Luis Quiroga y Toni Timoner, fundadores del think tank Oikos, publican ‘El ecologista de derechas’. «La gran prioridad olvidada en España es la adaptación al cambio climático», aseguran Leer Luis Quiroga y Toni Timoner, fundadores del think tank Oikos, publican ‘El ecologista de derechas’. «La gran prioridad olvidada en España es la adaptación al cambio climático», aseguran Leer
En plena «involución» climática, propiciada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y por los partidos de extrema derecha, dos españoles afincados en Londres pero arraigados al mismo tiempo en nuestro territorio se desmarcan con un título que suena a osadía o provocación, según se mire: El ecologista de derechas (Deusto).
«No es como te lo ha contado la izquierda», advierten de entrada Toni Timoner y Luis Quiroga, co-fundadores del think tank Oikos y coautores de este libro a caballo entre el manifiesto y la «hoja de ruta» para la derecha moderada en estos tiempos convulsos. Por un lado, denuncian el «envoltorio sectario» de la izquierda, que ha convertido el «verde» en su bandera. Por otro, lamentan el vacío dejado por la derecha y llenado en los últimos años por el «negacionismo«.
«Nosotros empezamos diciendo que el cambio climático es una realidad y que hay que hacer algo al respecto», afirma Quiroga, y agrega: «Nos apoyamos en los datos, proponemos hablar del clima sin complejos. Reconocemos que España es vulnerable, como vimos recientemente con la dana y los incendios, y que hace falta dar prioridad a la adaptación. Al mismo tiempo, estamos muy bien posicionados con las renovables. Las políticas climáticas bien hechas son un motor de prosperidad para países como el nuestro».
«Lo que pretendemos es normalizar el hecho de que la derecha defienda el medio ambiente», recalca Timoner. Además, señala que «conviene recordar que fue José María Aznar quien nombró a la primera ministra de Medio Ambiente, Isabel Tocino, en 1996″ y que también fue bajo su mandato, con el Partido Popular, cuando se creó la primera Oficina de Cambio Climático en el 2001.
El propio Aznar reivindica en las tapas del libro la necesidad de abordar el debate medioambiental «desde una perspectiva de centro-derecha» y arremete al mismo tiempo contra «la consigna sumaria, el narcisismo moralizante y la mueca provocadora» de la izquierda.
Preguntamos a los autores de El ecologista de derechas si no ha existido también un claro repliegue desde los tiempos de Mariano Rajoy y el impuesto al sol: «Lo que ocurrió fue en parte consecuencia de la política fotovoltaica de Zapatero», replican. «Pero es cierto que ha existido una «incomparecencia» de la derecha tradicional y esa sensación se ha prolongado en el tiempo», añaden.
Frente a la polarización creciente del debate, dentro y fuera de nuestras fronteras, los dos autores reclaman la «sensatez climática». Ambos reconocen que la «deriva trumpiana» ha causado un daño político, pero advierten que la «lógica económica» va por otro lado y que incluso los estados republicanos -dentro de la libertad que permite el mercado- están sirviendo de contrapeso a la política federal anti-renovables: «Lo que la economía decide que es razonable se acaba imponiendo».
Timoner trabaja como economista senior en una institución financiera en Londres y Luis Quiroga es director de un fondo global de inversión en transición energética. Los dos defienden el papel de la innovación y de la iniciativa privada, y se apoyan en los números para respaldar lo que ellos llaman la «transición ecológica ordenada» como estrategia de prosperidad nacional.
«Lo que no podemos es descarbonizar todo a la vez, que es lo que ha intentado la Unión Europea», precisa Timoner. «Tampoco se puede imponer arbitrariamente una fecha para el fin de la venta de nuevos coches de combustión en el 2035, sin saber cómo lo vamos a hacer», matiza Quiroga, y aclara: «Aunque también es cierto que los fabricantes europeos se han dormido al volante frente a la competencia china».
Los autores de El ecologista de derechas denuncian «la tiranía de los plazos» y cuestionan que la UE pueda llegar al objetivo del «cero neto» en el 2050. «Para poder lograrlo, necesitamos una caída en picado de las emisiones», sostienen. «Europa se ha puesto unos deberes que a lo mejor no los puede conseguir. Está bien marcarse aspiraciones, pero no fechas inamovibles».
El libro asegura que el «intervencionismo maximalista» de la izquierda ha contribuido a la actual crispación del debate, al plantear la transición ecológica como «una pedagogía del sacrificio, construida contra el votante medio y sostenida en una acumulación de prohibiciones, gestos simbólicos y reproches morales».
Preguntamos a los autores si son partidarios de dar marcha atrás a las zonas de bajas emisiones. Responde Quiroga, curtido como ciclista urbano: «Lo malo es cuando se utiliza como argumento para hacer política contra el coche privado. La bicicleta funciona muy bien en ciudades pequeñas y medianas, pero en las ciudades grandes no podemos negarle su espacio al coche, ni obviar el hecho de que hay aún una barrera económica con el coche eléctrico».
«El 80% de todo lo que tenemos hoy puede electrificarse y el futuro será, en cualquier caso, electrificado«, sostiene Quiroga, que recalca la buena posición de España en el contexto europeo gracias a las renovables. ¿Nucleares? Los autores son partidarios de agotar o prolongar la vida de las centrales ya existentes, aunque admiten que nuestro país no tiene perspectivas de subirse a la «nueva era nuclear«.
«La gran prioridad olvidada en España es la adaptación», advierte por su parte Timoner. «Vivimos en un país vulnerable al estrés hídrico, a los incendios y a los eventos extremos, y prepararse es tan importante como reducir las emisiones». Los dos autores apelan, finalmente, a la reconciliación campo-ciudad y a la «conservación» como sinónimo de «responsabilidad» hacia las próximas generaciones y quienes serán «los custodios del patrimonio natural en el 2100».
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