Tanto calor en París como en Abu Dabi… pero sin aire acondicionado

Tan solo el 25% de los franceses cuentan con aire acondicionado en sus casas frente al 60% de los españoles Leer Tan solo el 25% de los franceses cuentan con aire acondicionado en sus casas frente al 60% de los españoles Leer  

La resistencia cultural a la clim (la climatización) ha empezado a ceder en Francia tras los dos días más calurosos jamás registrados, con los termómetros alcanzando los 43 grados y tres cuartas partes del país en alerta roja. «Tanto calor en París como en Abu Dabi», titulan los periódicos, con un dato complementario que lo dice todo: tan solo el 25% de los franceses cuentan con aire acondicionado en sus casas, frente al 60% de los españoles.

La líder de Agrupación Nacional, Marine Le Pen, ha aprovechado el hervidero de la canicule (la canícula) para prometer un «plan de climatización» de 20.000 millones de euros, y adaptar los hospitales, la escuelas, las residencias y los edificios públicos a las olas de calor que golpean cada año más temprano y con mayor intensidad.

«El Gobierno está para marcar el rumbo, y ha llegado el momento de decir ‘sí’ al aire acondicionado e impulsar esa decisión», ha declarado la líder de extrema derecha en plan populista, recordando cómo las elites francesas disfrutan de ese privilegio en sus casas mientras la mayoría de los franceses luchan para combatir las altas temperaturas. A lo largo de la semana han cerrado más de 3.000 escuelas, se han cancelando cientos de trenes y se ha forzado incluso el apagón de dos centrales nucleares por la alta temperatura del agua en los ríos usados para refrigerar los reactores (la central de Nogent-sur-Seine se paró el jueves, tras el cierre de Golfech el lunes).

El calor en Francia ha sido tan insufrible estos días que hasta la líder de Los Ecologistas, Marine Tondelier, ha roto finalmente el tabú: «Hay lugares, como los hospitales y las escuelas, que no pueden vivir ahora sin aire acondicionado». Atrás quedan las reservas ideológicas, por el consumo energético y por la contribución de la clim al efecto de isla de calor en las ciudades.

«Pero es absurdo pensar que esto se va a solucionar sin más instalando aire acondicionado en las casas», advierte la líder ecologista. «Si queremos de verdad proteger a los franceses del impacto del cambio climático tenemos que ir más allá y atacar el problema desde la raíz».

El candidato presidencial de La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, se ha quedado prácticamente solo en el frente anti-clim: «La climatización no puede ser la respuesta ante el calentamiento global. La solución es sobre todo la mejora de los aislamientos de los edificios».

El alcalde París, el socialista Emmanuel Grégoire, que ha tenido que despachar más de 1.200 de aparatos de aire acondicionado para mantener abiertas las escuelas en París, ha reconocido su ambivalencia pese a la situación extrema: «La climatización puede resultar útil para refrigerar espacios públicos y proteger a las poblaciones más vulnerables, pero su uso individual agrava el problema al calentar aún más la ciudad».

«Por eso las autoridades debemos actuar con rapidez ante una situación tan insoportable como la que estamos viviendo, porque de lo contrario la gente comprará sus propios equipos y los instalará en casa como pueda», advirtió el alcalde. «Es necesario ofrecer soluciones y herramientas alternativas».

Emmanuel Grégoire aseguró que se ha producido «un aumento de la mortalidad» en París en la última semana, con un promedio de 25 muertes por paro cardíaco cada 24 horas, frente a la media habitual de diez diarias en esta época del año. La cifra víctimas atribuidas a la ola de calor, en su mayoría en ahogamientos en ríos y zonas no vigiladas de baño, superó el jueves el medio centenar tras la muerte de un niño de tres años dentro del coche de sus padres en Val-dOise (otros dos niños fallecieron en similiares circunstancias el lunes).

Tejados de zinc de París.
Tejados de zinc de París.C. F.

París, una de las ciudades más densas de Europa, encabeza también la lista negra de mortalidad excesiva ante las olas de calor, según un estudio comparativo de 30 ciudades europeas de The Lancet Planetary Health Journal.Gran parte de los 14.800 víctimas atribuidas a la ola de calor de agosto del 2003 ocurrieron en la capital francesa, que vio desbordados sus hospitales y sus morgues.

Según Grégoire, la ciudad aprendió la lección de lo ocurrido hace más de dos décadas, y «hoy por hoy la población más vulnerable está informada y monitorizada», y el sistema sanitario ha sido puesto a prueba con simulacros de temperaturas extremas. «Lo que más me preocupa es la gente entre 50 y 70 años que se considera con buena salud y que sigue con su actividades habituales a pesar de las altas temperaturas», advierte Grégoir. «Es esa gente la que tiene que protegerse».

El Ayuntamiento de París ha decidido mantener abiertos los parques 24 horas, los monumentos y museos han adelantado sus horas de cierre a las cuatro de la tarde y las playas públicas en el Sena, el canal de Saint-Martin y La Villette se han visto desbordadas por parisinos y turistas deseando sofocar el calor.

La ciudad tiene sin embargo un problema de fondo, compartido por muchas ciudades francesas, y es la falta de adaptación de sus edificios al calor, empezando por los típicos tejados de zinc (caliente) que convierten los últimos pisos en auténticos hornos. «La gente suele mirar a estos tejados abuhardillados como si fueran lugares encantadores», advierte Maïder Olivier, al frente de la Fundación para la Vivienda de Personas Desfavorecidas. «La realidad es que esos pisos están ocupados normalmente por estudiantes que pagan unos alquileres elevadísimos y que están expuestos a un calor extremos en casa muy difíciles de ventilar«, asegura Olivier, que pone sobre la mesa el problema de desigualdad climática que afecta principalemente a los banlieues (suburbios).

El 66% de los franceses luchan estos días por tener «un calor tolerable» en sus casas, especialmente en las viviendas públicas, según estimaciones de la fundación. «La demora del Estado a la hora de hacer frente a este problema está poniendo en riesgo la vida de millones de personas», recalca Maïder Olivier. «Estamo ante un auténtico problema de justicia ante los riesgos climáticos».

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