Tras el alegato político del sábado, la misa del domingo. Sin embargo, en un registro obviamente diferente, como es el de una homilía, y hablando con claridad entre líneas, el Papa ha vuelto a incidir este domingo ante una impresionante multitud -1,2 millones de personas según los organizadores; 1,1 según la Delegación del Gobierno- en una de sus principales batallas: recordar que los auténticos valores cristianos son incompatibles con algunas posiciones políticas, pese a que estas presuman de representarlos. “Nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano”, ha dicho. Es la misma línea de crítica directa a Donald Trump, que cita la fe para avalar una guerra, pero que también se extiende a los populismos de su órbita política en Europa. Robert Prevost, en su etapa en España, está librando un pulso global. Entre los asistentes, además, había miles de latinoamericanos.
León XIV incide de nuevo en un sutil mensaje político: recordar cuáles son los auténticos valores cristianos ante el riesgo de que sean manipulados
Tras el alegato político del sábado, la misa del domingo. Sin embargo, en un registro obviamente diferente, como es el de una homilía, y hablando con claridad entre líneas, el Papa ha vuelto a incidir este domingo ante una impresionante multitud de 1,2 millones de personas en una de sus principales batallas: recordar que los auténticos valores cristianos son incompatibles con algunas posiciones políticas, pese a que estas presuman de representarlos. “Nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano”, ha dicho. Es la misma línea de crítica directa a Donald Trump, que cita la fe para avalar una guerra, pero que también se extiende a los populismos de su órbita política en Europa. Robert Prevost, en su etapa en España, está librando un pulso global.
León XIV ha subrayado que la presencia de la fe en la vida pública, que tras la misa se va a manifestar físicamente en la procesión del Corpus Christi, tiene una misión mucho más concreta, pegada a la tierra y a la dignidad de las personas: “El Cristo que pasa por las calles en la custodia es el mismo que se identifica con los pobres, los abatidos, los que están solos y desamparados”. En el libro de honor del Ayuntamiento de Madrid, después de recibir la Llave de Oro de la ciudad, dejó escrito: “Que Madrid siga siendo una ciudad acogedora e integradora, donde la vida en sociedad se inspire en los auténticos valores humanos”.
El mensaje del Pontífice en su homilía ha ido más allá de la catequesis habitual, de no conformarse con ir a misa y llevar la fe a la práctica, porque pretendía una responsabilidad con la realidad, en un momento político complejo en todo el mundo: “También nosotros estamos llamados a estar presentes en las situaciones y en los desafíos de la sociedad, a no huir, a comprometernos personalmente en la construcción del bien común”.
Esta idea del bien común es clave en la visión del mundo y de la fe de Robert Prevost, porque es la que supera las divisiones y la polarización, más allá de intereses particulares o nacionalistas. Ha llamado a romper “las sequedades del corazón para salir después a los caminos de la vida y de la historia”. “No se trata únicamente de sacar la custodia, sino de dejarnos sacar nosotros mismos del egoísmo, de la indiferencia, de una fe cómoda y privada”, ha advertido. Impuso a la Iglesia española una actualización, abandonar sus inercias, para que la fe “no sea un museo del pasado”.
Le escuchaban junto al altar de la plaza de Cibeles los Reyes, la Princesa de Asturias y la infanta Sofía, así como las autoridades de Madrid, el alcalde, José Luis Martínez-Almeida, y la presidenta de la Comunidad, Isabel Díaz Ayuso. Única representante del Gobierno, la ministra de Educación, Milagros Tolón. También estaba el presidente del PP, Alberto Núñez Feijoo, y la portavoz del Congreso de Vox, Pepa Millán. Era la primera fila de una muchedumbre interminable que se extendía por las avenidas que desembocan en el centro de Madrid. A la hora de inicio de la misa, a las diez de la mañana, las autoridades cerraron los accesos ante la imposibilidad de acoger más gente. Ha sido una demostración apabullante de fe popular que demuestra una gran atención a este Papa, a lo que dice y a lo que piensa. Todo ello bajo un calor por ratos sofocante, del que la gente se protegía con paraguas, folletos y miles de abanicos.
La gente comenzó a llegar ya desde las cinco de la mañana, para coger sitio, casi sin dormir, pese a que los accesos no se abrieron hasta las siete de la mañana. Elena Cabiedas, de 29 años, llevaba colgada de su mochila una gran bandera del Estado Vaticano. A pesar de haber dormido poco, se le notaba con energía. Había madrugado a las cuatro de la mañana para poder acceder a su sitio en la misa. “Es un acontecimiento histórico”, dice. A su lado, un niño que sostiene un mono de peluche, se le arrimaba, con mirada tímida. Llegaron de Yepes, pueblo toledano, el sábado por la tarde, para ir a la vigilia de los jóvenes y marchó a dormir a las dos de la madrugada. “Es un Papa actual y sabio. Se ha visto con su encíclica sobre la inteligencia artificial. Creo que nos va a dar muchas lecciones”, comentaba sonriente.
José Luis Iglesias es uno de los 500 sacerdotes que concelebrará con León XIV en la misa de Cibeles. Llevaba su ropa sacerdotal en una bolsa negra, mientras caminaba en zigzag por los controles policiales. “Este es un encuentro para celebrar la unidad”, decía. Iglesias tiene tablas en este tipo de eventos. A sus 70 años cuenta que ha participado en misas multitudinarias con Juan Pablo II y sus sucesores. “He estado en Jornadas por la Juventud, he viajado a muchos sitios, muchos…”, relataba. También ha sido misionero en Chile y Cuba, país por el que pedirá este domingo. “La situación es terrible. Cuando visité la isla por última vez, me eché a llorar: las farmacias vacías y apagones de hasta 19 horas”, comentaba.
Sofía Maruri es una de las voluntarias que se ha apuntado para colaborar en la organización de la misa en Cibeles. Es de Uruguay, vino hace unos meses a Madrid para realizar un doctorado sobre derechos humanos en la universidad Complutense. “Estudio, investigo, doy clases y colaboro en varias ONG. Varias amigas me dijeron que participarían y yo me apunté”, cuenta. Su misión este domingo es acompañar con un paraguas a uno de los 2.300 sacerdotes que darán la comunión a los feligreses. Al lado de Maruri había un pequeño montón de paraguas y un gran baúl azul con varias etiquetas con la palabra “frágil” y un cartelito con la palabra “comunión” escrita a mano.
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