Crean el primer LiDAR nativo a color, detecta el mundo como los humanos. O mejor

Hay tecnologías que funcionan como sentidos artificiales. El
radar permite “sentir” objetos a distancia. Las cámaras permiten “ver”. Y el
LiDAR, —una suerte de ojo hecho con láseres ha sido, durante años, uno de los
pilares silenciosos de la conducción autónoma. Ahora, una empresa
estadounidense acaba de dar un paso que podría cambiar por completo esa
percepción mecánica del mundo: crear el primer LiDAR nativo a color.

Para entender por qué esto es importante, conviene empezar por
cómo funciona un LiDAR convencional. El nombre viene de Light Detection and
Ranging
: un sistema que lanza millones de pulsos láser por segundo y mide
cuánto tardan en regresar tras rebotar contra objetos,
algo similar a la
estrategia de los murciélagos, solo que, en lugar de sonido, emplean láseres.
Con esa información construye un mapa tridimensional extremadamente preciso del
entorno. Los coches autónomos usan estos sistemas para “leer” carreteras,
peatones, señales o vehículos incluso en condiciones de poca luz.

Pero hay una limitación importante: el LiDAR tradicional ve el
mundo casi como una nube de puntos en blanco y negro. Detecta distancias,
formas y reflejos, pero no comprende realmente los colores. Para solucionar
eso, los vehículos autónomos actuales necesitan combinar o fusionar los datos
del LiDAR con cámaras convencionales.
Y ahí aparece un problema técnico enorme:
ambos sistemas ven el mundo de forma distinta y deben sincronizarse
constantemente.

Es como si un coche tuviera un ojo que entiende profundidad y
otro que entiende color,
pero ambos tardaran una fracción de segundo en ponerse
de acuerdo sobre qué están mirando. En conducción humana eso sería peligroso.
En conducción autónoma, más.

El nuevo sistema presentado por la empresa californiana Ouster intenta eliminar
esa separación. Su tecnología Rev8 integra en un único sensor la información
tridimensional y el color “nativo” del entorno, generando mapas 3D coloreados
punto por punto en tiempo real.

La diferencia puede parecer sutil, pero técnicamente es
enorme. Ya no hace falta que una inteligencia artificial “adivine” que una luz
roja pertenece a un semáforo situado a cierta distancia o que un cartel naranja
indica obras en la carretera. El propio sensor entrega simultáneamente
profundidad, posición y color perfectamente alineados desde el origen.

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Eso reduce errores, acelera el procesamiento y simplifica el
hardware de los vehículos autónomos.
También elimina buena parte de la
calibración entre cámaras y sensores, uno de los procesos más delicados y
costosos de estos sistemas. Según los ingenieros de Ouster, el nuevo chip puede
detectar hasta 20 billones de fotones por segundo y procesar más de 10 millones
de puntos tridimensionales cada segundo, con precisión temporal de picosegundos
—trillonésimas de segundo.

La comparación más sencilla sería pensar en la evolución entre
los primeros GPS y los actuales mapas interactivos.
Un LiDAR clásico sabe que
“hay algo” delante y dónde está. Un LiDAR a color nativo empieza a comprender
qué es exactamente ese algo. Y eso puede tener consecuencias mucho más amplias
que los coches autónomos.

Los responsables de este avance creen que esta clase de
sensores será fundamental para los llamados world models: modelos
tridimensionales del mundo real que utilizan robots humanoides e inteligencias
artificiales físicas para aprender cómo interactuar con su entorno.
En otras palabras: no solo permitirán que un coche conduzca
mejor. También podrían ayudar a que robots entiendan espacios complejos casi
como lo hacemos nosotros.

La carrera tecnológica aquí es intensa. Empresas chinas como Hesai también han presentado sensores
similares capaces de integrar color y profundidad directamente en el hardware,
en una batalla que ya no consiste solo en “ver más lejos”, sino en interpretar
mejor la realidad.

Aun así, conviene mantener cierta cautela. Los sistemas
autónomos siguen enfrentándose a problemas difíciles: lluvia intensa, niebla,
nieve, reflejos o suciedad pueden alterar incluso los sensores más avanzados.
Ingenieros especializados en robótica recuerdan que el mundo real sigue siendo
mucho más caótico que cualquier demostración tecnológica.
Pero el salto
conceptual sí parece importante.

Durante años, los vehículos autónomos han intentado
reconstruir el mundo combinando distintos fragmentos de información: cámaras,
por un lado, láseres por otro, radares aparte.
El LiDAR nativo a color sugiere
algo distinto: una percepción unificada desde el primer instante.

Y quizá ese sea el
verdadero avance. No hacer que las máquinas vean más. Sino conseguir que, por
primera vez, empiecen a mirar el mundo de una forma un poco más parecida a
nosotros.
 El avance representa un salto enorme para los vehículos autónomos, pero ese es solo el primer paso.  

Hay tecnologías que funcionan como sentidos artificiales. El radar permite “sentir” objetos a distancia. Las cámaras permiten “ver”. Y el LiDAR, —una suerte de ojo hecho con láseres ha sido, durante años, uno de los pilares silenciosos de la conducción autónoma. Ahora, una empresa estadounidense acaba de dar un paso que podría cambiar por completo esa percepción mecánica del mundo: crear el primer LiDAR nativo a color.

Para entender por qué esto es importante, conviene empezar por cómo funciona un LiDAR convencional. El nombre viene de Light Detection and Ranging: un sistema que lanza millones de pulsos láser por segundo y mide cuánto tardan en regresar tras rebotar contra objetos, algo similar a la estrategia de los murciélagos, solo que, en lugar de sonido, emplean láseres. Con esa información construye un mapa tridimensional extremadamente preciso del entorno. Los coches autónomos usan estos sistemas para “leer” carreteras, peatones, señales o vehículos incluso en condiciones de poca luz.

Pero hay una limitación importante: el LiDAR tradicional ve el mundo casi como una nube de puntos en blanco y negro. Detecta distancias, formas y reflejos, pero no comprende realmente los colores. Para solucionar eso, los vehículos autónomos actuales necesitan combinar o fusionar los datos del LiDAR con cámaras convencionales. Y ahí aparece un problema técnico enorme: ambos sistemas ven el mundo de forma distinta y deben sincronizarse constantemente.

Es como si un coche tuviera un ojo que entiende profundidad y otro que entiende color, pero ambos tardaran una fracción de segundo en ponerse de acuerdo sobre qué están mirando. En conducción humana eso sería peligroso. En conducción autónoma, más.

El nuevo sistema presentado por la empresa californiana Ouster intenta eliminar esa separación. Su tecnología Rev8 integra en un único sensor la información tridimensional y el color “nativo” del entorno, generando mapas 3D coloreados punto por punto en tiempo real.

La diferencia puede parecer sutil, pero técnicamente es enorme. Ya no hace falta que una inteligencia artificial “adivine” que una luz roja pertenece a un semáforo situado a cierta distancia o que un cartel naranja indica obras en la carretera. El propio sensor entrega simultáneamente profundidad, posición y color perfectamente alineados desde el origen.

Eso reduce errores, acelera el procesamiento y simplifica el hardware de los vehículos autónomos. También elimina buena parte de la calibración entre cámaras y sensores, uno de los procesos más delicados y costosos de estos sistemas. Según los ingenieros de Ouster, el nuevo chip puede detectar hasta 20 billones de fotones por segundo y procesar más de 10 millones de puntos tridimensionales cada segundo, con precisión temporal de picosegundos —trillonésimas de segundo.

La comparación más sencilla sería pensar en la evolución entre los primeros GPS y los actuales mapas interactivos. Un LiDAR clásico sabe que “hay algo” delante y dónde está. Un LiDAR a color nativo empieza a comprender qué es exactamente ese algo. Y eso puede tener consecuencias mucho más amplias que los coches autónomos.

Los responsables de este avance creen que esta clase de sensores será fundamental para los llamados world models: modelos tridimensionales del mundo real que utilizan robots humanoides e inteligencias artificiales físicas para aprender cómo interactuar con su entorno. En otras palabras: no solo permitirán que un coche conduzca mejor. También podrían ayudar a que robots entiendan espacios complejos casi como lo hacemos nosotros.

La carrera tecnológica aquí es intensa. Empresas chinas como Hesai también han presentado sensores similares capaces de integrar color y profundidad directamente en el hardware, en una batalla que ya no consiste solo en “ver más lejos”, sino en interpretar mejor la realidad.

Aun así, conviene mantener cierta cautela. Los sistemas autónomos siguen enfrentándose a problemas difíciles: lluvia intensa, niebla, nieve, reflejos o suciedad pueden alterar incluso los sensores más avanzados. Ingenieros especializados en robótica recuerdan que el mundo real sigue siendo mucho más caótico que cualquier demostración tecnológica. Pero el salto conceptual sí parece importante.

Durante años, los vehículos autónomos han intentado reconstruir el mundo combinando distintos fragmentos de información: cámaras, por un lado, láseres por otro, radares aparte. El LiDAR nativo a color sugiere algo distinto: una percepción unificada desde el primer instante.

Y quizá ese sea el verdadero avance. No hacer que las máquinas vean más. Sinoconseguir que, por primera vez, empiecen a mirar el mundo de una forma un poco más parecida a nosotros. Noticias de Tecnología y Videojuegos en La Razón

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