El gran día de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos está transcurriendo sin graves incidentes. Por la tarde, los principales problemas que afectaron a la votación estaban relacionados con asuntos técnicos o con condiciones meteorológicas, pero nada que tuviera que ver con los temores a que hubiera coacción en las urnas o con enfrentamiento con agentes federales que propiciaron un gran despliegue de observadores en los colegios.
Decenas de miles de voluntarios entrenados para afrontar situaciones de intimidación vigilan los colegios electorales en una jornada electoral que transcurre sin graves incidentes
El gran día de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos está transcurriendo sin graves incidentes. Por la tarde, los principales problemas que afectaron a la votación estaban relacionados con asuntos técnicos o con condiciones meteorológicas, pero nada que tuviera que ver con los temores a que hubiera coacción en las urnas o con enfrentamiento con agentes federales que propiciaron un gran despliegue de observadores en los colegios.
Tampoco se han registrado interacciones inadecuadas con los observadores enviados por el Departamento de Justicia (DoJ), que disparó las alarmas entre los grupos de defensa de la democracia. El DOJ anunció que colocaría a mil observadores electorales, una cifra nunca registrada anteriormente, por todo el país para monitorear los comicios. Su labor debe ser garantizar el derecho al voto, pero su intromisión en estas elecciones, queriendo anular votos en California y en Alaska, junto con el discurso de Trump de que hay fraude electoral, hizo temer lo peor.
Las organizaciones de derechos civiles que estaban preparadas para actuar ante cualquier eventualidad, como la presencia de agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) o la intimidación de los votantes, han ido confirmando a lo largo del día que la jornada transcurre con tranquilidad.
“Todo está tranquilo”, afirmaba al mediodía el CEO de LULAC, la mayor organización de defensa de los latinos en Estados Unidos.
La entidad participó en una coalición con otras organizaciones, como Common Cause y La Liga de Mujeres Votantes, para realizar un despliegue histórico de voluntarios que se repartieron por los colegios electorales de todo el país. El objetivo: evitar que los ciudadanos se sintieran intimidados para ejercer su derecho al voto. En su sede de Washington D. C., docenas de voluntarios monitoreaban desde por la mañana posibles altercados en los colegios electorales. Revisando las redes sociales y los mensajes que les llegaban de todas partes del país, los incidentes reportados fueron menores.
Los intentos de Trump de influir en las elecciones predecían las preocupaciones de las organizaciones de derechos civiles. El presidente ha intentado de varias maneras manipular los comicios sin éxito. Los tribunales frenaron el intento por parte de su Administración de anular 20.000 votos en California alegando que correspondían a migrantes que no son ciudadanos. El Tribunal Supremo tampoco permitió que pusiera restricciones al voto por correo, una modalidad de voto que favorece normalmente al Partido Demócrata.
Trump, cuya popularidad está en mínimos por culpa de la guerra en Irán, el alto coste de vida y la agresiva política migratoria, se juega en estas elecciones el control del Congreso, que ahora ostenta el Partido Republicano. Todas las encuestas han vaticinado que los demócratas arrebatarán el control de la Cámara de Representantes a los republicanos y tienen posibilidad de ganar también la contienda por el Senado. Las continuas denuncias infundadas de Trump sobre fraude electoral y la presencia de una cantidad de observadores electorales del DOJ nunca antes vista hizo saltar las alarmas.

“Después de tanto ruido sobre la posibilidad de una interferencia del Gobierno y sobre amenazas de adversarios extranjeros, las cosas están yendo con total normalidad”, afirmó David Becker, director ejecutivo del Center for Election Innovation & Research, figura de referencia en Washington en seguridad electoral, en una videoconferencia. Becker subrayó la “sorprendente suavidad” con la que transcurría la jornada.
Solo las inundaciones en Florida y en partes del suroeste del país obligaron a cambiar los centros de votación y a adoptar otras medidas de emergencia. En el condado de Westchester, en Nueva York, los funcionarios electorales dijeron que los escáneres de boletas no aceptaban boletas de papel, pero las papeletas permanecieron seguras y bajo vigilancia, mientras se resolvía el problema. El resto de los incidentes fueron menores, como la confusión de algunos votantes sobre el colegio en el que corresponde votar.
El incidente más llamativo que registraron los voluntarios que gestionaban los informes en la sede de LULAC fue un aviso de bomba en un colegio elemental en el Estado de Ohio. Después de comprobar que era falso, la votación continuó sin mayores altercados.
“Esto no es casualidad; es el resultado de la planificación proactiva que nuestra coalición ha llevado a cabo a lo largo del año para prepararse de cara al día de hoy”, apuntó Virginia Kase Solomón, CEO y presidenta de Common Cause, una organización con sede en D. C., dedicada a defender el derecho al voto que busca limitar la influencia del dinero en las elecciones y exigir responsabilidades a los funcionarios públicos.
Una de las situaciones que los voluntarios en el terreno estaban preparados para afrontar era la presencia de agentes del ICE. Desde la Administración se habían dado mensajes contradictorios sobre si acudirían a las urnas. En Ohio, una observadora de La Liga de Mujeres Votantes reportó la presencia de agentes migratorios a dos minutos de un colegio electoral. Varios grupos han entrenado durante semanas a los voluntarios para que supieran como documentar una interacción con los agentes federales, grabando con sus teléfonos móviles y difundiendo la información. Por la tarde, no se habían reportado incidentes en los que participara la agencia migratoria.
La votación anticipada, que con más registró récord en estas midterms, facilitó que las colas no fueran largas en muchos colegios. En algunos lugares, no obstante, superaban los 40 minutos. Es el tiempo que esperaba Valerie, una trabajadora social de un centro para jóvenes y adultos en Hollywood, para acompañar a los electores que necesitaban ayuda. “Votar es poder”, afirmó, a la vez que explicaba que trata de enseñárselo a sus pupilos.
“Me encanta la política”, manifestaba May, una joven afroamericana a la que acompaña Valerie y que votaba por primera vez. “Y además, como decía mi abuela: ‘Sé parte del cambio que quieres’. Es importante”, aseguró, afirmando que le ha encantado la experiencia y que repetirá en persona siempre que pueda.
También satisfecha con ejercer su derecho se mostraba Elizabeth Alba, que se tomó una selfie afuera de la casilla electoral para dejar constancia de su voto. Simpatizante del presidente Donald Trump, esta maestra sustituta forma parte de una minoría en California, un bastión demócrata. Alba afirmó que acudió a votar para que su voz conservadora también se escuche en estos comicios. “Él ha manejado la economía de la mejor forma que ha podido”, aseguró. “Ojalá que Trump pudiera reelegirse. No le tengo fe a los demócratas. Me da ansias cuando gobiernan. Son diferentes”, opinó.
Calma y normalidad continuaron definiendo una jornada en la que millones de estadounidenses acudían hoy a las urnas para celebrar la democracia y opinar sobre si quieren o no un cambio en el rumbo que lleva el país.
Con información de María Porcel e Isaías Alvarado, ambos desde Los Ángeles.
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