Más de 7.400 cirugías y 72.000 citas con el especialista canceladas en solo cuatro días en ocho comunidades. «La prioridad es reprogramar cuanto antes los pacientes de esta semana» Leer Más de 7.400 cirugías y 72.000 citas con el especialista canceladas en solo cuatro días en ocho comunidades. «La prioridad es reprogramar cuanto antes los pacientes de esta semana» Leer
Consultas cerradas, equipos de diagnóstico inactivos, facultativos que no querrían estar allí, pacientes que se vuelven a casa sin haber sido atendidos, algunos resignados y otros entre improperios. Ese es el panorama que se puede ver estos días en los hospitales españoles. Y, en medio de todo eso, intentando que las cosas funcionen lo mejor posible, los directivos sanitarios.
En estas circunstancias, la labor de los gerentes y directores de hospitales se vuelve crucial. Su objetivo es garantizar que los servicios esenciales -urgencias, cuidados críticos, intervenciones inaplazables, pacientes crónicos de alto riesgo- sigan operativos, minimizando riesgos para la salud y evitando que la presión sobre el sistema se desborde.
Para lograrlo, los directivos aplican estrategias múltiples y coordinadas. El gerente de un hospital insular explica cómo afrontan la situación: «Por la mañana, cuando sabemos cuántos médicos hay de huelga, hacemos un análisis rápido de las consultas o cirugías que se suspenden, y avisamos al paciente. Tenemos en cuenta la vulnerabilidad para intentar evitar desplazamientos de personas mayores, de personas con discapacidad, de quienes a lo mejor han tenido que modificar su vida laboral para estar ese día en el hospital… Y se produce una actividad frenética de reprogramaciones por parte del Servicio de Admisión».
- 7.400 Cirugías. Las cifras aún son preliminares porque no se han consolidado ni todas las regiones han publicado los datos. Esta es la suma hasta ayer jueves con los datos de solo ocho CCAA.
- 72.556 Consultas de hospital. Las consejerías de sanidad recogen las suspensiones de citas en atención primaria, de especialidad y también de pruebas diagnósticas.
El objetivo, insiste, es «equilibrar todo para que el comité de huelga vea que no se vulnera su derecho, pero a la vez se respetan los intereses de los pacientes y se protege también la actividad del resto de profesionales. Es de una complejidad tremenda, tremenda», lamenta.
En un hospital de Levante, el enfoque se divide en fases: «Una previa a la huelga, más pensada en el profesional, y una durante y a posteriori que va más enfocada al usuario. En la previa, tratamos de explicar los servicios mínimos pactados, que sean conocedores, sobre todo los cargos intermedios… y luego la responsabilidad de trasladarnos al equipo directivo el seguimiento, el cumplimiento de los servicios mínimos y cualquier incidencia que pueda haber».
Durante la huelga, explica, «lo que hay que hacer es una estricta vigilancia, ver que los servicios mínimos se cumplen y valorar el impacto que tiene en todos los lugares que no estaban al 100%, que en general son los servicios de no críticos. Simultáneamente, y en colaboración con los servicios de Admisión, se trata de dar al usuario una respuesta en un intento de equilibrar los derechos de los profesionales y los usuarios».
El gerente de un hospital de Madrid describe con crudeza las limitaciones que sufren: «No puedes hacer nada, literalmente nada. Estás atado de pies y manos», y coincide con esta visión el responsable de un centro del norte de España: «No puedes reprogramar la actividad a priori, sabiendo que a lo largo de la semana va a haber huelga. Solo podemos intentar ajustar la actividad día a día». Para el gerente madrileño, la clave es la priorización: «Revisar esos pacientes que se han quedado sin ver y dar preferencia de alguna manera a las nuevas citas».
En el norte de España, la percepción es distinta, con un fuerte componente ético: «Lo vivimos con mucha preocupación, porque es una huelga que busca hacer cambiar de opinión a un Ministerio que no tiene competencias sobre aquello a lo que la huelga produce perjuicio. Perjudican a los pacientes, y he oído mensajes de sindicatos que, precisamente, llaman al perjuicio del paciente, algo que es insólito y que atenta contra el principio de no maleficiencia. Hace perder el sentido de nuestra misión como médicos y devalúa nuestra profesión. Muchos médicos secundan la huelga sin ser conscientes de qué se están jugando».
La gestión se complica por el impacto en enfermería y otros profesionales. «Intentamos reubicar al personal que tenemos para reforzar áreas menos atendidas, pero es complicado», añade la gerente insular.
Además de la redistribución de personal, los hospitales intensifican la comunicación. Se informa a los pacientes sobre los servicios disponibles, las reprogramaciones y, en muchos casos, se potencian teleconsultas y seguimiento remoto, lo que permite atender a pacientes de bajo riesgo sin contacto físico y liberar recursos para casos críticos.
El seguimiento diario de indicadores es otra herramienta: número de pacientes atendidos en urgencias, demora en pruebas diagnósticas, consultas esenciales y satisfacción del paciente. Los ajustes se realizan según la evolución de la huelga y la disponibilidad de personal. «Es un ejercicio de equilibrio constante. Cada decisión puede afectar la seguridad del paciente -con retrasos diagnósticos, estancias más largas, etc.-, la moral del equipo y la eficiencia del hospital», comenta la directora de un centro de especialidades andaluz.
En la práctica, los directivos se convierten en mediadores entre sindicatos, autoridades sanitarias, pacientes y profesionales. Negocian guardias voluntarias, ajustan agendas y buscan minimizar la interrupción de los servicios esenciales. La experiencia muestra que, aunque no pueden sustituir la atención médica detenida por la huelga, sí pueden garantizar que los críticos reciban atención y que la presión sobre el sistema no se desborde completamente.
Como sintetiza uno de los gerentes: «A la persona tenemos que cuidarla, igual que debemos cuidar al profesional, conciliar el derecho a la huelga y proteger al paciente en la medida en la que sea posible».
Ciencia y salud // elmundo
