
Una de las consecuencias de la vulnerabilidad social en las primeras etapas de la vida son las pocas oportunidades de disfrute del tiempo libre. La falta de espacios y oportunidades en los que socializarse, distraerse, asimilar valores o conocer entornos distintos está cada vez más asociada a la falta de recursos económicos. Algunos datos recientes de entidades como Equitat.org refuerzan esta tesis: uno de cada tres niños o jóvenes catalanes vive en familias que no pueden permitirse una semana de vacaciones al año, al mismo tiempo que seis de cada diez de estos no participan en actividades de ocio educativo en verano. El modelo económico neoliberal ha empobrecido progresivamente la vida comunitaria. Se han perdido poco a poco aquellos entornos donde se construía tejido social, participación e implicación cívica.
Durante los momentos de diversión, las enseñanzas calan de una manera mucho más efectiva, y el respeto se incorpora como un hábito a partir de la convivencia
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
Durante los momentos de diversión, las enseñanzas calan de una manera mucho más efectiva, y el respeto se incorpora como un hábito a partir de la convivencia

Una de las consecuencias de la vulnerabilidad social en las primeras etapas de la vida son las pocas oportunidades de disfrute del tiempo libre. La falta de espacios y oportunidades en los que socializarse, distraerse, asimilar valores o conocer entornos distintos está cada vez más asociada a la falta de recursos económicos. Algunos datos recientes de entidades como Equitat.org refuerzan esta tesis: uno de cada tres niños o jóvenes catalanes vive en familias que no pueden permitirse una semana de vacaciones al año, al mismo tiempo que seis de cada diez de estos no participan en actividades de ocio educativo en verano. El modelo económico neoliberal ha empobrecido progresivamente la vida comunitaria. Se han perdido poco a poco aquellos entornos donde se construía tejido social, participación e implicación cívica.
El declive de los entornos comunitarios, que las entidades sociales percibimos ordinariamente, ha sido descrito también en el reciente informe “Desconexión y futuro: una juventud atrapada”, elaborado por Ayuda en Acción. La pérdida de estos espacios empobrece la experiencia vital, las relaciones sociales y con ello el equilibrio psicoemocional. Depender únicamente de recursos económicos para consumir ocio hace más vulnerables a nuestros hijos y los excluye de entornos en los que encontrarían referentes positivos. Sin ánimo de considerarlo la única causa del preocupante aumento de los problemas emocionales que, según numerosos datos, presentan niños y jóvenes, sí que podemos analizarlo como un factor que, unido a otros diversos, puede hacerlos más vulnerables a enfermedades mentales y a decisiones extremas como el suicidio.
Solo desde las organizaciones sociales de voluntariado, desde los locales abiertos y gratuitos, desde los espacios de educación en el tiempo libre como los centros de esplai, los casales o las colonias, se pueden promover iniciativas que contrarresten esta tendencia y que aporten crecimiento y enriquecimiento personal desde la participación comunitaria. Los recursos económicos no deberían ser una barrera para el acceso a una socialización rica, a una participación social, a unos referentes que puedan acompañar a los niños y jóvenes en estas etapas de sus vidas. Apoyar a las familias más vulnerables no es solo hacerlos partícipes de unos ingresos mínimos, sino también facilitarles el acceso a determinados servicios que son necesarios para todos y hacerlos accesibles de forma universal.
En estos espacios, los referentes adultos, o de jóvenes ya maduros, son un modelo educativo excepcional, así como un referente al que acudir en momentos complejos. No tener acceso a un tiempo libre de calidad es un factor más de vulnerabilidad social que va mucho más allá de quedar excluido de unos momentos de distracción y ocio. Durante los momentos de diversión, las enseñanzas calan de una manera mucho más efectiva. Incluso el respeto por la otra persona se incorpora como hábito y valor a partir de la convivencia; y más si esta va acompañada de referentes próximos que refuerzan el aprendizaje con su ejemplo diario.
La sociedad y sus gobernantes deberían velar por unos espacios de tiempo libre para todos y promovidos desde la iniciativa social.
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