La terapia CAR que ya se emplea con éxito frente a algunos tumores se explora también contra el alzhéimer

Un estudio en ratones muestra la capacidad del tratamiento para eliminar la acumulación de depósitos de amiloide que caracterizan la enfermedad Leer Un estudio en ratones muestra la capacidad del tratamiento para eliminar la acumulación de depósitos de amiloide que caracterizan la enfermedad Leer  

La terapia CAR-T, el tratamiento que ‘entrena’ a tus propias defensas para que combatan al cáncer, se emplea ya con éxito en la clínica. El abordaje, que se basa en la modificación genética de los linfocitos T del enfermo para que localicen y destruyan con precisión las células malignas está mostrando magníficos resultados en algunos cánceres de la sangre, como el mieloma múltiple o la leucemia linfoblástica aguda de células B, entre otros.

El gran potencial terapéutico de la estrategia hace que su uso se esté explorando también en otras áreas distintas a la hematológica, como los tumores sólidos, las enfermedades autoinmunes o incluso el alzhéimer, tal y como indica un estudio publicado en el último número de la revista Science.

Este trabajo muestra una prueba de concepto, realizada en modelos animales, de la posible utilidad de este tipo de tratamientos frente a la enfermedad neurodegenerativa.

Según sus datos, este tipo de abordaje es capaz de reducir significativamente la acumulación de placas de amiloide que caracteriza al trastorno en modelos de ratón.

En este caso, el lugar de linfocitos T, los investigadores usaron una célula del cerebro, los astrocitos, que modificaron genéticamente para que mostrara un receptor artificial en su superficie capaz de activar programas celulares que ‘limpian’ esos depósitos de amiloide acumulados. En vez de CAR-T, estas terapias se llamarían CAR-A.

En modelos celulares y administrando la terapia a modelos de ratón con la enfermedad, el tratamiento mostró ser capaz de reducir significativamente los depósitos de amiloide.

Además, los investigadores comprobaron que, al menos tres meses después de la administración de las células modificadas, estas seguían dividiéndose y formando nuevas células, lo que sugiere que un único tratamiento podría proporcionar un efecto duradero.

Sin embargo, pese a la ‘limpieza’ lograda, los científicos no observaron que el efecto se correlacionase con mejoras en la capacidad funcional de los ratones tratados.

Para Pascual Sánchez, secretario del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología (SEN), este «es un estudio preliminar que, no obstante, ofrece datos muy interesantes».

Que los astrocitos puedan modificarse genéticamente para que sea posible fagocitar los acúmulos de proteína amiloide que se depositan en el cerebro puede ser una estrategia muy prometedora si se demuestra su utilidad en ensayos clínicos, señala el neurólogo.

La estrategia, explica, es similar a la que emplean las terapias antiamiloide que recientemente se han aprobado frente al alzhéimer. En ambos casos se activa el sistema inmunitario del cerebro para que sea capaz de ‘limpiar’ las placas de amiloide.

Si esta nueva estrategia funcionase, adelanta, permitiría solventar algunos de los problemas asociados a estos tratamientos ya aprobados, como la inflamación que pueden producir en los vasos o la necesidad de someterse a repetidas inyecciones de anticuerpos. «En principio, con una posible terapia CAR no pasaría esto. Ni la inflamación que ha hecho que la aprobación de estos fármacos haya sido complicada, ni la necesidad de las inyecciones de anticuerpos frecuente. Con una administración podría ser suficiente si se demuestra su efectividad y su seguridad».

«Si supera la fase inicial en la que se encuentra, puede suponer una versión mejorada del tratamiento con anticuerpos monoclonales actualmente en uso», apunta, en la misma línea, Jordi Pérez-Tur, investigador científico de Organismo Público de Investigación (OPI) en el Institut de Biomedicina de València del CSIC, en declaraciones a SMC España.

El trabajo, no obstante, tiene limitaciones a tener en cuenta, recuerda.

«La principal limitación del estudio es que trabaja con un modelo de ratón transgénico que tiene sus propias limitaciones. Además, el hecho de no haber observado una mejora funcional debe enfriar las expectativas en el corto plazo. Conseguir una reducción del número de placas seniles en el parénquima es un éxito relativo si no va acompañada de una mejora funcional. Puede que estemos todavía en un punto del desarrollo demasiado preliminar para que se pueda observar esa mejora», explica.

«Por otro lado, quedan muchos aspectos que aún deben trabajarse para poder acercarse a un uso en humanos. Entre ellos, qué tipo de pacientes son susceptibles de tener un mayor efecto de esta potencial terapia o qué vía de administración se dará», concluye.

 Ciencia y salud // elmundo

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