Macron acusa a Trump y Netanyahu de azuzar las protestas con fines electorales

El motor y el zumbido de las aspas del helicóptero de la policía, que sobrevuela el centro de París con un potente foco que alumbra sus callejones desde hace dos días, es lo único que rompe el silencio impuesto en las últimas noches. La capital de Francia, como las otras grandes ciudades donde hubo disturbios el pasado sábado, se ha blindado a través de un despliegue policial enorme y toques de queda que restringen los movimientos de los ciudadanos a partir de las nueve de la noche. Pero el ruido continúa durante el día en la esfera política y mediática y en las redes sociales, donde se cocina la manifestación convocada para el sábado: el segundo acto, según los chalecos amarillos.

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 Francia se blinda para las movilizaciones previstas el próximo sábado mientras las grandes ciudades del país mantienen los toques de queda parciales nocturnos  

El motor y el zumbido de las aspas del helicóptero de la policía, que sobrevuela el centro de París con un potente foco que alumbra sus callejones desde hace dos días, es lo único que rompe el silencio impuesto en las últimas noches. La capital de Francia, como las otras grandes ciudades donde hubo disturbios el pasado sábado, se ha blindado a través de un despliegue policial enorme y toques de queda que restringen los movimientos de los ciudadanos a partir de las nueve de la noche. Pero el ruido continúa durante el día en la esfera política y mediática y en las redes sociales, donde se cocina la manifestación convocada para el sábado: el segundo acto, según los chalecos amarillos.

El presidente de la República, Emmanuel Macron, sin embargo, quiere dar la crisis por contenida cuatro días después de la noche más violenta que ha vivido Francia en años. Este miércoles aseguró que las medidas adoptadas desde el comienzo de la semana, entre ellas los toques de queda localizados, han permitido “retomar la calma”. Prometió también “firmeza” para evitar que se repitan unas escenas que calificó de inaceptables. Y descartó, por ahora, el estado de emergencia: la situación, dijo, no lo requiere.

El conflicto ha cruzado la frontera, al menos en el relato. Pero las revueltas no se han motivado fuera de Francia a través de las redes sociales, como algunos apuntaban estos días. Macron lo confirmó. Preguntado por si hubo elementos vinculados a una injerencia extranjera durante el fin de semana, respondió: “Para mí, no hay injerencia extranjera visible en los acontecimientos que han tenido lugar. En cambio, hay una manipulación extranjera de la información a posteriori, que ha dado lugar a comentarios tan inaceptables como estúpidos por parte de muchos, incluidos dirigentes extranjeros”.

El jefe del Estado denunció que hay “gente que hace campaña a costa de Francia, dirigentes que están en plena campaña en la región o al otro lado del Atlántico, que a veces, con ingenuidad, repiten lo que aparece en la inteligencia artificial o difunden lo que, evidentemente, ciertos sectores quieren hacer creer”, criticó refiriéndose veladamente al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y al presidente de EE UU, Donald Trump.

Macron señaló imágenes generadas por inteligencia artificial, así como “gente que ha explicado que [Francia] había sido invadida por hordas de inmigrantes e islamistas, lo cual es totalmente falso”. Cuando un periodista le preguntó si Donald Trump era uno de los aludidos, Macron contestó: “Entre otros. En estos momentos se ve quién quiere a Francia y quién no”.

El riesgo, advierten los analistas, no es que Rusia fabrique una crisis, sino que explote una que se ha generado dentro de las fronteras sin ayuda de nadie más que de la inoperancia política francesa. El reto es doble: evitar que los disturbios se repitan en la calle y evitar que se multipliquen en las pantallas. Gabriel Attal, quien fue su primer ministro y es hoy uno de los candidatos del centroderecha a las elecciones presidenciales, ha abogado esta semana por bloquear algunas redes sociales, como TikTok, donde se cocinaron las revueltas.

El servicio francés Viginum, encargado de analizar las injerencias digitales extranjeras, examinó la movilización antes del 17 y, según ha publicado Le Monde, solo detectó una influencia exterior mínima. Su origen fue un vídeo viral en TikTok y carteles generados con inteligencia artificial. Pero lo que vino después sí fue obra de otros. Medios estatales rusos como la agencia de noticias TASS calificaron lo ocurrido de “pogromos”, y canales pro-Kremlin difundieron imágenes de la violencia para vender la idea de un Occidente en decadencia. Hasta un enviado de Vladímir Putin para la cooperación económica se sirvió de las protestas para criticar las políticas occidentales.

Viginum ya había atribuido a redes prorrusas, como Matriochka o Storm-1516, campañas contra candidatos a las presidenciales de 2027 con falsos medios y vídeos manipulados. La inquietud en París y en el resto de Europa es que Moscú aproveche el caos para amplificar la desconfianza antes de las urnas, y que las protestas por el coste de la vida, que ya se extienden a otras capitales europeas, ofrezcan material de sobra.

En Italia, los servicios de inteligencia van más allá: el análisis de las redes sociales de esos días indica que no todo fue tan espontáneo en la movilización de unos 2.000 chavales, sin ninguna organización ni reivindicación, que súbitamente se dirigieron al centro de Milán y rompieron escaparates para robar zapatillas y ropa de marca. “Es el punto culminante de una guerra híbrida”, señaló el ministro de Defensa, Guido Crosetto.

El Elíseo ha convocado para el jueves por la mañana al primer ministro, a los ministros afectados y a todos los servicios de inteligencia, para obtener un informe detallado de lo ocurrido. Unas 2.500 personas ha pasado por la custodia policial tras los disturbios, de las que 917 han sido remitidas a juicio inmediato. La cifra triplica, de largo, los 1.200 detenidos que el Ministerio del Interior contabilizó la noche del sábado. Aunque el Gobierno no ha concretado cuántos agentes están desplegados, el esfuerzo es visible: patrullas reforzadas en las grandes ciudades y cordones en las calles de la protesta.

Los comerciantes siguen aterrorizados de que puedan repetirse los saqueos y la violencia contra sus negocios del pasado sábado y domingo. Muchas tiendas en el centro han decidido no abrir o comenzar a vaciar las estanterías de sus productos para evitar nuevos pillajes. La Prefectura de Policía de París (PP) prohibió este miércoles la manifestación convocada por Interfac IDF prevista para este jueves en París. Una señal de lo que está ocurriendo ya en otras ciudades francesas como Perpiñán, que ha negado la posibilidad a cualquier tipo de movimiento de manifestarse hasta el próximo domingo.

Las respuestas políticas, sin embargo, no llegan. La secretaria general de la CGT, Sophie Binet, salió de su reunión con el primer ministro asegurando que no ofreció “ninguna medida” a las reivindicaciones de trabajadores y estudiantes. Binet anunció una posible huelga general a partir del 5 de noviembre y pidió un “nuevo rumbo” en la movilización. Ese giro llega con fecha: una declaración registrada en la prefectura convoca a los “chalecos amarillos” de nuevo en París el sábado 24, de la plaza de la Bastilla a la Ópera, una semana después de la jornada contra la carestía de la vida. El Ejecutivo no ha confirmado todavía que esté autorizada ni el recorrido. Pero lo que ocurra entonces determinará verdaderamente el nivel del problema.

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