La NASA ha logrado un hito importante en su programa Quesst, que busca posibilitar el vuelo supersónico comercial sobre tierra. Este tipo de vuelo no se permite en la mayoría de espacios aéreos por las molestias, posibles efectos sobre la salud y daños materiales asociados al boom sónico que se produce al superar la barrera del sonido, pero Quesst, siglas en inglés de Tecnología Supersónica Silenciosa, pretende reducirlo significativamente con el avión experimental X-59. La NASA ha anunciado que el X-59 superó por primera vez la barrera del sonido el pasado viernes, más de seis meses después de despegar por primera vez.
El vuelo comenzó y terminó en la base aérea de Edwards, en California. El X-59, con el piloto de pruebas de la NASA Jim ‘Clue’ Less a los mandos, despegó a las 11:08 hora local de California y aterrizó 81 minutos después.
Less llevó el avión hasta una altitud máxima de 13.228 metros y una velocidad punta de 1.147 km/h. Eso equivale aproximadamente a Mach 1,1, es decir, 1,1 veces la velocidad del sonido, según explicaron responsables de la NASA en un comunicado. La velocidad del sonido varía con la temperatura, ya que las ondas sonoras se desplazan más rápido en aire cálido. A nivel del mar, donde el aire es relativamente cálido, Mach 1 equivale a unos 1.225 km/h.
Michael Kratsios, asesor del presidente para ciencia y tecnología y director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de Estados Unidos, ha afirmado en el comunicado de la agencia espacial que ‘el primer vuelo supersónico del X-59 es una prueba del liderazgo duradero de Estados Unidos en ciencia, ingeniería e innovación aeroespacial’.
Sin embargo, el equipo del X-59 no va a dormirse en los laureles. En los próximos días, tiene previsto realizar su primer vuelo en ‘condiciones de misión’, en el que alcanzará una velocidad máxima de Mach 1,4 y una altitud de unos 16.764 metros.
‘Esta velocidad y esta altitud son las condiciones base del X-59 cuando, más adelante, vuele sobre varias comunidades de Estados Unidos, lo que permitirá a la NASA recopilar datos sobre cómo perciben las personas su suave golpe sónico’, señala la NASA.
‘La NASA compartirá estos datos con los reguladores de Estados Unidos y de otros países para ayudar a establecer nuevos estándares de ruido basados en datos, con el objetivo de permitir en el futuro un mercado viable para los vuelos comerciales supersónicos sobre tierra’, añaden.
El vuelo supersónico sobre tierra fue prohibido por la Administración Federal de Aviación estadounidense en 1973 para proteger a las personas y las propiedades de los fuertes estampidos sónicos. Solo ha habido dos aviones supersónicos que realizaran vuelos comerciales.
El Tupolev Tu-144 soviético, entre Moscú y Almaty, en Kazajistán, ofreció el servicio muy brevemente, entre el 1 de noviembre de 1977 y el 1 de junio de 1978. El más conocido, el Concorde anglo-francés, estuvo activo mucho más tiempo, entre 1976 y 2003. Según la aerolínea que lo operaba, British Airways o Air France, partía desde Londres o París a destinos como Nueva York, Barbados o Río de Janeiro, entre otros. La velocidad supersónica, Mach 2 en su caso, la alcanzaba sobre el Atlántico, pero bajaba a velocidad subsónica sobre terreno continental.
El estampido sónico que produce romper la barrera del sonido no tiene una cifra única, dado que depende del avión, la altitud, la velocidad, la maniobra y las condiciones atmosféricas. Además, no se produce solo en el instante de pasar Mach 1, sino que, mientras el avión vuela a esa velocidad, va generando ondas de choque que pueden llegar al suelo como un ‘boom’ continuo.
Tampoco se suele medir en decibelios, sino en PLdB, una escala de sonoridad percibida. En el caso del Concorde, se generaban unos 105 PLdB. El X-59 tiene como objetivo unos 75 PLdB y, a largo plazo, alcanzar los 70 PLdB. En la práctica, sería un golpe sordo y breve, muy por debajo del boom del Concorde y más parecido al cierre de una puerta de coche que a un trueno.
La agencia espacial probará el X-59 sobre comunidades de EE. UU. para medir si su golpe sónico es lo bastante suave como para reabrir la puerta a los vuelos comerciales supersónicos sobre tierra
La NASA ha logrado un hito importante en su programa Quesst, que busca posibilitar el vuelo supersónico comercial sobre tierra. Este tipo de vuelo no se permite en la mayoría de espacios aéreos por las molestias, posibles efectos sobre la salud y daños materiales asociados al boom sónico que se produce al superar la barrera del sonido, pero Quesst, siglas en inglés de Tecnología Supersónica Silenciosa, pretende reducirlo significativamente con el avión experimental X-59. La NASA ha anunciado que el X-59 superó por primera vez la barrera del sonido el pasado viernes, más de seis meses después de despegar por primera vez.
El vuelo comenzó y terminó en la base aérea de Edwards, en California. El X-59, con el piloto de pruebas de la NASA Jim ‘Clue’ Less a los mandos, despegó a las 11:08 hora local de California y aterrizó 81 minutos después.
Less llevó el avión hasta una altitud máxima de 13.228 metros y una velocidad punta de 1.147 km/h. Eso equivale aproximadamente a Mach 1,1, es decir, 1,1 veces la velocidad del sonido, según explicaron responsables de la NASA en un comunicado. La velocidad del sonido varía con la temperatura, ya que las ondas sonoras se desplazan más rápido en aire cálido. A nivel del mar, donde el aire es relativamente cálido, Mach 1 equivale a unos 1.225 km/h.
Michael Kratsios, asesor del presidente para ciencia y tecnología y director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de Estados Unidos, ha afirmado en el comunicado de la agencia espacial que ‘el primer vuelo supersónico del X-59 es una prueba del liderazgo duradero de Estados Unidos en ciencia, ingeniería e innovación aeroespacial’.
Sin embargo, el equipo del X-59 no va a dormirse en los laureles. En los próximos días, tiene previsto realizar su primer vuelo en ‘condiciones de misión’, en el que alcanzará una velocidad máxima de Mach 1,4 y una altitud de unos 16.764 metros.
‘Esta velocidad y esta altitud son las condiciones base del X-59 cuando, más adelante, vuele sobre varias comunidades de Estados Unidos, lo que permitirá a la NASA recopilar datos sobre cómo perciben las personas su suave golpe sónico’, señala la NASA.
‘La NASA compartirá estos datos con los reguladores de Estados Unidos y de otros países para ayudar a establecer nuevos estándares de ruido basados en datos, con el objetivo de permitir en el futuro un mercado viable para los vuelos comerciales supersónicos sobre tierra’, añaden.
El vuelo supersónico sobre tierra fue prohibido por la Administración Federal de Aviación estadounidense en 1973 para proteger a las personas y las propiedades de los fuertes estampidos sónicos. Solo ha habido dos aviones supersónicos que realizaran vuelos comerciales.
El Tupolev Tu-144 soviético, entre Moscú y Almaty, en Kazajistán, ofreció el servicio muy brevemente, entre el 1 de noviembre de 1977 y el 1 de junio de 1978. El más conocido, el Concorde anglo-francés, estuvo activo mucho más tiempo, entre 1976 y 2003. Según la aerolínea que lo operaba, British Airways o Air France, partía desde Londres o París a destinos como Nueva York, Barbados o Río de Janeiro, entre otros. La velocidad supersónica, Mach 2 en su caso, la alcanzaba sobre el Atlántico, pero bajaba a velocidad subsónica sobre terreno continental.
El estampido sónico que produce romper la barrera del sonido no tiene una cifra única, dado que depende del avión, la altitud, la velocidad, la maniobra y las condiciones atmosféricas. Además, no se produce solo en el instante de pasar Mach 1, sino que, mientras el avión vuela a esa velocidad, va generando ondas de choque que pueden llegar al suelo como un ‘boom’ continuo.
Tampoco se suele medir en decibelios, sino en PLdB, una escala de sonoridad percibida. En el caso del Concorde, se generaban unos 105 PLdB. El X-59 tiene como objetivo unos 75 PLdB y, a largo plazo, alcanzar los 70 PLdB. En la práctica, sería un golpe sordo y breve, muy por debajo del boom del Concorde y más parecido al cierre de una puerta de coche que a un trueno.
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