Luz, Ana y Carmen tienen 75, 60 y 64 años. Vuelven a dormir, o a intentarlo, en una protesta por la vivienda 15 años después de haber participado juntas en el 15-M. “Entonces estábamos hasta las narices de todo. Y ahora seguimos aquí”, cuentan.
Luz, Ana y Carmen han hecho de la movilización una parte de sus vidas y ahora acompañan a los jóvenes que reclaman una vivienda asequible
Luz, Ana y Carmen tienen 75, 60 y 64 años. Vuelven a dormir, o a intentarlo, en una protesta por la vivienda 15 años después de haber participado juntas en el 15-M. “Entonces estábamos hasta las narices de todo. Y ahora seguimos aquí”, cuentan.
A las tres les cuesta recordar cuándo empezaron a acudir juntas a las manifestaciones. Lo que sí recuerdan es que llevan décadas haciéndolo. Esta noche han vuelto a coincidir en una protesta por la vivienda. Las tres tienen casa, ninguna necesita una tienda para pasar la noche, pero han decidido quedarse. “Si hay que estar aquí para apoyar, aquí nos quedamos”, explica una de ellas.
Su historia tiene un punto de partida que conecta directamente con el presente: el 15-M. Hace 15 años también salieron a la calle, durmieron en cartones y participaron en aquellas primeras concentraciones que denunciaban la precariedad, las hipotecas y las consecuencias de la crisis económica. Hoy, mientras a su alrededor se acumulan tiendas de campaña y jóvenes que reivindican el acceso a una vivienda, ellas reconocen buena parte del paisaje. “Llevamos toda la puta vida en la calle, luchando, y seguimos aquí. Ya no podemos ni con el bastón”, bromea Ana.
La comparación con el 15-M les sale de forma natural. Entonces, recuerdan, el lema era el de una “democracia real”, acompañado por el rechazo a los desahucios, las hipotecas y el rescate de entidades financieras con dinero público. Ahora el centro de la protesta es la vivienda, pero ellas encuentran un hilo común. “Estábamos hasta los cojones de todo”, recuerdan sobre aquellas movilizaciones. “Y aquí estamos otra vez”.

La diferencia que observan no está tanto en las reivindicaciones como en quién ocupa hoy la calle. Ven a muchos jóvenes en la acampada, aunque creen que la movilización juvenil sigue teniendo algo de intermitente. “Los que nos movemos siempre somos los de siempre”, dice una de ellas. “Igual que en el 15-M: empezaron a salir los jóvenes cuando les tocó el tema”.
Carmen, de 64 años, cuenta que vive en Madrid y que continúa vinculada a la movilización social. También habla de otra parte de su vida que para ella está relacionada con la vivienda: en su casa ha acogido a cinco menores senegaleses después de que se quedaran sin hogar tras perder su vivienda por un derrumbe del techo. Los jóvenes viven en Lavapiés y, según explica, sus familias continúan allí.
Su relación con la protesta viene de lejos. Recuerda que comenzó a cuidar de una niña cuando tenía apenas unos meses de edad. “La madre era muy joven y no podía con ella”, recuerda. Con el paso de los años llegaron más niños a su vida. También rememora haber acudido con ellos a las movilizaciones del 15-M.
Esta noche, las tres amigas se sientan juntas en el campamento. A su alrededor, la protesta continúa creciendo. Hay jóvenes que preparan sus tiendas, personas que organizan el espacio y manifestantes que se preparan para pasar la noche.
Ellas saben que no tienen que dormir aquí. Podrían volver a sus casas. Pero han decidido quedarse un rato más. “Yo me voy cuando me da la gana. A las cinco, a las seis… cuando me dé la gana”, dice una de ellas entre risas. Quince años después del 15-M, las tres vuelven a compartir plaza con otra generación. Cambian los rostros, cambian los lemas y cambia el contexto. Pero para ellas hay algo que permanece: la sensación de que la vivienda sigue siendo un problema sin resolver. “Para nada”, responden cuando recuerdan si creen que aquellas movilizaciones consiguieron cambiar las cosas. Y vuelven a mirar alrededor. Siguen allí.
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