fecha, el país vuelve a hablar de votar  

Muchas cosas han cambiado en Venezuela desde que el pasado 3 de enero las tropas de élite estadounidenses descabezaran al chavismo. Durante todo este tiempo, sin embargo, la oposición más dura al régimen mantuvo una misma consigna: “Los venezolanos ya votamos”. Era la reivindicación de una victoria arrolladora de Edmundo González, el candidato respaldado por María Corina Machado, frente a Nicolás Maduro en las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024.

Aquella victoria, lejos de poder celebrarse, obligó a muchos de sus protagonistas a marcharse al exilio o a esconderse dentro del país. Hoy, sin embargo, ese lema empieza a quedar atrás. Dos meses después de la intervención militar estadounidense que alteró el equilibrio del poder en Venezuela y abrió un incierto —aunque evidente— proceso de apertura política, el sector más duro del antichavismo se prepara para algo que hasta hace poco rechazaba: volver a competir en unas elecciones cuyo calendario, reglas y árbitros siguen siendo una incógnita.

La señal más clara de ese cambio llegó este domingo. María Corina Machado —la dirigente que articuló la maquinaria política que documentó el fraude electoral y que durante más de un año defendió desde la clandestinidad los resultados del 28 de julio— anunció que regresará a Venezuela en las próximas semanas para prepararse para “una nueva y gigantesca victoria electoral”.

El giro habría sido impensable hace apenas unos meses. Durante más de un año, la estrategia de la oposición encabezada por Machado fue sostener, dentro y fuera del país, que las elecciones presidenciales de 2024 ya habían decidido el futuro político de Venezuela.

Según el 83% de las actas recogidas por sus testigos electorales, Edmundo González Urrutia obtuvo el 67% de los votos, frente al 30% de Nicolás Maduro. Aquellos papeles impresos por cada máquina de votación, reunidos durante la larga noche electoral por miles de voluntarios, se convirtieron en la prueba material del fraude. Maduro, hoy detenido en una cárcel de Nueva York, nunca entregó el poder.

Las actas recorrieron el mundo. Fueron exhibidas ante la Organización de Estados Americanos, respaldaron denuncias diplomáticas y terminaron resguardadas en bóvedas bancarias en Panamá. Más de treinta países —entre ellos Estados Unidos, Argentina, Chile, Costa Rica y los 27 de la Unión Europea— reconocieron a González como presidente electo, aunque nunca llegara a jurar el cargo.

Durante meses, desde la clandestinidad en algún lugar de Venezuela, Machado convirtió la defensa de esos resultados en el eje de toda la estrategia opositora. “Los venezolanos ya votamos”, repetía una y otra vez para justificar la abstención en las elecciones locales y legislativas que siguieron. Participar en esos comicios, sostenía la dirigente de Vente Venezuela, equivalía a aceptar el intento del régimen de pasar la página del 28 de julio.

La página terminó moviéndose por una razón de fuerza. El 3 de enero, la intervención militar estadounidense alteró de golpe el tablero político venezolano. Desde entonces, el proceso político del país parece avanzar bajo una hoja de ruta trazada en Washington. El secretario de Estado, Marco Rubio, habló de tres fases —estabilización, reconstrucción y transición— y anunció hace unos días que la primera ya había sido superada. En ese esquema, unas nuevas elecciones aparecen como el punto de llegada del proceso político, y no tanto como el punto de partida, como muchos imaginaron inmediatamente después de la caída de Maduro.

Machado fue una de las primeras dirigentes opositoras en admitir que el escenario había cambiado. Si durante meses la prioridad fue defender el resultado del 28 de julio, ahora el desafío es asegurarse de que una eventual transición política no ocurra sin ella y los suyos. Su anuncio de regresar al país forma parte de ese nuevo momento, tras largos meses moviéndose entre la clandestinidad y el exterior para mantener viva la organización que hizo posible la movilización electoral de 2024.

En las últimas semanas, las excarcelaciones masivas han alcanzado también a buena parte de los cuadros de Vente Venezuela y del Comando Con Venezuela, la estructura que organizó la defensa del voto el 28 de julio. Dirigentes parroquiales, municipales y estatales que habían sido detenidos o forzados a esconderse comienzan a reagruparse. Los partidos vuelven a reunirse y las redes políticas que habían quedado paralizadas por la represión empiezan a reconstruirse.

Henry Alviárez, principal responsable de Vente en el país y uno de los dirigentes que pasó casi dos años en prisión, salió de la cárcel el mes pasado. Ahora anuncia que recorrerá Venezuela en una campaña que todavía no tiene nombre ni calendario. “El 28 de julio es una realidad. Edmundo González es el presidente legítimo de Venezuela”, dijo esta semana. “Pero si la realidad que se está imponiendo en estos sesenta días después del 3 de enero nos invita a un proceso de entendimiento, qué mejor manera de hacerlo que permitiendo que cada ciudadano exprese su decisión con garantías”. La oposición no renuncia al relato de aquella victoria, pero empieza a prepararse para volver a competir.

Las fechas de unos nuevos comicios siguen siendo una incógnita y ni siquiera se plantean en el corto plazo. Aun así, Machado ha sugerido un horizonte posible. En las últimas semanas ha dicho que sería viable organizar elecciones en menos de un año si se establecen garantías reales y condiciones institucionales mínimas.

No es un terreno desconocido para ella. Antes de convertirse en la figura política más influyente de la oposición venezolana, inició su carrera en Súmate, una organización dedicada a la defensa del voto.

Sus equipos trabajan ahora con discreción en uno de los asuntos que durante años ha denunciado la oposición: el registro electoral. Un nuevo empadronamiento y una depuración del padrón se han convertido en tareas prioritarias si finalmente se abre un nuevo proceso electoral. El sistema vigente dejó fuera a cientos de miles de venezolanos en el exterior y también desplazó a votantes dentro del país, moviéndolos de centro electoral para dificultar su participación.

El principal obstáculo siguen siendo las instituciones, donde el régimen mantiene sus tentáculos. El chavismo que ahora encabeza Delcy Rodríguez ha empezado a ensayar cambios para transmitir una imagen de apertura. Las renuncias del fiscal general y del defensor del pueblo han sido interpretadas como señales de reformas en marcha.

Sin embargo, los dos organismos clave para cualquier elección —el Consejo Nacional Electoral y el Tribunal Supremo de Justicia— continúan en manos de las mismas estructuras que avalaron los resultados oficiales de 2024 y permitieron que Maduro permaneciera en Miraflores pese a las denuncias de fraude.

Además, Machado sigue siendo el adversario político más incómodo para el nuevo liderazgo chavista. Su inhabilitación para competir electoralmente continúa vigente. Y aunque Delcy Rodríguez ha promovido una ley de amnistía para parte de los presos políticos, también ha advertido que la dirigente deberá “rendir cuentas” a su regreso.

El ministro del Interior, Diosdado Cabello, ha sonado aún más amenazador. Este miércoles, en su programa televisivo, lanzó una advertencia en referencia a la intención de Machado de volver: “No te diré cuál es la sorpresa que le tengo”. Con todo, la amenaza y los retazos represivos conviven con conversaciones sobre candidatos y campañas.

El excandidato presidencial y antiguo preso político Enrique Márquez, que apareció recientemente en Washington durante el discurso del Estado de la Unión de Donald Trump, ha dicho que no descarta competir nuevamente por la presidencia. Y dentro de los partidos tradicionales, el debate también se mueve. Henry Ramos Allup, secretario general de Acción Democrática, ha insistido en la necesidad de preservar la unidad opositora “a costa de lo que sea” y adelantó su respaldo a una eventual candidatura de Machado.

Sin fecha electoral, sin árbitro claro y bajo la tutela de Washington, Venezuela vuelve poco a poco a hablar de política.

 Feed MRSS-S Noticias

Noticias Similares