Esta es la mayor velocidad que ha alcanzado un humano en tierra, mar, aire y espacio

La velocidad máxima a la que ha viajado un ser humano no se alcanzó en un coche, ni en un avión militar, ni en una embarcación diseñada para deslizarse al límite sobre el agua. El récord absoluto pertenece al espacio y lo tiene la tripulación del Apolo 10, una misión que ni siquiera llegó a aterrizar en la Luna, pero que en su regreso a la Tierra convirtió a sus tres astronautas en los humanos que se han desplazado a mayor velocidad de la historia.

Thomas Stafford, John Young y Eugene Cernan alcanzaron casi 40.000 km/h el 26 de mayo de 1969 durante la reentrada del módulo de mando del Apolo 10. La NASA fija aquella velocidad en unos 39.900 km/h, durante el retorno desde la Luna. La cifra sigue siendo la referencia histórica, aunque misiones más recientes como Artemis II han vuelto a acercarse a esas velocidades de reentrada sin superarla oficialmente.

Esto se debe a que, aunque en órbita baja las naves ya se mueven a velocidades enormes, de unos 28.000 km/h, regresar desde la Luna añade otro nivel de energía. La cápsula cae hacia la Tierra desde cientos de miles de kilómetros de distancia y llega a la atmósfera convertida en una bola de fuego. Aún así, sus ocupantes no sienten esa velocidad como la sentiría un piloto dentro de un coche o un avión, porque viajan junto a la nave.

Un coche a velocidad supersónica

El mayor registro de velocidad sobre tierra es a otra escala, aunque también roza lo absurdo. El 15 de octubre de 1997, el piloto británico Andy Green alcanzó una media oficial de 1.227,985 km/h con el ThrustSSC en el desierto de Black Rock, en Nevada. Fue el primer vehículo terrestre en romper oficialmente la barrera del sonido, con dos motores a reacción Rolls-Royce Spey y una pista trazada sobre una llanura seca.

A diferencia de un coche convencional, el ThrustSSC no se movía empujado por sus ruedas. Estas solo servían para sostener y guiar el vehículo, mientras que el empuje procedía de los motores a reacción. En la práctica era casi un avión sin alas, diseñado para mantenerse pegado a la superficie mientras atravesaba el aire a velocidad supersónica. Por eso el récord sigue teniendo una mezcla de logro mecánico y desafío físico. A esas velocidades, el mayor problema no es solo acelerar, sino evitar que el vehículo se desestabilice, se levante o se destruya antes de frenar.

Un récord sobre el agua tan peligroso que nadie ha logrado batir en casi medio siglo

Sobre el agua, el récord es bastante menor, pero probablemente más peligroso. El australiano Ken Warby alcanzó algo más de 511 km/h en 1978 con el Spirit of Australia, un hidroplano con motor a reacción construido en buena parte por él mismo. El dato suele presentarse como récord de velocidad náutico, aunque no se logró en mar abierto, sino en el embalse de Blowering, en Nueva Gales del Sur.

Esa precisión importa, porque a más de 500 km/h el agua deja de comportarse como una superficie dócil. Cualquier pequeña ola, rebote o cambio de ángulo puede convertir la embarcación en un proyectil incontrolable. El récord de Warby lleva casi medio siglo sin batirse. Se ha intentado después, pero los dos intentos oficiales posteriores acabaron con la muerte de sus pilotos, Lee Taylor en 1980 y Craig Arfons en 1989. Desde entonces ha habido nuevos proyectos, pero ninguno ha logrado superar oficialmente los 511 km/h del Spirit of Australia.

El único piloto que ha llegado a Mach 6,7

En el aire, el registro más citado para un avión tripulado pertenece al North American X-15A-2, un avión cohete lanzado desde un bombardero B-52. El 3 de octubre de 1967, William ‘Pete’ Knight lo llevó hasta Mach 6,7, unos 7.274 km/h, una velocidad que sigue siendo la mayor alcanzada por un avión tripulado.

El X-15 no era un avión convencional, sino un laboratorio hipersónico con piloto. Volaba durante apenas unos minutos con su motor cohete, subía hasta el borde del espacio y después planeaba de vuelta a tierra. Su récord ayuda a explicar por qué hay que separar el aire del espacio. El X-15 sigue siendo el rey entre los aviones tripulados, pero las cápsulas que regresan desde la Luna juegan en otra liga.

La comparación deja una escala clara. En el agua, el ser humano ha superado los 500 km/h. En tierra, ha pasado de los 1.200 km/h. En el aire, ha llegado a más de 7.000 km/h dentro de un avión cohete. En el espacio, durante el regreso desde la Luna, ha rozado los 40.000 km/h.

El récord absoluto, por tanto, no pertenece al vehículo más espectacular ni al piloto que más sensación física tuvo de ir al límite, sino a tres astronautas encerrados en una cápsula cónica que volvía del ensayo general del primer alunizaje que realizaría Apolo 11 dos meses después. El Apolo 10 no pisó la Luna, pero dejó un récord que sigue en pie más de medio siglo después.

 Del coche supersónico al Apolo 10, los récords de velocidad humana cambian mucho según el terreno, pero el más extremo sigue estando fuera de la Tierra  

La velocidad máxima a la que ha viajado un ser humano no se alcanzó en un coche, ni en un avión militar, ni en una embarcación diseñada para deslizarse al límite sobre el agua. El récord absoluto pertenece al espacio y lo tiene la tripulación del Apolo 10, una misión que ni siquiera llegó a aterrizar en la Luna, pero que en su regreso a la Tierra convirtió a sus tres astronautas en los humanos que se han desplazado a mayor velocidad de la historia.

Thomas Stafford, John Young y Eugene Cernan alcanzaron casi 40.000 km/h el 26 de mayo de 1969 durante la reentrada del módulo de mando del Apolo 10. La NASA fija aquella velocidad en unos 39.900 km/h, durante el retorno desde la Luna. La cifra sigue siendo la referencia histórica, aunque misiones más recientes como Artemis II han vuelto a acercarse a esas velocidades de reentrada sin superarla oficialmente.

El módulo de mando de la misión Apolo 10 fotografiado desde el módulo de aterrizaje.

Esto se debe a que, aunque en órbita baja las naves ya se mueven a velocidades enormes, de unos 28.000 km/h, regresar desde la Luna añade otro nivel de energía. La cápsula cae hacia la Tierra desde cientos de miles de kilómetros de distancia y llega a la atmósfera convertida en una bola de fuego. Aún así, sus ocupantes no sienten esa velocidad como la sentiría un piloto dentro de un coche o un avión, porque viajan junto a la nave.

Un coche a velocidad supersónica

El mayor registro de velocidad sobre tierra es a otra escala, aunque también roza lo absurdo. El 15 de octubre de 1997, el piloto británico Andy Green alcanzó una media oficial de 1.227,985 km/h con el ThrustSSC en el desierto de Black Rock, en Nevada. Fue el primer vehículo terrestre en romper oficialmente la barrera del sonido, con dos motores a reacción Rolls-Royce Spey y una pista trazada sobre una llanura seca.

ThrustSSC en el Museo del Transporte de Coventry.

A diferencia de un coche convencional, el ThrustSSC no se movía empujado por sus ruedas. Estas solo servían para sostener y guiar el vehículo, mientras que el empuje procedía de los motores a reacción. En la práctica era casi un avión sin alas, diseñado para mantenerse pegado a la superficie mientras atravesaba el aire a velocidad supersónica. Por eso el récord sigue teniendo una mezcla de logro mecánico y desafío físico. A esas velocidades, el mayor problema no es solo acelerar, sino evitar que el vehículo se desestabilice, se levante o se destruya antes de frenar.

Un récord sobre el agua tan peligroso que nadie ha logrado batir en casi medio siglo

Sobre el agua, el récord es bastante menor, pero probablemente más peligroso. El australiano Ken Warby alcanzó algo más de 511 km/h en 1978 con el Spirit of Australia, un hidroplano con motor a reacción construido en buena parte por él mismo. El dato suele presentarse como récord de velocidad náutico, aunque no se logró en mar abierto, sino en el embalse de Blowering, en Nueva Gales del Sur.

Spirit of Australia.

Esa precisión importa, porque a más de 500 km/h el agua deja de comportarse como una superficie dócil. Cualquier pequeña ola, rebote o cambio de ángulo puede convertir la embarcación en un proyectil incontrolable. El récord de Warby lleva casi medio siglo sin batirse. Se ha intentado después, pero los dos intentos oficiales posteriores acabaron con la muerte de sus pilotos, Lee Taylor en 1980 y Craig Arfons en 1989. Desde entonces ha habido nuevos proyectos, pero ninguno ha logrado superar oficialmente los 511 km/h del Spirit of Australia.

El único piloto que ha llegado a Mach 6,7

En el aire, el registro más citado para un avión tripulado pertenece al North American X-15A-2, un avión cohete lanzado desde un bombardero B-52. El 3 de octubre de 1967, William ‘Pete’ Knight lo llevó hasta Mach 6,7, unos 7.274 km/h, una velocidad que sigue siendo la mayor alcanzada por un avión tripulado.

X-15 transportado por un B-52.

El X-15 no era un avión convencional, sino un laboratorio hipersónico con piloto. Volaba durante apenas unos minutos con su motor cohete, subía hasta el borde del espacio y después planeaba de vuelta a tierra. Su récord ayuda a explicar por qué hay que separar el aire del espacio. El X-15 sigue siendo el rey entre los aviones tripulados, pero las cápsulas que regresan desde la Luna juegan en otra liga.

X-15.

La comparación deja una escala clara. En el agua, el ser humano ha superado los 500 km/h. En tierra, ha pasado de los 1.200 km/h. En el aire, ha llegado a más de 7.000 km/h dentro de un avión cohete. En el espacio, durante el regreso desde la Luna, ha rozado los 40.000 km/h.

El récord absoluto, por tanto, no pertenece al vehículo más espectacular ni al piloto que más sensación física tuvo de ir al límite, sino a tres astronautas encerrados en una cápsula cónica que volvía del ensayo general del primer alunizaje que realizaría Apolo 11 dos meses después. El Apolo 10 no pisó la Luna, pero dejó un récord que sigue en pie más de medio siglo después.

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