Cómo la nutrición se ha convertido en una de las claves del rendimiento deportivo

Cuando el keniano Sabastian Sawe cruzó la meta del Maratón de Londres de 2026 en 1 hora, 59 minutos y 30 segundos, muchos análisis se centraron en su preparación física, su técnica de carrera o el extraordinario nivel del atletismo africano. Sin embargo, detrás de actuaciones como esa existe una revolución silenciosa que está transformando el deporte de resistencia: la nutrición.

Los corredores de maratón modernos consumen durante la carrera cantidades de carbohidratos que hace apenas dos décadas habrían parecido impensables. Algunos atletas de élite superan los 90 gramos por hora e incluso se acercan a los 120 gramos (el equivalente a un plato abundante de pasta cada hora, mientras corren), utilizando combinaciones específicas de glucosa y fructosa para maximizar la absorción intestinal y retrasar la fatiga. La diferencia puede parecer pequeña. No lo es.

En una prueba que dura algo más de dos horas, una estrategia nutricional adecuada puede aportar cientos de calorías adicionales y evitar el temido «muro», ese momento en el que las reservas de glucógeno disminuyen drásticamente y el rendimiento se desploma. Cuando un maratonista de élite cruza la meta en poco más de dos horas, sus músculos han consumido cerca de 2.500 calorías. Sin una estrategia nutricional cuidadosamente diseñada, el organismo simplemente se quedaría sin combustible antes de llegar al final.

Para profundizar en esta transformación de la nutrición deportiva hablamos con Reyes Ródenas, farmacéutica, doctora en Biología Molecular y Biotecnología y nutricionista de Nutripure. La compañía, fundada en Francia en 2017 por Christophe Carrio, cuenta actualmente con presencia en España.

“Hemos pasado de una cultura del “más es mejor” a una comprensión mucho más fina del rendimiento como un fenómeno de adaptación biológica – nos explica Ródenas en un correo electrónico -. Durante años, el deporte se ha centrado casi exclusivamente en la fisiología del esfuerzo (el corazón y el músculo), pero hoy sabemos que el rendimiento no depende solo de entrenar más, sino de cómo el organismo responde de forma integrada al esfuerzo. Un maratón no se corre solo con las piernas, sino con todo el sistema metabólico. En ese sentido, el intestino juega un papel clave. De poco sirve aumentar la ingesta de carbohidratos si no se tiene en cuenta el tipo, la estrategia de ingesta o si no se ha entrenado previamente el sistema digestivo para tolerarlos y absorberlos en condiciones de esfuerzo”.

El auge de la nutrición deportiva ha venido acompañado de un crecimiento exponencial del mercado de los suplementos. ¿Cómo determinar qué productos se aprovechan de ello y cuáles siguen controles rigurosos? De acuerdo con Ródenas, Nutripure desarrolla sus suplementos basándose en la evidencia científica. “En los estudios clínicos, la evaluación de la eficacia y seguridad de los suplementos se centra principalmente en el estudio de sus ingredientes activos – añade Ródenas -. Sin embargo, en la investigación clínica no siempre se utilizan las mismas formulaciones completas que se encuentran en el mercado, lo que limita en algunos casos la extrapolación directa de los resultados a productos finales con excipientes o matrices diferentes. Por ello, en Nutripure apostamos por formulaciones lo más simples posible, incorporando únicamente los aditivos necesarios para el sabor, la estabilidad o la conservación”.

La idea de entrenar el intestino puede resultar extraña para quien no practica deporte de resistencia, pero hoy constituye una parte habitual de la preparación de muchos atletas de élite. Durante meses, los corredores ensayan exactamente qué cantidad de geles, bebidas isotónicas o suplementos consumirán durante la competición. El objetivo es que el aparato digestivo sea capaz de absorber la máxima cantidad posible de energía sin provocar molestias gastrointestinales.

Durante buena parte del siglo XX se consideraba que el organismo tenía un límite relativamente estricto para absorber carbohidratos durante el ejercicio. Los estudios más recientes han demostrado que ese límite puede ampliarse considerablemente utilizando mezclas específicas de azúcares que emplean diferentes transportadores intestinales. Este conocimiento ha transformado disciplinas como el ciclismo, el triatlón y el maratón.

Hoy se sabe que mantener un suministro constante de carbohidratos ayuda a preservar las reservas energéticas, estabilizar los niveles de glucosa y retrasar la aparición de la fatiga central, aquella que afecta directamente al cerebro y a la percepción del esfuerzo. En otras palabras: el rendimiento no depende únicamente de los músculos. También depende de la capacidad de alimentar esos músculos mientras están trabajando. Y de recuperarlos cuando dejan de hacerlo.

“En el ámbito deportivo esto se ve muy bien: una buena estrategia nutricional no solo mejora cómo rinde una persona en un momento concreto, sino también cómo se recupera y cómo sostiene ese nivel de rendimiento en el tiempo – confirma Ródenas -. Y esos mismos mecanismos (control de la inflamación, calidad de la recuperación, mantenimiento de la masa muscular o del metabolismo energético) son los que, fuera del deporte, se relacionan con la longevidad. Por eso empieza a hablarse cada vez más de esta idea de “salud del mañana”: lo que hacemos hoy con la alimentación no solo influye en cómo nos sentimos ahora, sino también en cómo será nuestra salud en el futuro, con impacto tanto en la esperanza de vida como en la calidad”.

Por eso los equipos de alto rendimiento monitorizan hoy variables que hace unos años apenas se tenían en cuenta: calidad del sueño, niveles de estrés, recuperación muscular o salud intestinal. La imagen romántica del deportista que simplemente entrena más duro está dando paso a una visión mucho más sofisticada del cuerpo humano.

Lo más interesante es que muchas de estas lecciones trascienden el deporte profesional y, al igual que ocurre en otros deportes en los que las innovaciones se aprovechan más tarde en la vida cotidiana, la suplementación puede inclinar la balanza en la salud de la población general.

“La nutrición deportiva nos ha enseñado mucho sobre cómo el cuerpo gestiona la energía, la fatiga y la recuperación, y muchas de estas ideas son perfectamente aplicables más allá del alto rendimiento – apunta Ródenas -. Una de las más relevantes es que no solo importa qué comemos, sino también cómo y cuándo lo hacemos. La distribución de la ingesta a lo largo del día, el tipo de carbohidratos o un aporte adecuado de proteína influyen en la estabilidad energética, en la percepción de fatiga y en la capacidad de concentración, algo especialmente importante en personas sometidas a estrés o a jornadas exigentes. Otro aspecto clave es la relación entre nutrición y recuperación. En población general, aunque el contexto no sea el mismo, los mecanismos fisiológicos implicados son similares. Si, por ejemplo, el sueño es insuficiente o de mala calidad, al día siguiente se nota en la energía y en el estado general”.

En definitiva, muchas de las herramientas de la nutrición deportiva ayudan al organismo a funcionar de forma más eficiente en situaciones aplicables a la vida cotidiana. Ródenas considera que estamos avanzando hacia una visión más global del organismo, en la que nutrición, sistema inmune, salud digestiva y rendimiento forman parte de una misma red biológica.

 “Lo que hacemos hoy con la alimentación no solo influye en cómo nos sentimos ahora, sino también en cómo será nuestra salud en el futuro”, señala Reyes Ródenas, doctora en Biología Molecular y Biotecnología.  

Cuando el keniano Sabastian Sawe cruzó la meta del Maratón de Londres de 2026 en 1 hora, 59 minutos y 30 segundos, muchos análisis se centraron en su preparación física, su técnica de carrera o el extraordinario nivel del atletismo africano. Sin embargo, detrás de actuaciones como esa existe una revolución silenciosa que está transformando el deporte de resistencia: la nutrición.

Los corredores de maratón modernos consumen durante la carrera cantidades de carbohidratos que hace apenas dos décadas habrían parecido impensables. Algunos atletas de élite superan los 90 gramos por hora e incluso se acercan a los 120 gramos (el equivalente a un plato abundante de pasta cada hora, mientras corren), utilizando combinaciones específicas de glucosa y fructosa para maximizar la absorción intestinal y retrasar la fatiga. La diferencia puede parecer pequeña. No lo es.

En una prueba que dura algo más de dos horas, una estrategia nutricional adecuada puede aportar cientos de calorías adicionales y evitar el temido «muro», ese momento en el que las reservas de glucógeno disminuyen drásticamente y el rendimiento se desploma. Cuando un maratonista de élite cruza la meta en poco más de dos horas, sus músculos han consumido cerca de 2.500 calorías. Sin una estrategia nutricional cuidadosamente diseñada, el organismo simplemente se quedaría sin combustible antes de llegar al final.

Para profundizar en esta transformación de la nutrición deportiva hablamos con Reyes Ródenas, farmacéutica, doctora en Biología Molecular y Biotecnología y nutricionista de Nutripure. La compañía, fundada en Francia en 2017 por Christophe Carrio, cuenta actualmente con presencia en España.

“Hemos pasado de una cultura del “más es mejor” a una comprensión mucho más fina del rendimiento como un fenómeno de adaptación biológica – nos explica Ródenas en un correo electrónico -. Durante años, el deporte se ha centrado casi exclusivamente en la fisiología del esfuerzo (el corazón y el músculo), pero hoy sabemos que el rendimiento no depende solo de entrenar más, sino de cómo el organismo responde de forma integrada al esfuerzo. Un maratón no se corre solo con las piernas, sino con todo el sistema metabólico. En ese sentido, el intestino juega un papel clave. De poco sirve aumentar la ingesta de carbohidratos si no se tiene en cuenta el tipo, la estrategia de ingesta o si no se ha entrenado previamente el sistema digestivo para tolerarlos y absorberlos en condiciones de esfuerzo”.

El auge de la nutrición deportiva ha venido acompañado de un crecimiento exponencial del mercado de los suplementos. ¿Cómo determinar qué productos se aprovechan de ello y cuáles siguen controles rigurosos? De acuerdo con Ródenas, Nutripure desarrolla sus suplementos basándose en la evidencia científica. “En los estudios clínicos, la evaluación de la eficacia y seguridad de los suplementos se centra principalmente en el estudio de sus ingredientes activos – añade Ródenas -. Sin embargo, en la investigación clínica no siempre se utilizan las mismas formulaciones completas que se encuentran en el mercado, lo que limita en algunos casos la extrapolación directa de los resultados a productos finales con excipientes o matrices diferentes. Por ello, en Nutripure apostamos por formulaciones lo más simples posible, incorporando únicamente los aditivos necesarios para el sabor, la estabilidad o la conservación”.

La idea de entrenar el intestino puede resultar extraña para quien no practica deporte de resistencia, pero hoy constituye una parte habitual de la preparación de muchos atletas de élite. Durante meses, los corredores ensayan exactamente qué cantidad de geles, bebidas isotónicas o suplementos consumirán durante la competición. El objetivo es que el aparato digestivo sea capaz de absorber la máxima cantidad posible de energía sin provocar molestias gastrointestinales.

Durante buena parte del siglo XX se consideraba que el organismo tenía un límite relativamente estricto para absorber carbohidratos durante el ejercicio. Los estudios más recientes han demostrado que ese límite puede ampliarse considerablemente utilizando mezclas específicas de azúcares que emplean diferentes transportadores intestinales. Este conocimiento ha transformado disciplinas como el ciclismo, el triatlón y el maratón.

Hoy se sabe que mantener un suministro constante de carbohidratos ayuda a preservar las reservas energéticas, estabilizar los niveles de glucosa y retrasar la aparición de la fatiga central, aquella que afecta directamente al cerebro y a la percepción del esfuerzo. En otras palabras: el rendimiento no depende únicamente de los músculos. También depende de la capacidad de alimentar esos músculos mientras están trabajando. Y de recuperarlos cuando dejan de hacerlo.

“En el ámbito deportivo esto se ve muy bien: una buena estrategia nutricional no solo mejora cómo rinde una persona en un momento concreto, sino también cómo se recupera y cómo sostiene ese nivel de rendimiento en el tiempo – confirma Ródenas -. Y esos mismos mecanismos (control de la inflamación, calidad de la recuperación, mantenimiento de la masa muscular o del metabolismo energético) son los que, fuera del deporte, se relacionan con la longevidad. Por eso empieza a hablarse cada vez más de esta idea de “salud del mañana”: lo que hacemos hoy con la alimentación no solo influye en cómo nos sentimos ahora, sino también en cómo será nuestra salud en el futuro, con impacto tanto en la esperanza de vida como en la calidad”.

Por eso los equipos de alto rendimiento monitorizan hoy variables que hace unos años apenas se tenían en cuenta: calidad del sueño, niveles de estrés, recuperación muscular o salud intestinal. La imagen romántica del deportista que simplemente entrena más duro está dando paso a una visión mucho más sofisticada del cuerpo humano.

Lo más interesante es que muchas de estas lecciones trascienden el deporte profesional y, al igual que ocurre en otros deportes en los que las innovaciones se aprovechan más tarde en la vida cotidiana, la suplementación puede inclinar la balanza en la salud de la población general.

“La nutrición deportiva nos ha enseñado mucho sobre cómo el cuerpo gestiona la energía, la fatiga y la recuperación, y muchas de estas ideas son perfectamente aplicables más allá del alto rendimiento – apunta Ródenas -. Una de las más relevantes es que no solo importa qué comemos, sino también cómo y cuándo lo hacemos. La distribución de la ingesta a lo largo del día, el tipo de carbohidratos o un aporte adecuado de proteína influyen en la estabilidad energética, en la percepción de fatiga y en la capacidad de concentración, algo especialmente importante en personas sometidas a estrés o a jornadas exigentes. Otro aspecto clave es la relación entre nutrición y recuperación. En población general, aunque el contexto no sea el mismo, los mecanismos fisiológicos implicados son similares. Si, por ejemplo, el sueño es insuficiente o de mala calidad, al día siguiente se nota en la energía y en el estado general”.

En definitiva, muchas de las herramientas de la nutrición deportiva ayudan al organismo a funcionar de forma más eficiente en situaciones aplicables a la vida cotidiana. Ródenas considera que estamos avanzando hacia una visión más global del organismo, en la que nutrición, sistema inmune, salud digestiva y rendimiento forman parte de una misma red biológica.

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