Las antenas del futuro serán inteligentes y “atómicas”

Una antena parece, a primera vista, uno de los componentes más sencillos de un dispositivo electrónico. Recibe o emite ondas electromagnéticas y, dependiendo de su diseño, trabaja en determinadas frecuencias. Pero ¿y si pudiera cambiar sus propiedades sobre la marcha? ¿Y si una misma antena pudiera adaptarse a diferentes frecuencias según las necesidades de una red, un radar o un satélite?

Un equipo de científicos de Queen Mary University of London ha dado un paso hacia esa posibilidad modificando un material a una escala extraordinariamente pequeña: la de los átomos. El resultado, publicado en Science Advances, es un nuevo tipo de material capaz de responder de manera mucho más flexible a los campos eléctricos y que ya ha sido incorporado a prototipos de antenas y dispositivos de microondas.

La clave está en una cerámica llamada tantalato de estroncio (básicamente óxido cerámico mixto de estroncio y tántalo). Los científicos, liderados por Yang Hao, sustituyeron una pequeña proporción de sus átomos de estroncio por átomos ligeramente más pequeños de calcio. El cambio parece insignificante, pero introduce pequeñas deformaciones en la estructura cristalina. Y esas imperfecciones hacen algo inesperado.

Crean diminutas regiones eléctricamente activas, conocidas como nanoclústeres polares, dentro de un material que normalmente no presenta ese comportamiento. Estas regiones pueden responder rápidamente a un campo eléctrico y modificar las propiedades electromagnéticas del material. “Es un poco como encontrar una forma de añadir reguladores de intensidad a un sistema que antes solo tenía una posición de encendido y otra de apagado”, señala Hao.

Pero más allá de la química y la tecnología, ¿qué significa esto? Una antena convencional está diseñada para funcionar de manera óptima en determinadas condiciones. Si queremos cambiar sustancialmente su frecuencia de funcionamiento, normalmente necesitamos modificar físicamente alguno de sus elementos o recurrir a componentes adicionales.

Con un material sintonizable, en cambio, la propia antena puede cambiar eléctricamente sus características. Ahí es donde entran los átomos de calcio que demostraron una combinación poco habitual de tres propiedades: una elevada capacidad para modificar su respuesta electromagnética, bajas pérdidas de energía y un funcionamiento estable en un amplio intervalo de frecuencias.

Ese equilibrio es importante porque existe un problema que lleva años complicando el desarrollo de materiales electromagnéticos sintonizables. Los materiales que pueden modificar fácilmente sus propiedades suelen pagar un precio: pierden más energía o funcionan peor cuando aumenta la frecuencia. El nuevo material parece reducir ese compromiso.

“Nuestro trabajo demuestra que cambios muy pequeños a escala atómica pueden tener un impacto extraordinario en el comportamiento de un material – añade Hao-. Al diseñar una deformación microscópica entre las capas de un cristal, pudimos crear regiones polares dinámicas que proporcionan una fuerte capacidad de sintonización sin los inconvenientes que suelen asociarse a los materiales ferroeléctricos convencionales”.

La diferencia entre una propiedad interesante de laboratorio y una tecnología útil está, sin embargo, en conseguir que funcione en un dispositivo real. Y aquí el equipo fue un paso más allá. El equipo de Hao incorporó el material a prototipos de antenas y dispositivos de microondas y demostraron que podían modificar su frecuencia de funcionamiento utilizando tanto un voltaje eléctrico como cambios de temperatura. Eso abre una posibilidad especialmente atractiva para las comunicaciones inalámbricas.

Las redes actuales tienen que manejar cada vez más información y trabajar en condiciones muy variables. Teléfonos móviles, satélites, radares, sistemas de navegación y miles de millones de dispositivos conectados utilizan diferentes bandas de frecuencia y necesitan adaptarse a un entorno radioeléctrico cada vez más congestionado. Una antena capaz de modificar dinámicamente su comportamiento podría, por ejemplo, cambiar de frecuencia cuando una determinada banda esté saturada, adaptarse a diferentes condiciones de transmisión o desempeñar distintas funciones sin necesidad de sustituir físicamente sus componentes.

“Las tecnologías inalámbricas son cada vez más sofisticadas y eso crea la necesidad de materiales que puedan adaptarse con rapidez y eficiencia – concluye Hangfeng Zhang, coautor del estudio -. Nuestro trabajo demuestra que pequeños cambios a escala atómica pueden tener un efecto sorprendentemente grande sobre el rendimiento”. Las aplicaciones potenciales van más allá de las antenas: redes de comunicaciones adaptativas, dispositivos de microondas y sistemas avanzados de detección. En el actual contexto tecnológico, una antena inteligente y adaptativa, es un gran paso adelante.

 “Es un poco como encontrar una forma de añadir volumen a un dispositivo que antes solo tenía una posición de encendido y otra de apagado”, señalan los autores.  

Una antena parece, a primera vista, uno de los componentes más sencillos de un dispositivo electrónico. Recibe o emite ondas electromagnéticas y, dependiendo de su diseño, trabaja en determinadas frecuencias. Pero ¿y si pudiera cambiar sus propiedades sobre la marcha? ¿Y si una misma antena pudiera adaptarse a diferentes frecuencias según las necesidades de una red, un radar o un satélite?

Un equipo de científicos de Queen Mary University of London ha dado un paso hacia esa posibilidad modificando un material a una escala extraordinariamente pequeña: la de los átomos. El resultado, publicado en Science Advances, es un nuevo tipo de material capaz de responder de manera mucho más flexible a los campos eléctricos y que ya ha sido incorporado a prototipos de antenas y dispositivos de microondas.

La clave está en una cerámica llamada tantalato de estroncio (básicamente óxido cerámico mixto de estroncio y tántalo). Los científicos, liderados por Yang Hao, sustituyeron una pequeña proporción de sus átomos de estroncio por átomos ligeramente más pequeños de calcio. El cambio parece insignificante, pero introduce pequeñas deformaciones en la estructura cristalina. Y esas imperfecciones hacen algo inesperado.

Crean diminutas regiones eléctricamente activas, conocidas como nanoclústeres polares, dentro de un material que normalmente no presenta ese comportamiento. Estas regiones pueden responder rápidamente a un campo eléctrico y modificar las propiedades electromagnéticas del material. “Es un poco como encontrar una forma de añadir reguladores de intensidad a un sistema que antes solo tenía una posición de encendido y otra de apagado”, señala Hao.

Pero más allá de la química y la tecnología, ¿qué significa esto? Una antena convencional está diseñada para funcionar de manera óptima en determinadas condiciones. Si queremos cambiar sustancialmente su frecuencia de funcionamiento, normalmente necesitamos modificar físicamente alguno de sus elementos o recurrir a componentes adicionales.

Con un material sintonizable, en cambio, la propia antena puede cambiar eléctricamente sus características. Ahí es donde entran los átomos de calcio que demostraron una combinación poco habitual de tres propiedades: una elevada capacidad para modificar su respuesta electromagnética, bajas pérdidas de energía y un funcionamiento estable en un amplio intervalo de frecuencias.

Ese equilibrio es importante porque existe un problema que lleva años complicando el desarrollo de materiales electromagnéticos sintonizables. Los materiales que pueden modificar fácilmente sus propiedades suelen pagar un precio: pierden más energía o funcionan peor cuando aumenta la frecuencia. El nuevo material parece reducir ese compromiso.

“Nuestro trabajo demuestra que cambios muy pequeños a escala atómica pueden tener un impacto extraordinario en el comportamiento de un material – añade Hao-. Al diseñar una deformación microscópica entre las capas de un cristal, pudimos crear regiones polares dinámicas que proporcionan una fuerte capacidad de sintonización sin los inconvenientes que suelen asociarse a los materiales ferroeléctricos convencionales”.

La diferencia entre una propiedad interesante de laboratorio y una tecnología útil está, sin embargo, en conseguir que funcione en un dispositivo real. Y aquí el equipo fue un paso más allá. El equipo de Hao incorporó el material a prototipos de antenas y dispositivos de microondas y demostraron que podían modificar su frecuencia de funcionamiento utilizando tanto un voltaje eléctrico como cambios de temperatura. Eso abre una posibilidad especialmente atractiva para las comunicaciones inalámbricas.

Las redes actuales tienen que manejar cada vez más información y trabajar en condiciones muy variables. Teléfonos móviles, satélites, radares, sistemas de navegación y miles de millones de dispositivos conectados utilizan diferentes bandas de frecuencia y necesitan adaptarse a un entorno radioeléctrico cada vez más congestionado. Una antena capaz de modificar dinámicamente su comportamiento podría, por ejemplo, cambiar de frecuencia cuando una determinada banda esté saturada, adaptarse a diferentes condiciones de transmisión o desempeñar distintas funciones sin necesidad de sustituir físicamente sus componentes.

“Las tecnologías inalámbricas son cada vez más sofisticadas y eso crea la necesidad de materiales que puedan adaptarse con rapidez y eficiencia – concluye Hangfeng Zhang, coautor del estudio -. Nuestro trabajo demuestra que pequeños cambios a escala atómica pueden tener un efecto sorprendentemente grande sobre el rendimiento”. Las aplicaciones potenciales van más allá de las antenas: redes de comunicaciones adaptativas, dispositivos de microondas y sistemas avanzados de detección. En el actual contexto tecnológico, una antena inteligente y adaptativa, es un gran paso adelante.

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