Voltor & Voltor: el fondo buitre real que Carles Tamayo creó para infiltrarse en el mercado inmobiliario

Carles Tamayo y Ramón Campos, productor ejecutivo de Bambú Producciones, se unieron hace unos años para Cazar a un monstruo. Ahora, de aquel enlace surge Se nos ha ido de las manos un programa documental en el que el cineasta mostrará la realidad tal cual es. El primer capítulo: la vivienda Leer Carles Tamayo y Ramón Campos, productor ejecutivo de Bambú Producciones, se unieron hace unos años para Cazar a un monstruo. Ahora, de aquel enlace surge Se nos ha ido de las manos un programa documental en el que el cineasta mostrará la realidad tal cual es. El primer capítulo: la vivienda Leer  

En la oficina de la productora de Carles Tamayo, Grábalo todo, hay un servidor que guarda en el idioma de los ceros y unos todo lo que el cineasta y periodista ha ido grabando desde que comenzase hace ya unos cuantos años (casi desde la infancia). No sabe decirnos cuántas horas de imágenes hay almacenadas, pero es Marc, su operador de cámara, el que nos confirma que las grabaciones del primer episodio de Se nos ha ido de las manos, el nuevo programa documental que llega a La 1 este jueves, ocupan más de 60 teras. Una pasada.

Y es que Carles Tamayo en lugar de nacer con un pan debajo del brazo nació con una cámara. Es de esta vocación, casi obsesión, y de su unión con uno de los grandes productores audiovisuales patrios, Ramón Campos, de Bambú Producciones, de donde nació, primero, Cómo cazar a un monstruo y, ahora, un programa documental en el que Carles Tamayo y su equipo se adentran en temas que como sociedad hemos normalizado sin cuestionar, aunque se nos han ido claramente de las manos.

Es Campos el que nos cuenta lo que más le fascina de Tamayo, probablemente, lo que hace que sus documentales, primero fueran un éxito en YouTube, después en Prime Video y, ahora, hayan llegado a la televisión pública: «A mí me gusta mucho esa forma que tiene Carles de analizar desde cierta inocencia de la juventud, cuestiones que damos por hechas; esta idea de analizar situaciones de la sociedad, pero llevándolas un paso más allá». El ir más allá aparecerá muchas veces durante la charla.

Probablemente, «un paso más allá» es la mejor definición para describir qué es y qué va a mostrar Se nos ha ido de las manos. El primer episodio es uno de los temas que está en la calle, que angustia a una generación prácticamente cada día y que supone una de las mayores crisis de este siglo XXI en España: la vivienda. Carles Tamayo podría haber hecho un programa documental escuchando a los afectados, a los arredandores, a expertos, a analistas inmobiliarios (también lo ha hecho), pero el cineasta va -repetimos- un paso más allá: crea una sociedad de inversión inmobiliaria -un fondo buitre- para acceder desde dentro a un mercado que condiciona la vida de millones de españoles.

Tamayo nos atiende por teléfono con el manos libres puesto mientras todo su equipo escucha. Algunos son periodistas, otro es biólogo de formación y «hasta hay un mago». Tal vez porque para hacer lo que hacen se necesite un poco de magia. Lo primero que nos dice nada más empezar la conversación es que no tiene muy claro cómo se hace esto, si la que escribe estas líneas pregunta y él contesta. «Sí, yo pregunto y tú respondes», le contestamos. Él está más acostumbrado a estar en el lado del que pregunta.

«El fondo buitre lo hemos construido de verdad, porque así tenía que ser. Y todo lo que pasa, todo lo que se ve es cien por cien real. Y lo guay también es que la gente puede ir a verlo. Hay una oficina ahora mismo en la calle Berlín, número 4, en Barcelona, donde está Voltor&Voltor, nuestro fondo buitre, y que sale en Google», nos revela. Ahora se entiende lo de los 60 teras.

«Al final nuestra forma de trabajar es plantear conceptos que nos parecen interesantes y a partir de aquí ver lo que pasa. Después, a partir de todo ese material que hemos grabado, vamos construyendo la historia. Nosotros, de hecho, no trabajamos con un guion al uso, sino que es a medida. Nuestra productora se llama Grábalo todo porque vamos grabándolo todo, lo vamos montando y vamos estructurando la historia ya directamente en timeline«, nos explica.

Se nos ha ido de las manos
Carles Tamayo y su equipo, en la presentación de Se nos ha ido de las manos.RTVE

Por ejemplo, para el documental de Cómo cazar un monstruo, la primera producción con Ramón Campos, fue una investigación de más de cuatro años, en la que Carles Tamayo grabó absolutamente todo, «porque nunca sabes si una llamada va a ser importante o el encuentro con alguien en la calle». En Se nos ha ido de las manos hace lo mismo, pero con un tiempo determinado, una duración marcada por los tiempos televisivos y la presión de condensar. Es decir, horas y horas de grabación en un solo capítulo para hablar de algo tan complicado como la vivienda. «Al final uno de los personajes también del documental es nuestro propio abogado que nos dice como tenemos que hacerlo todo. Él decía, «tú no puedes mentir y menos en la televisión pública. Todo lo que hagáis tiene que ser verdad». Y qué mejor verdad que transformarte en lo que que quieres contar.

La investigación arranca cuando Tamayo, al alquilar su propio piso, descubre que el mercado le anima a reinvertir y especular. En lugar de rechazarlo, decide seguir la lógica del sistema: constituye Voltor & Voltor, un fondo de inversión con el que accede a información sobre edificios habitados que están en venta y se infiltra en las principales ferias inmobiliarias del país y negocia operaciones reales con inversores del sector.

Sin embargo, lo que encuentra no es una trama oculta. Es un sistema normalizado. En este sistema, las conversaciones sobre la vida de las personas se llenan de eufemismos y acaban lanzando siempre el mismo mensaje: ganar más dinero, a cualquier precio.

«A mí me recuerda mucho al primer Jordi Évole», nos dice Campos, con el que trabaja mano a mano en cada proyecto. «Me parece que tiene mucho de aquel Salvados inicial que tenía el desparpajo, que tenía esa falta de vergüenza de preguntar lo que nadie se atreve a preguntar o de poner sobre la mesa cuestiones que nadie se atreve a poner», asegura.

Definir a Carles Tamayo y a su equipo no es fácil ni siquiera para ellos mismos. Dicen que alguna vez han utilizado la frase de «artesanos de lo audiovisual», pero tampoco les termina de convencer. De nuevo, es Marc, el cámara, el que utiliza una metáfora de una historia de Stephen King para intentar explicar cómo es su manera de trabajar y a dónde pretenden llegar: «Las historias que contamos son como la típica piedra de yeso en la que después de limpiarla sacas el dinosaurio». Interrumpe Tamayo… «Lo que pasa que en nuestro caso en lugar de ser una piedra es un edificio entero y lo que buscamos es la Venus de Milo, que es pequeñita. Lo que queremos hacer es vaciar el edificio para hacer habitaciones dentro».

Lo que diferencia a Tamayo del resto es que siempre va -otra vez- un paso más allá, una virtud que para Campos es clave porque encaja a la perfección con su manera de contarlo. Pone el productor el mejor ejemplo para entenderlo, el de sus hijas adolescentes, cuando vieron el primer episodio de este jueves: «De repente han entendido cómo funciona lo de la vivienda y dicen «¡ostras, espera!, pero entonces de esto que escuchamos hablar en la tele, esto de lo que nos habláis los mayores. ¿Es así?».

Es esa sorpresa de entender por qué ocurre lo que ocurre o cómo hemos llegado hasta donde hemos llehado donde radica el éxito de esta simbiosis entre Tamayo y Campos. El espectador va a ver no solo cómo funciona sino también ver cómo hemos normalizado lo que, aunque legal, no debería estarlo. «Hay algo de vergüenza de determinadas autoridades que si se van a dar cuenta de que no podemos seguir permitiendo que esta gente venga aquí y haga lo que quiera en nuestro país y con la la ciudadanía. Yo creo que sí, que hay algo para reflexionar muy profundamente», asegura Campos.

«Yo espero», continúa Tamayo, «que cuando los diferentes inversores que entrevistamos en el primer programa vean el reportaje, digan «¡hostia, esto no está bien!». Tamayo no busca «criminalizar que la gente pueda hacer negocios, pues entendemos que ese es el sistema en el que estamos». Lo que critica y expones precisamente «es esa cosa tan loca de ir al beneficio máximo, cueste lo que cueste. Esa cosa de si tienes que pasar por encima de todo un edificio de personas que están ahí viviendo con sus vidas y sus familias, pues da igual porque yo quiero ganar más y más dinero». Es decir, hacernos ver que sí, que hay muchas cosas que se nos han ido de las manos.

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