La Quinta de Torre Arias, la finca de la condesa que los vecinos salvaron para su barrio

Dibujo de la Quinta de Torre Arias, Madrid.

La Quinta de Torre Arias tiene un punto silvestre, salvaje. Recuerda a esa naturaleza que ha estado tanto tiempo sin controlar, que ahora brota como quiere, igual que un rizo rebelde que se niega a volver a su sitio. Es señorial, pero sin llegar al nivel de sus vecinas: El Capricho y la Quinta de los Molinos. Tampoco atrae a tantos visitantes. Como ellas, fue pensada para el recreo de la nobleza, pero Torre Arias cuenta con algo especial: su carácter agropecuario. Más que un jardín ilustre, que también, era una granja modelo. Y si hoy cualquiera puede dar un paseo por este parque es gracias a la lucha de los vecinos del barrio que la protegen de intereses privados.

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 Una plataforma vecinal consiguió que se abriera al público y ahora espera expectante el futuro del parque  

La Quinta de Torre Arias tiene un punto silvestre, salvaje. Recuerda a esa naturaleza que ha estado tanto tiempo sin controlar, que ahora brota como quiere, igual que un rizo rebelde que se niega a volver a su sitio. Es señorial, pero sin llegar al nivel de sus vecinas: El Capricho y la Quinta de los Molinos. Tampoco atrae a tantos visitantes. Como ellas, fue pensada para el recreo de la nobleza, pero Torre Arias cuenta con algo especial: su carácter agropecuario. Más que un jardín ilustre, que también, era una granja modelo. Y si hoy cualquiera puede dar un paseo por este parque es gracias a la lucha de los vecinos del barrio que la protegen de intereses privados.

Su origen se remonta a 1580. Felipe II le otorgó a un militar de alto rango el título de conde de Villamor y le cedió unos terrenos cercanos a la villa de Canillejas. Aquí se construyó una finca de recreo con un palacio de dos plantas. Con el tiempo, la quinta pasó de mano en mano: la casa de Osuna, la familia Garro, el marqués de Bedmar… Llegó incluso a ser propiedad de una cofradía de monjes dominicos. Cambió de propietario, pero siempre mantuvo su carácter agropecuario, con vaquería, caballerizas, porquerizas, granero, pajar, bodegas, invernadero… Desde su origen sirvió como finca productiva y ese ha sido siempre el hilo conductor de su historia.

Y también, al menos hasta hace pocos años, ha permanecido en manos privadas y cerrada al público. “La única época, hasta llegar a nuestros días, en la que la quinta dejó de ser una propiedad particular para ser tomada por el pueblo fue durante la Guerra Civil española”, cuenta Daniel Liébana, portavoz de la plataforma ciudadana Quinta de Torre Arias. El propietario de la finca, que era entonces el conde de Torre Arias, huye y la quinta es ocupada por una compañía de milicianos de la CNT. Se abre por primera vez al pueblo de Madrid. “Gente ya muy mayor de Canillejas recuerda que, cuando eran niños, iban allí a ver cómo los obuses volaban de un lado para otro porque se encontraba en pleno frente”, asegura Liébana.

Tras la guerra, el conde regresa y recupera su finca, que vuelve a convertirse en residencia privada hasta la octava condesa de Torre Arias. Son los años 80 del siglo XX, Madrid está entonces en pleno crecimiento y estos terrenos se convierten en perfectos candidatos para urbanizarse. La condesa, sin descendencia y con gran cantidad de propiedades, llega a un acuerdo con el Ayuntamiento de Tierno Galván. “El trato es que la finca se ceda como parque de uso público para todos los madrileños y a cambio se recalifican 180 hectáreas de su terreno rústico a urbano. Los artículos de prensa de la época vienen a resaltar que la condesa era muy generosa, pero en realidad lo que hay detrás es una gran operación inmobiliaria. Esas 180 hectáreas le vienen a reportar alrededor de unos 500 millones de euros actuales”, asegura el portavoz de la plataforma. Eso sí, el acuerdo incluye que el Ayuntamiento deberá esperar a que muera la aristócrata para disponer del parque.

“Al quedarse viuda, su administrador, afín además al Opus Dei, la convence para crear una fundación que empezó a gestionar todo ese patrimonio. Se llevan todo el contenido del palacio de Torre Arias, llegan hasta a arrancar una chimenea”, cuenta Liébana. Y en 2012 muere la condesa. El Ayuntamiento empieza entonces a hacer una serie de trabajos en la finca porque el abandono era notable. “Es entonces cuando vemos que se empieza a negociar una cesión del palacio y las edificaciones principales a la Universidad de Navarra, del Opus Dei. Nos enteramos gracias a dos concejalas, del PSOE y de IU, y se empieza a cocer el germen de la plataforma ciudadana”, recuerda Liébana. Se organizan concentraciones a las puertas de la finca el último domingo de cada mes y en octubre de 2014 se convoca una gran manifestación. “Planteamos un recurso judicial para tratar de tumbar el plan especial que había aprobado el Ayuntamiento de Ana Botella ese verano. Estaba hecho a medida de esta cesión para la Universidad de Navarra y, además, contemplaba el derribo de algunas edificaciones. Entendíamos que todo esto era un desastre para el patrimonio. Era una cesión a una entidad privada y además elitista que no iba a dar servicio a los jóvenes del distrito, que no tienen capacidad económica para acceder a esos cursos. Así que nos ponemos en pie de guerra”.

La plataforma plantea un recurso judicial, pide la adopción de medidas cautelarísimas y consigue parar el plan. Ya con Manuela Carmena al frente del Ayuntamiento llega la sentencia y se anula el proyecto. El parque se abre por fin al público en 2016. Eso sí, solo los jardines, porque el palacio permanece cerrado al no estar en condiciones de ser utilizado.

La plataforma ciudadana ha visto desde entonces cómo muchas entidades privadas se interesaban por la finca, pero lo que les pilló de sorpresa fue la noticia que salió a la luz la semana pasada: que el Banco de España planea abrir un centro de educación financiera y museo en la finca. “Sabíamos que había gente visitando el palacio. Nos habían llegado rumores, pero nos hemos enterado por la prensa. Una escuela de finanzas no tiene nada que ver con su pasado y, además, entendemos que es una especie de apropiación o privatización entre comillas, porque no es un ente privado, pero digamos que van a hacer un uso exclusivo para la entidad. Llevamos 12 años luchando porque el espacio sea completamente público y de acceso para toda la ciudadanía y creemos que este proyecto no se ajusta a lo que proponemos”, sentencia Liébana.

De momento, la plataforma ha redactado un comunicado para mostrar su desacuerdo y el siguiente paso que se plantea es intentar hablar con el Ayuntamiento y con el Banco de España: “Queremos trasladar nuestra opinión, llegar a acuerdos. En nuestro ADN está el diálogo. Cuando no haya posibilidad de tenerlo, el recurso judicial está ahí y no dudaremos en llegar a ello si hace falta”.

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