La Revuelta lo cambia todo para no cambiar nada: el aviso de David Broncano y la inquietante petición a Pedro Sánchez

David Broncano estrena la tercera temporada desde el nuevo Teatro Albéniz, con nuevo decorado y nueva cabecera pero el mismo espíritu, y arranca bromeando con su futuro en RTVE y pidiendo a Pedro Sánchez que no convoque elecciones en marzo para no dejarle «vendido» Leer David Broncano estrena la tercera temporada desde el nuevo Teatro Albéniz, con nuevo decorado y nueva cabecera pero el mismo espíritu, y arranca bromeando con su futuro en RTVE y pidiendo a Pedro Sánchez que no convoque elecciones en marzo para no dejarle «vendido» Leer  

«Lo primero que quiero es agradecer que hayáis venido y daros la bienvenida a la última temporada de La Revuelta en Televisión Española». Así. Sin anestesia. David Broncano regresó este lunes a La 1, estrenó la tercera temporada de La Revuelta, estrenó teatro, estrenó decorado, estrenó cabecera y, antes casi de que diera tiempo a comprobar si tanto estreno había cambiado algo, anunció el final. A su manera, claro. Es decir, tirando de humor, porque ya han dicho muchas veces que lo mejor es reírse de uno mismo, que tiene bastante más de realidad de lo que parece y convirtiendo esa realidad en el primer chiste de la temporada.

«¡No, hombre!», reaccionó Ricardo Castella ante el presagio de su jefe. «Bueno, es posible», contestó Broncano. Y entonces empezó a imaginar el futuro: unas elecciones generales, un cambio de Gobierno y Alberto Núñez Feijóo llegando a su primer Consejo de Ministros con una prioridad aparentemente inaplazable: «Lo primero será cerrar Televisión Española».

Era una broma, obviamente. Pero también era la continuación de la broma que David Broncano empezó sólo unos días antes durante la presentación de la nueva temporada de RTVE. Entonces, ante directivos, presentadores y periodistas, aseguró: «Temo que ésta sea mi última presentación en TVE. No nos engañemos, todos sabemos lo que podría pasar». Y añadió algo que iba a acabar persiguiéndole: «Según lo que suceda en las elecciones de marzo me podría reemplazar perfectamente Morante de la Puebla en septiembre. Yo estoy nervioso real».

El problema es que nadie ha convocado elecciones generales en marzo. Vamos, es que no hay ni fecha.

Así que este lunes, en cuanto Jorge Ponce apareció en escena colgado del techo del Teatro Albéniz, Broncano decidió solucionar el pequeño lío que él mismo había creado. O hacerlo todavía más grande.

«Le pido, por favor, a Pedro Sánchez que no ponga las elecciones en marzo para que no parezca que me lo ha dicho», reclamó. Y para que el presidente no pudiera decir que le estaba condicionando demasiado el calendario electoral, le ofreció alternativas: «Ponlas en abril, en mayo, en Navidades, pero no en marzo, que me dejas vendido».

Ésta sí que es una buena forma de explicar lo que sigue siendo La Revuelta. Broncano haciendo una broma sobre su supuesto enchufe con el Gobierno para intentar desmontar las acusaciones sobre su supuesto enchufe con el Gobierno. Un círculo perfecto.

Porque si algo quedó claro en el estreno de la tercera temporada es que La Revuelta lo ha cambiado casi todo para no cambiar absolutamente nada.

Ha cambiado de casa. Después de dos temporadas en el Teatro Príncipe Gran Vía, el programa se ha mudado al histórico Teatro Albéniz. Ha cambiado de decorado. Ha cambiado de dimensiones. Ha cambiado de cabecera. Ha cambiado de canción. Ha cambiado incluso la sensación que produce cuando aparece por primera vez en pantalla.

Todo es más grande. Más limpio. Más clásico. Más elegante. Más serio.

Pero que nadie se asuste. La Revuelta no se ha hecho seria.

El cambio más espectacular es el Teatro Albéniz. La nueva casa tiene más empaque, más aforo y, sobre todo, muchísimas más posibilidades para hacer el idiota. El propio David Broncano lo había explicado días antes: «Es un teatro con mucho más empaque y más bonito que nos permite más posibilidades de comedia». El espacio cuenta con unas 900 butacas y sustituye al Príncipe Gran Vía, donde durante dos temporadas el programa construyó esa estética de caos, desorden y acumulación que terminó formando parte de su identidad.

Ahora la primera impresión es completamente distinta.

El nuevo escenario respira. Hay grandes ventanales, lámparas de araña, un sofá mucho más solemne y un espacio que parece diseñado para un late night clásico. Incluso la mesa de David Broncano y todo lo que la rodea parecen pertenecer a un programa donde alguien ha pensado dónde debe ir cada cosa.

Una auténtica revolución tratándose de La Revuelta.

La imagen es más limpia, más adulta, casi señorial. Por momentos uno espera que David Broncano aparezca como el espíritu de un notario, se siente detrás de la mesa y empiece un monólogo sobre la actualidad. Por suerte, apareció tocando el bombo.

Todo bajo control.

RTVE ya había advertido antes del estreno: «Cambia el teatro, pero no la esencia del programa». No era una frase promocional. Era casi una advertencia. Broncano, Ricardo Castella, Grison, Jorge Ponce y compañía podían mudarse a un teatro histórico, poner lámparas de araña y limpiar el escenario, pero nadie había dicho que fueran a comportarse como personas normales.

De hecho, Jorge Ponce se encargó rápidamente de despejar cualquier duda.

Apareció descolgándose desde el techo del Albéniz para enseñar las novedades de la temporada. Porque puedes tener uno de los teatros más emblemáticos de Madrid, pero si tienes a Jorge Ponce lo lógico es colgarlo del techo.

Entre las novedades, un nuevo asiento VIP para el público convertido ahora en sillón de masaje, nuevos espacios y un misterioso pozo detrás de la mesa de Broncano. El Albéniz ofrece muchas más posibilidades técnicas y La Revuelta parece dispuesta a utilizarlas todas de la manera menos razonable posible.

También hay nueva cabecera. Durante las dos primeras temporadas en RTVE, No cap, de Trueno, acompañó la entrada del presentador. Desde este lunes lo hace Oye, de FERNANDOCOSTA y Dollar Selmouni. Las imágenes también son nuevas: David Broncano recorriendo las calles del centro de Madrid hasta llegar a su nueva casa. Más cinematográfica, más trabajada y acorde con el salto visual que ha dado el programa.

Nueva cabecera, nuevo teatro, nuevo decorado. Y Broncano entrando con el bombo.

Ésa era la declaración de intenciones. O la ausencia de ella.

Porque La Revuelta lleva semanas haciendo promoción precisamente con esa idea: hay novedades, sí; muchas, de hecho. Pero no existe ninguna intención de convertir el programa en otra cosa. La mudanza es estética y técnica, no de espíritu.

Incluso hubo un momento para abandonar la comedia. David Broncano quiso mandar «nuestro apoyo máximo y un abrazo a la gente de Ceuta» y expresó su deseo de que «todo lo que se ha hecho mal y a destiempo empiece a hacerse un poco mejor y la gente pueda recuperar la normalidad».

Después llegaron Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla. Y regresó la anormalidad.

No podían haber elegido mejor a los primeros invitados de la temporada. Dos amigos del programa, dos cómicos que representan buena parte del humor del que bebe La Revuelta y dos personas con las que la entrevista puede convertirse en cualquier cosa menos en una entrevista.

Entraron «farmeando aura». Joaquín Reyes tiene 52 años; Ernesto Sevilla, 48. Sólo por eso ya funcionaba.

Sevilla acudió para presentar Un plan perfecto; Reyes, la nueva temporada de Aprobado en historia, en La 2. Pero los proyectos profesionales, como suele ocurrir en La Revuelta, fueron casi lo de menos.

Ernesto Sevilla entregó a David Broncano un billete de avión a Canarias. Quería regalarle algo que el presentador, pese a su dinero, no pudiera comprarse: tiempo. Como en Canarias hay una hora menos, el billete equivalía a regalarle una hora de vida.

Broncano consiguió encontrar inmediatamente el fallo: ¿Por qué Canarias y no República Dominicana, donde habría ganado todavía más horas? «No me afees el regalo», protestó Sevilla.

Joaquín Reyes, por su parte, llevó un libro que terminó abriendo una conversación sobre los jóvenes y el sexo. Y a partir de ahí sucedió lo que suele suceder cuando se juntan Broncano, Reyes y Sevilla: cualquier posibilidad de mantener una conversación razonable desapareció.

Pero quedaba la gran demostración de que el nuevo La Revuelta sigue siendo el viejo La Revuelta.

Jorge Ponce anunció un espectáculo con «200 drones». Doscientos. Toquecito clásico a El Hormiguero, que la temporada pasada inauguró temporada con precisamente un espectáculo de tal magnitud. ¿Lo ves? Hay cosas que no cambian.

Después de estrenar semejante teatro, de mostrar todas sus posibilidades técnicas y de presentar un decorado que eleva considerablemente el nivel visual del programa, había llegado el momento de demostrar hasta dónde podía llegar la nueva La Revuelta. Un espectáculo tecnológico. Una barbaridad visual. El futuro de la televisión.

Despegó un dron. Uno.

Los otros 199 permanecieron en el suelo formando la palabra «Amigos». «Sin duda es la obra más espectacular que he visto en mi vida», sentenciaron Broncano, Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla.

Y probablemente no hubo mejor resumen de la noche.

La Revuelta ha limpiado la casa, ha tirado muebles, ha estrenado cabecera, ha cambiado de canción, se ha mudado a un teatro histórico y se ha rodeado de lámparas de araña. Parece más grande, más clásico, más elegante y hasta más adulto.

Pero debajo de todo ese envoltorio continúa el mismo programa capaz de anunciar 200 drones para hacer volar uno.

Puede que ésta sea, como bromeó David Broncano nada más empezar, «la última temporada de La Revuelta en Televisión Española». Puede que no. Puede que haya elecciones en marzo, en abril, en mayo o «en Navidades». Y puede que algún día el programa termine haciéndose mayor.

Anoche no fue ese día.

La Revuelta lo ha cambiado todo para poder seguir siendo exactamente lo mismo.

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