Científicos observan algo más rápido que la luz

Durante más de un siglo, la velocidad de la luz ha ocupado un lugar casi sagrado en la física, era una constante que ordenaba muchas relaciones entre materia y tiempo. Nada puede viajar más rápido que ella. Ni una nave espacial, ni una señal de radio, ni una partícula cargada de energía. Esa fue una de las conclusiones más famosas de Albert Einstein.

Básicamente esto se debe a que, a medida que un objeto se acelera, su masa relativa aumenta y requiere cada vez más energía. Así, para llegar a la velocidad de la luz, se necesitaría una cantidad infinita de energía, lo cual es físicamente imposible. Esto se debe a la famosa teoría de la relatividad de Einstein que afirma que la energía que usas para mover un objeto se convierte parcialmente en masa. Esto no quiere decir que el objeto aumenta de tamaño o que el número de sus átomos cambia, solo varia su masa relativista, su inercia.

Hasta hoy ninguna observación ha conseguido refutarla. O quizás habría que hablar en pasado: un equipo de científicos, liderados por Ido Kaminer, han observado algo que parece moverse más rápido que la luz. No se trata de una nueva partícula, ni de un fenómeno cuántico exótico. Se trata justo del opuesto: la oscuridad o más precisamente vórtices de vacío.

Los autores del estudio, publicado en Nature, lo explican con una analogía: Para entender cómo la oscuridad adelanta a la luz, imagina un río caudaloso, el agua que fluye representa la onda de luz, pero en el medio del cauce hay un remolino y este se desplaza más rápido que el caudal del río”.

¿Cómo es posible? Einstein estableció que la velocidad de la luz en el vacío es el límite máximo de velocidad, sin embargo, la relatividad aplica esta restricción específicamente a la materia con masa y a las señales que transmiten energía o información. Los vórtices observados por el equipo de Kaminer no tienen masa y no transportan energía ni información, lo que significa que, técnicamente, no violan el principio de Einstein.

Entonces, ¿qué son exactamente estas entidades? El estudio señala que estos vórtices de luz son “puntos cero” o “nulos” dentro de las ondas de luz: lugares donde la amplitud de la onda se reduce a cero. En términos más sencillos, son puntos de oscuridad total incrustados en el campo de luz. Por extraño que suene.

Para observar este fenómeno el equipo de Kaminer construyó un sistema de microscopía único capaz de capturar incluso los fenómenos más rápidos y pequeños. Al integrar un sistema láser con una configuración optomecánica avanzada en un microscopio electrónico especializado, lograron una resolución temporal y espacial sin precedentes.

“Creemos que estas innovadoras técnicas de microscopía permitirán estudiar procesos ocultos en física, química y biología, revelando por primera vez cómo se comporta la naturaleza en sus momentos más rápidos y esquivos”, concluye Kaminer en un comunicado. Este avance no demuestra que Einstein estuviera equivocado sino algo más interesante: más de un siglo después, sus ideas siguen desafiándonos a hacernos nuevas preguntas.

 No es un juego de palabras sino un claro desafío a las conclusiones más reconocidas de Albert Einstein.  

Durante más de un siglo, la velocidad de la luz ha ocupado un lugar casi sagrado en la física, era una constante que ordenaba muchas relaciones entre materia y tiempo. Nada puede viajar más rápido que ella. Ni una nave espacial, ni una señal de radio, ni una partícula cargada de energía. Esa fue una de las conclusiones más famosas de Albert Einstein.

Básicamente esto se debe a que, a medida que un objeto se acelera, su masa relativa aumenta y requiere cada vez más energía. Así, para llegar a la velocidad de la luz, se necesitaría una cantidad infinita de energía, lo cual es físicamente imposible. Esto se debe a la famosa teoría de la relatividad de Einstein que afirma que la energía que usas para mover un objeto se convierte parcialmente en masa. Esto no quiere decir que el objeto aumenta de tamaño o que el número de sus átomos cambia, solo varia su masa relativista, su inercia.

Hasta hoy ninguna observación ha conseguido refutarla. O quizás habría que hablar en pasado: un equipo de científicos, liderados por Ido Kaminer, han observado algo que parece moverse más rápido que la luz. No se trata de una nueva partícula, ni de un fenómeno cuántico exótico. Se trata justo del opuesto: la oscuridad o más precisamente vórtices de vacío.

Los autores del estudio, publicado en Nature, lo explican con una analogía: Para entender cómo la oscuridad adelanta a la luz, imagina un río caudaloso, el agua que fluye representa la onda de luz, pero en el medio del cauce hay un remolino y este se desplaza más rápido que el caudal del río”.

¿Cómo es posible? Einstein estableció que la velocidad de la luz en el vacío es el límite máximo de velocidad, sin embargo, la relatividad aplica esta restricción específicamente a la materia con masa y a las señales que transmiten energía o información. Los vórtices observados por el equipo de Kaminer no tienen masa y no transportan energía ni información, lo que significa que, técnicamente, no violan el principio de Einstein.

Entonces, ¿qué son exactamente estas entidades? El estudio señala que estos vórtices de luz son “puntos cero” o “nulos” dentro de las ondas de luz: lugares donde la amplitud de la onda se reduce a cero. En términos más sencillos, son puntos de oscuridad total incrustados en el campo de luz. Por extraño que suene.

Para observar este fenómeno el equipo de Kaminer construyó un sistema de microscopía único capaz de capturar incluso los fenómenos más rápidos y pequeños. Al integrar un sistema láser con una configuración optomecánica avanzada en un microscopio electrónico especializado, lograron una resolución temporal y espacial sin precedentes.

“Creemos que estas innovadoras técnicas de microscopía permitirán estudiar procesos ocultos en física, química y biología, revelando por primera vez cómo se comporta la naturaleza en sus momentos más rápidos y esquivos”, concluye Kaminer en un comunicado. Este avance no demuestra que Einstein estuviera equivocado sino algo más interesante: más de un siglo después, sus ideas siguen desafiándonos a hacernos nuevas preguntas.

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