Una revisión de estudios del Centro Cochrane Iberoamericano, con sede en Barcelona, señala el beneficio moderado de la actividad física en el abordaje de la depresión. «El ejercicio sería un añadido, que no un sustituto, del tratamiento global» Leer Una revisión de estudios del Centro Cochrane Iberoamericano, con sede en Barcelona, señala el beneficio moderado de la actividad física en el abordaje de la depresión. «El ejercicio sería un añadido, que no un sustituto, del tratamiento global» Leer
El ejercicio físico probablemente reduce los síntomas de la depresión en una medida similar a la psicoterapia, según una revisión Cochrane actualizada (añade 35 nuevos ensayos a las versiones anteriores, publicadas en 2008 y 2013). En comparación con los medicamentos antidepresivos, el ejercicio también muestra un efecto similar pero la evidencia, en este caso, es de certeza baja.
Según ha explicado el Centro Cochrane Iberoamericano, con sede en Barcelona, la revisión, elaborada por investigadores de la Universidad de Lancashire, en Reino Unido, examinó 73 ensayos controlados aleatorizados que suman casi 5.000 adultos con depresión. Los estudios compararon el ejercicio con ningún tratamiento o con intervenciones de control así como con psicoterapias y medicamentos antidepresivos.
Los resultados, ha destacado el Centro Cochrane Iberoamericano, muestran que el ejercicio «puede suponer un beneficio moderado en la reducción de los síntomas depresivos, en comparación con ningún tratamiento o una intervención de control».
En comparación con la psicoterapia, el ejercicio «tuvo un efecto similar sobre los síntomas depresivos, según la evidencia científica de certeza moderada procedente de 10 ensayos».
En cuanto a las comparaciones con los antidepresivos, «también apuntan a un efecto similar, pero la evidencia es limitada y de certeza baja».
Acerca de los efectos a largo plazo ha afirmado que «no están claros ya que pocos estudios hicieron un seguimiento a los participantes después del tratamiento».
Mientras que los efectos secundarios fueron poco frecuentes e incluyeron lesiones musculoesqueléticas ocasionales en quienes hacían ejercicio y efectos típicos relacionados con la medicación en quienes tomaban antidepresivos, como cansancio y problemas digestivos.
«Nuestros hallazgos muestran que el ejercicio parece ser una opción segura y accesible para ayudar a controlar los síntomas de la depresión», ha afirmado Andrew Clegg, autor principal de la revisión, en declaraciones a la red Cochrane. «Esto indica que el ejercicio funciona bien para algunas personas, pero no para todas, y es importante encontrar estrategias que las personas estén dispuestas a seguir y que sean capaces de mantener».
Y es que la revisión observó que el ejercicio de intensidad leve a moderada podría ser más beneficioso que el ejercicio intenso, y que completar entre 13 y 36 sesiones de ejercicio se asoció con mayores mejorías en los síntomas depresivos.
Sobre el tipo de ejercicio, la revisión indica que ninguno concreto fue claramente superior, aunque los programas de ejercicios mixtos y el entrenamiento de fuerza parecen más efectivos que el aeróbico solo. Algunas formas de ejercicio, como el yoga, el qigong y los estiramientos, no se incluyeron en el análisis y representan áreas para una futura investigación.
A pesar de las pruebas adicionales, la revisión no hace variar las conclusiones globales. Esto se debe a que la mayoría de los ensayos fueron pequeños, con menos de 100 participantes, lo que dificulta extraer conclusiones firmes.
«Aunque hemos añadido más ensayos en esta actualización, los resultados son similares», ha dicho al respecto Clegg.
«El ejercicio puede ayudar a las personas con depresión, pero si queremos encontrar cuáles funcionan mejor, para quién y si los beneficios perduran en el tiempo, todavía se necesitan estudios más grandes y de alta calidad. Un ensayo grande y bien realizado es mucho mejor que varios ensayos pequeños de calidad deficiente con un número bajo de participantes en cada uno».
Del mismo parecer es Eduard Vieta, jefe de Servicio de Psiquiatría y Psicología del Hospital Clínic de Barcelona y director del grupo de Trastorno bipolar del Área de Neurociencias del Idibaps. Según ha explicado a este diario, el ejercicio mejora el estado de ánimo de las personas sanas y en deprimidas, podría mejorarlo también. Pero recuerda que en el caso de la depresión leve y moderada no todos los pacientes afectados tienen ganas de hacer ejercicio; y en el de la grave, no está claro que eso sea posible. Y tampoco le ve sentido a la posibilidad de sustituir la psicoterapia por ejercicio, a no ser que se trate de una depresión tan leve que quizá ni lo sea.
Por lo tanto, desde su punto de vista, el ejercicio sería un añadido, que no un sustituto, del tratamiento de la depresión; y, además, habría que individualizarlo (edad, estado de forma, etc.). Ha recordado asimismo que tanto el ejercicio como dormir bien son saludables si los dos funcionan correctamente, y se da la circunstancia de que los pacientes con depresión, por la propia enfermedad, suelen dormir mal.
En cuanto a la nueva revisión, a su juicio, la evidencia en la que se basa es muy floja, al tratarse de estudios de muy baja calidad. Considera que habría que estudiar, con una buena metodología y una muestra amplia, el beneficio que supone el ejercicio físico para la salud mental, pero para ello habría que contar con fondos públicos puesto que, tal y como ha recordado, a la industria, invertir en la investigación de esta cuestión, no le aportaría retorno.
En declaraciones a SMC Reino Unido, Jeff Lambert, profesor asociado en Psicología de la Salud en la Universidad de Bath (Reino Unido), ha manifestado: «Se trata de una revisión Cochrane bien realizada, que utiliza métodos rigurosos para identificar y analizar la evidencia disponible. Sin embargo, como señalan los autores, sus conclusiones están limitadas por la calidad de los ensayos que incluye. Muchos de los estudios sobre el ejercicio eran pequeños y presentaban deficiencias metodológicas, y cuando el análisis se limita a los ensayos más sólidos, el beneficio aparente del ejercicio para la depresión se reduce, aunque sigue siendo estadísticamente significativo. Existen algunas pruebas que sugieren que el ejercicio puede ser tan eficaz como la terapia psicológica o los medicamentos antidepresivos, pero esta conclusión se basa en un número reducido de estudios y, por lo tanto, conlleva una incertidumbre considerable. La revisión tampoco puede decirnos con certeza si el ejercicio funciona mejor para la depresión más o menos grave, si la eficacia varía según el tipo de ejercicio o si las personas deben pasar de la medicación o la terapia a solo ejercicio».
«También es importante señalar que esta revisión se centró principalmente en programas de ejercicio estructurados, a menudo supervisados, que tienden a atraer a voluntarios motivados que están dispuestos y son aptos para participar. Esto limita la aplicabilidad de los resultados a la población general de personas con depresión. La revisión no incluyó intervenciones basadas en consejos sobre ejercicio o apoyo conductual, que son mucho más comunes en la atención rutinaria. Por ejemplo, los autores excluyeron el gran ensayo TREAD del Reino Unido, en el que se asignó aleatoriamente a personas con depresión en atención primaria a recibir la atención habitual o la atención habitual más el apoyo de un facilitador de actividad física. Esto significa que los resultados reflejan los efectos del ejercicio organizado en condiciones de ensayo, en lugar de la eficacia de ayudar a las personas a ser gradualmente más activas en la vida cotidiana de manera acorde con sus objetivos y valores», ha añadido.
En la práctica real, y a falta de estudios más pragmáticos, «probablemente sea mejor considerar la actividad física como una opción útil o un complemento de los tratamientos existentes, en lugar de como un sustituto directo de la atención establecida. Todavía se necesitan más estudios de alta calidad que combinen el apoyo conductual con entornos de atención rutinaria», ha concluido.
Brendon Stubbs, investigador senior del Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencia del King’s College de Londres, del Reino Unido, también en declaraciones para SMC Reino Unido, ha dicho: «Esta revisión Cochrane proporciona pruebas sólidas de que el ejercicio puede reducir moderadamente los síntomas depresivos en adultos en comparación con la ausencia de tratamiento o las intervenciones de control, con efectos que parecen comparables a los de las terapias psicológicas o los antidepresivos en las limitadas comparaciones directas disponibles».
A su juicio, «esto concuerda con revisiones sistemáticas y metaanálisis anteriores, lo que refuerza el argumento a favor del ejercicio como opción basada en la evidencia para el tratamiento de la depresión, aunque los datos a largo plazo siguen siendo limitados (algo que también es habitual en otros tratamientos). En la práctica clínica, esto respalda la integración del ejercicio en los planes de tratamiento de la depresión, dado su perfil favorable de eventos adversos en comparación con los efectos secundarios farmacológico».
En última instancia, para las personas con depresión, «las pruebas indican que el ejercicio puede ofrecer beneficios a corto plazo similares a los de la terapia o la medicación para algunas personas, pero las decisiones sobre el cambio o la combinación de enfoques deben tomarse en colaboración con los profesionales sanitarios, teniendo en cuenta las circunstancias individuales. Sin embargo, es hora de que los servicios sanitarios se adapten y garanticen que el ejercicio forme parte del conjunto de opciones estándar para las personas con depresión», ha subrayado.
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